Sobre el taxi, por Jaime Hidalgo


No se puede viajar en el tiempo ni impedir el progreso de las formas productivas y, es más que evidente, nada es eterno ni inmutable.

Los taxistas bloquean el paseo de la Castellana en Madrid durante la huelga

Quienes hoy denuncian  una  competencia desleal son los que se han favorecido, durante años, de no tener ninguna competencia. Siendo el taxi un servicio público está  en manos privadas, lo que ha conllevado  el sistema de licencias, originando un mercado sometido a una especulación idéntica a la burbuja inmobiliaria. Llegando a venderse las licencias por 300.000 €, dando lugar a una estafa con la liberación del 2009. Lo propio es que las licencias se hubieran concedido a un precio fijo y que, con la jubilación de los titulares, volviera a una nueva adjudicación.

Por el contrario, el efecto producido por el precio de las licencias llevó a que los taxistas incrementaran las jornadas  para poder hacer frente al cumplimiento de los créditos que se vieron obligados a contraer. Lo que, a la vez, obligó a los ayuntamientos a que elevaran las tarifas, teniendo el efecto contrario: reducción del uso del taxi y más horas para el taxista, para equilibrar la balanza de ingresos.

En tanto, la competencia, que es la que regula los precios del mercado, hace acto de presencia  dando un servicio más completo. Claro está, que estos servicios pueden ofrecerlos gracias a la explotación laboral a la que se ven sometidos los  contratados por esas empresas, igual que el gremio del taxi. La aparición de dicha competencia es consecuencia de que el sector produce beneficios y, por lo tanto, las empresas más fuertes tratan de eliminar a las más débiles; es decir: autoempleados y asalariados. Para alcanzar esos objetivos utilizan al asalariado para enfrentarse y defender los intereses de la patronal en la calle.

En definitiva los asalariados y auto empleados seguirán en las mismas condiciones; es decir: trabajando 16 horas diarias en el mejor de los casos. De lo que se desprende que todos los asalariados, DE UNA EMPRESA Y DE OTRA, tienen que unirse para combatir al sector empresarial del gremio. Como siempre, son los intereses de clase los que hay que defender frente al enemigo del proletariado: los propietarios de los medios de producción.

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