Por una República Democrática de Trabajadores de toda clase y Federal

España, la Grecia que viene


Por Gabriel Alcolea

Evangelos Venizelos, ministro de Finanzas griego, al producirse el segundo rescate griego por 100.000 millones de euros (¿les suena este importe?), allá por febrero pasado –hace apenas cuatro meses-, pronunció respecto a la Unión Europea, sin rubor alguno, esta lapidaria, cobarde e ignominiosa frase: «Nadie quiere castigarnos. Quieren transferirnos su modo de pensar y, además, son los que tienen la mayoría y el dinero».

Les supongo enterados del caos, las carencias y la perentoria necesidad por la que están pasando la mayor parte de los habitantes griegos. Para aprobar este nuevo rescate en febrero, a los griegos les han endurecido aún más los recortes.

A modo de resumen, sepan que han vuelto a los niveles salariales de los años cincuenta. El salario mínimo –antes de 741 euros- se ha reducido el 22%, quedando en 586 euros. Para los menores de 25 años esta reducción asciende al 30%. Han abolido las horas extras. Han abolido para este mismo año los convenios colectivos. Han cerrado el Organismo Público de Viviendas Sociales. Han recortado las pensiones. El copago en los medicamentos y la sanidad ya están legalizados hace tiempo, pero, además, han incrementado los porcentajes de pago. Los recortes en salarios, pensiones y empleo público han sido de 3.300 millones de euros. Han condonado 100.000 millones de la deuda pública en manos privadas. Han reducido el 5% de las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social. Para este año serán despedidos 15.000 empleados públicos y, hasta el 2015, deben ser despedidos otros 150.000 funcionarios. Han aumentado el IVA y se han disparado los precios de los alimentos, los medicamentos, la asistencia sanitaria, el agua, la luz, el gas natural, el transporte público, etc.

En fin, un verdadero calvario, sobre todo para las clases trabajadoras y más necesitadas. Mientras tanto, se estima que el capital griego ha evadido más de 300.000 millones de euros –casi el doble de lo prestado por la UE- a otros países europeos o a paraísos fiscales.

Las manifestaciones, huelgas, concentraciones, repulsas generales y hasta suicidios, han poblado las calles… No ha servido para nada.

La Troika, con el consentimiento de todos nosotros, todos los europeos e, incluso, el resto de la humanidad, que asistimos pasivamente a estas cruentas desigualdades sociales, ha consumado lo que nadie creíamos que sería capaz de hacer: ha amenazado al pueblo griego que, en caso de querer abandonar el euro, sería establecido con carácter inminente el famoso corralito y, en el mayor de los crímenes posibles, les hace saber su negativa a que ni tan siquiera puedan abandonar sus islas. ¡¡¡Les condena a la cárcel de su territorio, expulsándoles sin más del Tratado de Schengen!!!

¡Estamos viviendo de nuevo el más puro nazismo –aquel que nadie creía o quería creer de los años cuarenta-, y nadie se subleva a nivel internacional! Nadie hace volar esta aberración endémica. Nadie protesta, nadie lucha de verdad. Estamos inertes ante el más puro fascismo económico, social y político.

Pues bien, ahora le toca a España. Estamos intervenidos hace tiempo. Pero, eso sí, de manera facilona, como lo estuvo Grecia hace dos años. Los recortes no son tan severos como los griegos, pero todo se andará.

Poco a poco, sin prisa, pero sin pausa, la estrategia de la oligarquía financiera, con Merkel como gendarme mayor y el resto como perros policías, nos irán haciendo cada día más imposible el poder respirar. Poco a poco irán consiguiendo sus objetivos: la privatización de todo lo público y el ahogamiento económico de las clases trabajadoras, para sumirlas en la desesperación y la humillante puesta de rodillas de la clase obrera ante los explotadores amiguetes de los políticos de turno. ¡Para que sepan quién manda!

Día a día, las piezas son movidas inexorablemente. Desde el pasado siete de mayo, fecha de la “huida” –consentida o premeditada, lo veremos pronto- de Rato, después de ver como Bankia entraba en la más aparatosa quiebra (al igual que está el 99% de la banca española, no el 30%, como se atreven a predecir los comprados políticos, servidores de los amos del mundo), la prima de riesgo, el diferencial en tipo de interés del bono español a diez años con el alemán, ha ido in crescendo. El día ocho pasó a los 430 puntos y ya no ha bajado de los 445, para situarse en los últimos días –a pesar del rescate anunciado para la banca de 100.000 millones- de manera permanente por encima de los 500 puntos. Técnica y oficialmente, un país con estos tipos de interés ya debería haber sido intervenido. ¿Por qué no lo anuncian? Sencillo: no les hace falta. Se ríen en nuestras propias narices y, lo que es peor, como a los griegos, nos imponen lo que les pasa por el forro de sus… índices económicos.

Apenas nos queda algún minuto para reaccionar. La mayoría está dormida o resignada. Si perdemos esta batalla, habremos perdido nuestra vida, pero también la de nuestros hijos y la de nuestros nietos. Si consentimos doblar la rodilla en esta encrucijada no volveremos a levantarnos si no es con otro tipo de lucha y, por supuesto, con sangre, sudor y lágrimas.

Esperemos que, con las nuestras, hayan de mezclarse también las de los enemigos del pueblo. La lucha es a muerte.

Gabriel Alcolea

Republicanos.

Elche, 13 de junio de 2012.

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