La verdad siempre sale a la luz, en memoria de Elena y Edu, por Luis Gonzalo Segura*


El pasado sábado 15 de septiembre Elena se arrojaba desde el Puente de la Lata, en Dúrcal (Granada), tras avisar previamente al 112. No quería generar molestias ni sufrimientos innecesarios a su familia más allá de los que sabía que su propia marcha supondría. Ella solo quería volver con Edu. Lo hizo.

Edu lo era todo para ella y era nadie para casi todo el mundo. Solo fue un soldado y eso puede ser mucho en otros países, pero no aquí. Edu fue atropellado por un BMR el pasado mes de mayo en dos semanas negras que deberían haber supuesto un terremoto político en España y el ministerio de Defensa, pero que pasaron desapercibidos a nivel mediático. Solo murieron cuatro militares en quince días. Nada.

El pasado mes de noviembre de 2017 publiqué el primer ensayo crítico (de las Fuerzas Armadas) que documenta todo tipo de disparates, corruptelas o abusos y uno de los capítulos más importantes lo constituía las negligencias mortales. Auténticas carnicerías silenciadas por el bien de la Patria. Ahí estaban la muerte de nueve de los últimos diez militares expertos en explosivos por minas de mal estado y no por explosivos del enemigo. Dantesco. Los siete militares fallecidos en dos accidentes de helicópteros del Servicio Aéreo de Rescate. Abominable.

Entre todos esos episodios que se han llevado innecesariamente la vida de más de cien militares se encontraban los vehículos mortales. Y no era la primera denuncia al respecto, pues existe una ristra de denuncias al respecto (valga esta del año 2008 como ejemplo). Son pues, primero el BMR y segundo el Lince, vehículos que han segado más de cuarenta vidas en sus años de servicio a la vez que han generado cuantiosos beneficios a mandos militares en forma de puestos en empresas privadas. Un ejemplo de ello es Carlos Villar Turrau, ex Jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra, que fichó en el año 2009 precisamente por la misma empresa que se encarga del mantenimiento de los BMR. De los BMR que arrollaron a Edu.

El mencionado ensayo habría generado enorme escándalo en cualquier país desarrollado y democrático, pero ese no es el caso de España. Los grandes medios callaron, bastante tenían con comer con Villarejo o el ‘Pequeño Nicolás’. Pero la advertencia estaba ahí, escrita, por primera vez apuntando contra el ministerio de Defensa y la cúpula militar. Y en mayo llegó el desastre. El 15 de mayo fallecía Edu aplastado por un BMR con evidentes problemas de visibilidad y una altísima tasa de siniestralidad. Tres días después, el 18 de mayo, Antonio Carrero fallecía en Malí en un Lince.

En ese punto, absolutamente desesperado, acusaba el 25 de mayo de homicidio por negligencia a la entonces ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, y a la cúpula militar. Porque lo son. Y hoy lo reitero más que nunca. A casi todo el mundo le importó un carajo el asunto.

Y en ese dolor me escribió Elena. No es fácil para mí responder a todas las personas que intentan contactarme, de hecho es una de las grandes cargas y pesares que arrastro. No poder ayudar a tantas personas que sufren auténticos dramas, porque hay un ingente cementerio de dramas en Defensa. Pero esta vez hubo suerte.

Desde entonces, Elena y yo hablamos y nos escribimos muchas me veces. Nos desesperamos juntos al comprobar que la investigación no avanzaba y que, como de costumbre, todo olía a un chusquero cierre. Aquello quedaría en nada. Sin responsables. Sin responsabilidad. Me comentó que era socialista de toda la vida, socialista de corazón, del partido (PSOE), y que intentaría contactar con personalidades de su propio partido para que la ayudaran a que se investigara concienzudamente. Para que de verdad esta vez hubiera justicia.

Llegaron dos muertos más. El 1 de junio fallecieron en Lanzarote el cabo José Luis León Socorro y el soldado Eynar Esau Mina Lozano. Otros dos militares fallecidos en otro siniestro BMR. Desesperante.

Ya sin esperanza comenzó a escribir un libro. Aquello parecía una buena idea. Podría funcionar, podría ser una forma de conseguir justicia a la vez que de alguna forma se curaba la herida. Reconstruía su vida.

