El Vox de la izquierda (y el regreso de los viejos partidos), por Esteban Hernández


El nacimiento de una asociación de izquierda soberanista, liderada por Anguita y Monereo, refleja el momento crucial que están viviendo las fuerzas políticas nacionales

Manolo Monereo y Errejón, hace un año. (EFE)

Podemos está caminando hacia su ruptura, y cada vez a mayor velocidad. El partido se construyó mediante la suma de fuerzas políticas con proyectos diferentes, a las que cohesionaba un pegamento atractivo, la promesa del éxito. Pero una vez que esa esperanza se ha desvanecido, que los resultados en las encuestas son negativos y que mucha gente en la formación morada cree que serán todavía peores dentro de un tiempo, las tensiones están provocando explosiones continuas: muchos de sus integrantes piensan que la marca Podemos les resta mucho más de lo que les aporta.

Además de la fuga de líderes, a Iglesias le han brotado un par de problemas recientes más. Madrid es uno de ellos, con la decisión de la alcaldesa de volver a presentarse, pero con sus condiciones, y con la sensación muy extendida entre los morados de que Carmena y Errejón tienen una hoja de ruta diseñada junto con los socialistas para intentar gobernar Madrid. En definitiva, que ambos están haciendo lo mismo que Colau en Barcelona, separarse de la marca, sabedores de que su liderazgo tiene bastante más peso que las siglas.

“Orden y protección”

El otro frente abierto está auspiciado por uno de los padres intelectuales de Podemos y una persona muy cercana a Iglesias, como es Manolo Monereo. Junto con Anguita, está poniendo en marcha una asociación por la república, que bajo ese paraguas albergará una corriente similar a la de En Pie, el movimiento alemán que pretende ofrecer una propuesta soberanista, crítica con la UE y favorable a recoger algunas propuestas del dextropopulismo y de la extrema derecha, en particular respecto de los inmigrantes y de la protección de los puestos de trabajo nacionales. El objetivo de la nueva asociación, según sus promotores, es conectar con amplias capas de la población que “están demandando seguridad, orden y protección”.

Hemos pasado del “hay que montar un Podemos de derechas” a, como dicen sus compañeros y rivales, poner en marcha un Vox de izquierdas. No es extraño que estas opciones soberanistas se presenten en sociedad en España. De hecho, estaban tardando mucho. Ahora que en Europa el eje político ha girado desde el tradicional izquierda/derecha hacia el que separa globalismo y nacionalismo, resulta lógico que se recoja en esa bandera en un escenario como el español, donde el consenso respecto de la UE y el mundo global es absoluto. Solo Vox se atreve, y muy tímidamente, a cuestionar ese marco. Y en un momento de cambio en la izquierda, es lógico que aparezca una corriente que cuestione la mirada globalista y culturalista que domina en ella.

El movimiento es significativo, no solo por lo simbólico, sino porque viene a ocupar una parte del espectro social que se sentía húerfana. Hay opciones que cuentan con un liderazgo sólido, como ocurre con Carmena o Errejón, pero cuyo contenido político está muy cerca del PSOE. IU ha apostado últimamente por dirigirse a los jóvenes y a las mujeres feministas, en la creencia de que son la fuerza del futuro. Para los anticapitalistas, la capa social prioritaria es el subproletariado, en especial el racializado, ya que los inmigrantes son el gran nicho de voto. Frente a estas opciones, la apuesta de Anguita y Monereo supone una vuelta a lo material, a partir de la defensa del trabajo y de otorgar la prioridad a los perdedores de la globalización, pero desde una perspectiva que tiene también mucho de regreso a viejas posturas políticas. Cada opción pone el énfasis en un espacio diferente, y busca simpatizantes distintos dentro del mercado político.

Se acabó el 15-M

La aparición de esta nueva tendencia en la izquierda es importante también porque subraya hasta qué punto todo el mundo está pensando en el futuro, en qué hacer cuando Podemos se venga abajo: están todos esperando a las próximas elecciones para dar el paso. En ese escenario, es normal que el regreso a lo material tenga presencia, ya que ha sido el asunto que la izquierda ha reprimido desde hace bastante tiempo, y porque supone un arma contra los líderes actuales. En el fondo, esta vuelta a lo material tiene una lectura que podría traducirse así: “Venga, chicos, se acabó la diversión. Estuvo muy bien lo del 15-M, lo de las identidades, las minorías y lo de queremos votarlo todo, pero ahora toca volver a clase. Nos dijisteis que erais lo nuevo, que teníais la fórmula y que íbamos a asaltar los cielos. Y no. De modo que vuestro tiempo ha acabado y ahora toca volver a la realidad”.

La pregunta en este frente abierto es quién será el ganador, es decir, qué facción será la principal y qué recorrido tendrá. En principio, esta división conduce hacia un vacío grande en la izquierda. Lo normal es que, se imponga quien se imponga, su presencia social sea mucho más reducida. Por decirlo con otras palabras, el ganador real de esta pelea será el PSOE, que aspira a llevarse un millón y medio de votos de Podemos y probablemente lo consiga. El partido de Iglesias tuvo contra las cuerdas a los socialistas, pero careció de la inteligencia política necesaria para darles la puntilla, y ahora está demasiado débil para resistir el contraataque. A Ciudadanos le ocurre algo similar, ya que gozó de una buena situación para elevarse por encima del PP, pero el cambio de Gobierno le ha dejado encerrado en una pinza, y tiene que optar por competir con el PP por los votos de la derecha o por pelear con el PSOE por los votos del centro izquierda. España parece una excepción permanente: mientras en Europa cambia el eje político y aparecen nuevas formaciones, en España están volviendo los viejos partidos.

La gran ventaja de IU

Tanto los populares como los socialistas tienen algo que les falta a los demás: estructura, organización y desarrollo local. De modo que cuando las cosas han venido mal dadas y los focos de las televisiones apuntaban hacia otros, ellos se han refugiado en su núcleo, y desde ahí han emprendido sus reconquistas. Esta lección también puede aplicarse a la izquierda, porque quien goza de esa ventaja es IU, y su despliegue por el territorio puede ser esencial a la hora de ganar la batalla de la izquierda.

La otra posibilidad es que alguien dé un golpe de mano en lugar de quedarse a contemplar los acontecimientos. En general, y más en estos tiempos, quien tiene más arrojo cuenta con más probabilidades de triunfar. Si una corriente de esos entornos es la primera en dar un golpe en la mesa, sale de Podemos, ofrece una propuesta distinta y un líder sólido, es mucho más probable que se quede con todo lo que hay sobre el tapete. Pero eso implica ideas y personas nuevas. Y unas y otras no se ven por el horizonte.

El confidencial

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