El lenguaje sucio de la corrupción: “putitas de confianza” y otras perlas


Todavía retumba en mi cabeza la onda expansiva de esa expresión miserable que conocimos como parte del sumario del caso Púnica: “putitas de confianza”. La suciedad de la corrupción contagia al lenguaje, es un modo de evidenciar, por si hubiera alguna duda, la talla intelectual y moral de los protagonistas; la falta de respeto y consideración por los demás de la que hacen gala aquellos que se llevan la pasta pública con un par de narices y sin un ápice de vergüenza. Jetas literatos de ayer y de hoy. Muy fan.

Ya habíamos flipado lo nuestro cuando trascendió la mítica frase “volquete de putas” grabada durante una reunión de espías en el chalet de Paco, Paco, Paco que mi Paco Granados.

“A mí me dijo Halffter: ‘Habéis declarado muy bien, hay que celebrarlo con un volquete de putas’”.
Esta frase se la adjudican a Paulo Coelho y se corta las venas con la cubierta del Alquimista.

La bella oración que publicó El Mundo, la pronunció, presuntamente, el miembro de la Guardia civil José Oreja. Aludió al viceconsejero de Presidencia, Alejandro Halffter, presuntamente satisfecho con una comparecencia de los agentes ante el juez, en la que estos no completaron el rosco cuando les preguntaron por el espionaje.

– “Empieza por “E”: tarea de vigilar a miembros del Partido Popular ataviado con gafas, nariz y bigote de broma y gabardina”.

– Eeeeeeee. Pasapalabra.

Total, que se merecían como detalle por los servicios prestados un “volquete de putas”.

Mira que yo soy de currármelo con los regalos, me como el coco hasta la extenuación y paso noches en vela tratando de encontrar algo original que pueda sorprender y satisfacer al homenajeado, pero en siete vidas que viviera, jamás se me pasaría por la cabeza buscar en Wallapop un volquete de esos.Llámenme rara.

Ahora nos vamos pasando de mano en mano, en los medios, en las redes sociales, en las conversaciones indignadas, la nueva y cutre expresión “putitas de confianza”, como una patata caliente. Hasta el hecho de teclear esa famosa frase con diminutivo de un mal gusto superlativo te hace sentirte contaminado.

Esta semana me tocó decir en alto esas tres palabras que podrían parecer un eslogan de supermercado, mientras mi compañero de tardes de radio en Julia en la Onda, Juan Gómez-Jurado, hacía lo propio con el “volquete”. Al salir del estudio, Juan me comentó: «¿No te has sentido mal al decirlo?». Y tenía razón. Incomoda oír en tu propia voz algo tan rastrero. Por muchas comillas que les pongas, cuesta fabricar humor con según qué expresiones. Son tan miserables que todo lo barnizan con una pátina de indignidad.Que da mucho asco, vamos, traduciendo al castizo.

En general, el lenguaje de la corrupción está lleno de mugre aunque, a veces, los corruptos son más finos y recurren a ciertos eufemismos, no tanto por elegancia, creo yo, sino con el fin de esconder sus fechorías. No ser explícitos les ayuda a evitar que les pillen con el carrito del helao y, de paso, a no dejar en evidencia a un sistema que tolera estos hábitos.

Leía hace unos años un reportaje en BBC Mundo sobre el lenguaje de la corrupción. Hoy recupero algunos de estos eufemismos que varían en función del país.

Por ejemplo, las clásicas “mordidas” mejicanas de los funcionarios corruptos no se bautizan del mismo modo en otras naciones. En el norte de África un policía corrupto puede pedirte dinero para que le invites a un “Kahwe”, un café; en Kenia te pediría que contribuyas para pagar un “té destinado a los ancianos” “Chai ya wazee”; y en Turquía sería dinero para la sopita “chorba parasitemia”. Todo muy calentito e inocente.

Hoy, revisando este reportaje, leía que a menudo los eufemismos sobre la corrupción buscan minimizar su importancia, la expresión swahili “kitu kidogo”, algo pequeño, es un ejemplo. Y he recordado que escuchamos algo muy parecido la semana pasada durante la comparecencia del exmilitante socialista Manuel Chaves ante la comisión que investiga el fraude de la formación en Andalucía: “Si hubo fraude, fue muy pequeño”. Para hacerlo más exótico, Chaves podría haber dicho “si hubo fraude, fue kitu kidogo”. Le habría quedado ideal.

También esta semana salía a la luz el video de la boda de Álvaro Pérez, El bigotes de la Gürtel. En un momento de su discurso, en un modo muy Lina Morgan –agradecido y emocionado–, Pérez decía de Camps:

“Es cojonudo como persona y como amigo,
no falla jamás, y eso es la hostia”.

Es otro de los elementos comunes en las tramas de corrupción, la exaltación de la amistad llena de tacos. Todos se quieren, se aman, se llaman “bombón” los unos a los otros, pero un día se rompe la amistad de tanto usarla y aquello de ♪“Como una ola tu amor llegó a mi vida”♪ se transforma en ♪“Es un gran necio, un estúpido engreído, egoísta y caprichoso…”♪.

Por ejemplo, el que decía en su boda que Camps era un amigo cojonudo,unos meses después afirmaba en Un tiempo nuevo de Telecinco lo siguiente:

“Camps es honrado pero ha sido un cobarde
y como amigo, un mierda”.

La corrupción, término que proviene del latín corruptio corruptionis –acción y efecto de destruir o alterar por putrefacción, también acción de dañar o pervertir a alguien–, es sucia en sí misma. No puede extrañarnos, por tanto, que quienes la practican con devoción manejen expresiones tan churretosas como su presunto cerebro.

Hay que lavar el sistema con agua y jabón y, de paso, las lenguas de sus protagonistas. Está haciendo falta un volquete de detergente, su jaboncito de confianza.

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