El honor en un grano de arena, por Antonio Maira


Los que apoyan el escrito a favor del dictador genocida son los que han hecho de las Fuerzas Armadas su jardín particular desde el 36″.

“El general Franco no merece respeto ni desagravio alguno, sino nuestra repulsa más absoluta por haber encabezado un golpe de estado sangriento y genocida contra la legal y legítima II República Española, la feroz guerra civil posterior, y una dictadura opresiva e inclemente durante casi cuarenta años”

Según informa el periódico digital eldiario.es Defensa ha abierto un expediente disciplinario y ha acusado por falta grave al cabo profesional en activo Marco Antonio Santos.

Santos no es un “tapado”, tal como ocurre con los generales y coroneles que la edad ha arrojado y va arrojando al heroico archivo público de los centenares (algunas fuentes hablan de 600), militares de alta graduación que han reivindicado y hecho la apología la figura militar y política de Francisco Franco, genocida reconocido. Da la cara en nombre de las clases populares.

El cabo profesional es un hombre de honor. El suyo condensa el de los millones de españoles ejecutados, encarcelados, exiliados y torturados por un general al que los militares que le ensalzan tachan de militar y político ejemplar. Condensa además el honor y la gloria de los militares y civiles que fueron ejecutados en los campos de concentración nazis, a donde les llevó el dedo acusador de ese “Caudillo por la Gracia de Dios”, de estremecedor recuerdo.

El honor del cabo profesional Marcos Antonio Santos es, frente los centenares de militares franquistas, y frente a los que se atreven a someterlo a un procedimiento semijudicial que recuerda a los juicios sumarísimos del franquismo (¡que importan los formalismos de “expediente disciplinario”! y de “falta grave” en un caso como este, tan dramático y valiente, como el enfrentamiento de un militar profesional con la cúpula fascista de las Fuerzas Armadas).

¿Qué haría el admirado por esos centenares de apologistas del “Generalísimo Franco”, si se aplicase ahora a Marcos Antonio Santos, cabo profesional del Ejército de Tierra, las leyes o los “tribunales sumarísimos”? ¿Le fusilarían? ¿Cuál Ley de represión o pronunciamiento les serviría para hacerlo?

Marcos Antonio Santos es, sin duda alguna, un granito de arena de ese inmenso pueblo español, aterrorizado por una declaración militar de altos mandos, que no tiene otro objetivo que servir de instrumento disuasorio contra ese pueblo que observa con terror la proclama de espadones, y el terror y la irresponsabilidad de los partidos políticos que se dicen “democráticos”, especialmente los que se proclaman “de izquierda”.

Marcos concentra un grito de resistencia y una desesperada, pero serena, llamada a los militares que deberían tener un honor tan grande como el suyo.

Santos, según testifica él mismo, es, dentro de los cuarteles, un “rojillo de mierda”, sistemáticamente perseguido, insultado pero no doblado por sus superiores. ¿Qué lugar ocupa en esta barbarie, la Constitución, y las Leyes?

¿Cuándo va defensa a expulsar inmediatamente a esos centenares de militares de alta graduación que están apoyando al fascismo interno y externo a las fuerzas armadas?

¿No hay acaso en las normas constitucionales, en las Leyes y en los acuerdos y convenios internacionales que prohíban expresamente el delito de coacción al pueblo y las declaraciones de apoyo al franquismo-nazismo-fascismo que supone esta declaración?

Todo parece señalar, que el Gobierno ha colocado una cortina de humo para bloquear su obligación ineludible de procesar penalmente a los firmantes de una declaración, que proclama la apología de Franco, general y dictador ejemplar, según la propia declaración dice.

Ejemplar asesino y genocida, que apoyó y entregó la soberanía a la Alemania nazi y a la Italia fascista según todas las evidencias históricas. Esa declaración –lo sabe perfectamente el gobierno-, desdeña y humilla al pueblo español, no solo a las víctimas del franquismo. Lo amenaza.

¿Qué importa pues que los militares implicados estén en situación de retiro o en actividad? ¿Acaso aceptará el Gobierno y los partidos que forman parte del Parlamento, esa línea de impunidad que han marcado los propios franquistas?

¿Ignora el propio Gobierno que esa hidra crece día a día a medida que nuevos coroneles o generales y almirantes se incorporan a la situación de impunidad? ¿A medida que incorporan a la declaración a los nuevos lobos, que han crecido bajo su mando y sus enseñanzas?

¿Qué lugar ocupa en esa amenaza al pueblo, el propio Rey, heredero de uno de los productos más acabados de Franco, que hizo realidad lo de “quedó todo atado, y bien atado, y que, además, es responsable como Jefe supremo de las Fuerzas Armadas”?.

¿Cuál ha sido la responsabilidad de los partidos que han “transicionado” del franquismo al franquismo en un desleal negocio que se ha realizado a espaldas o mediante engaño del pueblo?

¿Acaso comete falta alguna el honorable cabo profesional Marcos Antonio Santos por “emitir expresiones contrarias hacia la Constitución, la corona franquista y los demás órganos colaboradores del estado”?

Acaso no saben los miembros del gobierno que aceptan el castigo de un militar honorable, entregan su cabeza, lo intentan humillan a él y a su familia, por el solo hecho de abrirle “expediente disciplinario por falta grave”; con penas que pueden ir desde una multa económica (a la familia de un trabajador especializado que cumple su tarea dentro de las FAR), un arresto de quince a treinta días o un gravísimo “cambio de destino”. Alguien ha pensado en el sufrimiento de la familia de un militar ejemplar, como es el caso del cabo Marco Antonio Santos.

¿Qué pasa aquí, se va a convertir en precedente general, y en anotación y precedente judicial personal para una posible expulsión de las Fuerzas Armadas, un caso indiscutible de honorabilidad ejemplar?

¿Es posible que, con excepciones, no haya surgido un clamor en los medios de comunicación y en las organizaciones sociales que denuncien este hecho y hagan absolutamente imposible su repetición?

¿No es evidente que los partidos realmente democráticos tienen que reclamar una depuración profunda e inmediata de las Fuerzas Armadas, empezando por el Rey y el hecho mismo de la existencia de una monarquía fuente de corrupción y ejemplar en la generalización de la corrupción generalizada?

¿Cuál es y, sobre todo, como se rompe la “neutralidad política” en la firma de un Manifiesto en el que “se hacen peticiones, reclamaciones, quejas o manifestaciones contrarias a la disciplina, así como formularlas con carácter colectivo”, cuando esas declaraciones consisten en la denuncia de un fascismo arraigado en las Fuerzas Armadas?

Como en Suecia, en muchos países de Europa, o en la misma Dinamarca “algo empieza a oler a podrido”.

Amigo Marco Antonio, pongo mi grano de arena al lado del tuyo y declaro estar en activo en la lucha contra el franquismo.

*Antonio Maira es Capitán de Fragata de la Armada (r)

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