En esas fechas llegó el PSOE al Gobierno y Margarita Robles al Ministerio de Defensa. Había esperanza. Hablamos de ello, ambos esperábamos mucho. Quizá ilusos, pero lo hicimos. Sin embargo, tampoco fue ella, no fue Margarita Robles la que hizo por investigar lo sucedido. Difícilmente en alguien que sostiene a una cúpula militar cuyo JEMA, Javier Salto, está acusado de silenciar a un superviviente de un accidente de helicóptero que después falleció en otro. Espero que rectifique algún día lo uno, lo otro y todo lo demás que tiene pendiente. Aún está a tiempo.

A mediados de julio llegó le mazazo: el Juzgado Militar de Melilla no encontraba culpable alguno del accidente. Si acaso, Edu, claro está.

Elena continuó sin descanso su libro. Su madre, Encarni, me contaba que estaba deseando que se acabara, que Elena saliera de aquel agujero, que comenzara a escribir su propio futuro. Un futuro que también fue arrollado por las ruedas de un BMR y se encontraba, sin que muchos lo supiéramos, consumiéndose a la vez que terminaba el libro.

El jueves 13 de septiembre Elena por fin lo terminó y al día siguiente salió. Y quedó. Sus padres al fin respiraban. Por fin su Elena comenzaba a vivir. El libro había funcionado, la terapia literaria la había curado. Nada más lejos de la realidad.

Elena había cumplido su misión y ahora quería volver con Edu. Con su Edu. Con ese que fue arrollado por un BMR. El mismo al que la cúpula militar pretendía, como ya es tradición, imputarle su propia muerte. Porque el BMR que tantos beneficios genera y ha generado a las empresas españolas, incluida la de Carlos Villar Turrau, nada tiene que ver con el asunto.

Yo seguía en paralelo investigando, o intentándolo, para conseguir que el Lince fuera modificado y el BMR ‘jubilado’ y que el RG-31, el vehículo más seguro existente a día de hoy, fuera el utilizado por nuestras Fuerzas Armadas.

Recibí respuesta del Portal de Transparencia con fecha 31 de agosto de 2018, un portal que desde luego no lo pone nada fácil y no siempre responde o lo hace de aquella manera. En la misma se detallaba el número de muertos y heridos en los mencionados vehículos militares: el BMR ha causado desde 2009 un total de 5 fallecidos, 7 heridos graves y 27 heridos leves; el Lince desde 2010 ha provocado 4 fallecidos, 12 heridos graves y 27 heridos leves; y el RG-31 un total de 26 heridos sin fallecidos. Salta a la vista, pues, que el RG-31 es más seguro que el Lince o el BMR, pero los negocios son los negocios, las comisiones son las comisiones y las puertas giratorias son las puertas giratorias.

Y hoy, la cúpula militar y el Ministerio de Defensa, después de tanto discurso y tanta Patria ni se inmuta, aunque desde el año 2009 hayan fallecido nueve militares en BMR y Lince y desde que ambos comenzaran su servicio más de 40. ¿Qué son 40 compañeros muertos?

Por ellos, por todos ellos, clamábamos al cielo una y otra vez Elena y yo. Y el sábado 15 de septiembre, un poco antes de las 14:00 horas, yo estaba de regreso de un viaje, nos volvimos a escribir. Me mando el libro terminado, me prometió que nos veríamos cuando viniera a Madrid y que seguiríamos luchando. La conversación, como muchas veces hacíamos, la dejamos a medias. Ya la continuaríamos. “No pasa nada, la verdad siempre sale a la luz” me escribió por última vez. Ojalá, le respondí.

Poco después se arrojó por un puente para volver con Edu, con su Edu.

Ojalá, Elena, ojalá.

Pd: Tres días después me llamó Encarni y no paramos de llorar, como hace pocos minutos también con su padre. De hecho, todavía sigo llorando al recordarla, al recordarlo mientras escribo esto. Me duele por Elena, por sus padres, por su familia y por su seres queridos. Se me parte todo por dentro. Elena había dejado una carta para mí, me dijo Encarni. Una carta que no sé cuándo encontraré el valor de leer porque todavía me duele el alma por no haberlo sabido ver, por no haberlo podido evitar, por no haberme despedido de ella. Ese remordimiento me acompañará para siempre. Y no es la primera que vivo una situación así… Todo esto es aterrador. Es injusto. Es desesperante… No me explico cómo puede estar tan corrompido este país para haber dejado morir a Edu y a Elena.

*Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra y autor de ‘El libro negro del Ejército español’.

Público

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