Pedro Sánchez “se abre de patas” ante los grandes consorcios de Wall Street


Wall Street lo puso en posición de “firmes” la pasada semana en una “reunión cerrada” celebrada en Nueva York. Con la expresión “se abrió de patas Pedro Sánchez ante Wall Street” definió un periodista latinoamericano en una crónica para su periódico, la actitud adoptada por el jefe del ejecutivo español en una reunión celebrada el pasado martes, 24, en Wall Street con significativos representantes de los intereses económicos norteamericanos en España.

Con una tosca, pero expresiva frase definió el pasado fin de semana un periodista latinoamericano la actitud mantenida por el  jefe del Gobierno español  en una reunión celebrada en Nueva York,  con 20 altos ejecutivos de otras tantas empresas de Wall Street“¡Sánchez se abrió de patas!”-  expresó gráficamente, en una crónica enviada desde esa ciudad estadounidense  a su periódico.

Sea o no cierta la afirmación de que esa fue la postura física que Pedro Sánchez adoptó en la reunión citada, de lo que no parece haber dudas, según las filtraciones periodísticas que se colaron  a los medios, es que el talante del presidente ante sus poderosos parroquianos no distó mucho de esa abracadabrante pirueta anatómica.

En efecto, en  la reunión celebrada el martes 24, en Nueva York, con una variada representación de lo más granado de los intereses multinacionales, Sánchez les aseguró, por ejemplo, que no se produciría ningún cambio esencial en las reformas laborales iniciadas por el propio PSOE en la primera década del presente milenio, durante los gobiernos de Rodríguez Zapatero, y luego rematadas y endurecidas por los gobiernos ultraconservadores de Mariano Rajoy.

Según las citadas filtraciones que han  reproducido muchos medios de comunicación, Sánchez mantuvo en el transcurso de la reunión un perfil de marcada moderación socialdemócrata, así como una actitud muy “pro business”, es decir,  una abierta predisposición a facilitar la realización de negocios fáciles en España por parte del capital estadounidense.  Según parece, el presidente interino Sánchez aseguró que su gobierno  está decidido a no tomar ninguna medida que pueda provocar la huida de las inversiones norteamericanas en España.  Si tal afirmación resultara ser cierta, ello significaría que las reformas sociales anunciadas  con mucho bombo y platillo no pasarían de ser papel mojado.

Aunque ninguno de los presentes en conclave con los empresarios estadounidenses  osó preguntar al presidente por los 370 puntos de reformas que había ofrecido a sus potenciales coaligados podemitas, Sánchez se preocupó en dejar muy claro a sus contertulios  a través de sus libérrimas ofertas, que el espíritu “reformista”  que había anunciado sólo era una suerte de   toma y daca  propio de las negociaciones para la constitución de lo que entonces denominaban “un gobierno progresista”.

No obstante, uno de sus interlocutores, Kenneth Caplan, un multimillonario muy pragmático y sin pelos en la lengua, que representa los intereses del Fondo  Inmobiliario mundial Blackstone,  quiso poner los puntos sobre las íes en la reunión, procediendo a interpelar al presidente español con la cuestión de si los intereses de su compañía en España  podrían contar con la garantía de la “seguridad jurídica”, quejándose  de la aplicación de lo que llamó la “sobrerregulación discriminatoria” a la que están siendo sometidos  los intereses inmobiliarios en España. Sánchez se apresuró a garantizarle  al magnate estadounidense que los intereses inmobiliarios foráneos  gozarían de plena «seguridad jurídica» con su gobierno, ya que ello también formará parte de su política económica.

Pero Pedro Sánchez fue mucho más allá en sus promesas de blindaje de las inversiones extranjeras en España, justificando  así  la expresiva alusión del periodista latinoamericano en el sentido de que  el presidente español se “había abierto de patas”. Para hacer más verosímiles sus promesas  garantistas ante los inversionistas yanquis, el político español quiso desmarcarse , incluso, del rigor de las medidas puestas en marcha por Gobierno del PP en contra de las empresas de energías renovables,  que han denunciado a España ante la Corte de Arbitraje internacional por la aplicación de una normativa que tenía  carácter retroactivo. Sánchez prometió solícito a los 24 ejecutivos presentes que su gobierno intentará concertar acuerdos amigables con esas empresas de energías renovables afectadas.

Al ser cuestionado por uno de los asistentes sobre  si su Ejecutivo elevaría o no las cargas fiscales a las empresas, el presidente español enfatizó que de ninguna manera la política económica  de su gobierno   pretendería ahuyentar a la inversión extranjera con medidas fiscales. Y aunque  hizo patente ante la concurrencia su deseo de aplicar una política social inclusiva,  insistió en que de ocupar  la jefatura del próximo Ejecutivo gubernamental, el PSOE aplicaría una política de “fiscalidad  amistosa” hacia las empresas y las inversiones foráneas.

En la nómina de los asistentes se encontraban personajes tales como Raymond J. McGuire, jefe de la Banca de inversión, Joshua Empson del  conocido fondo Providence, y Alex Soros, hijo del magnate George Soros, que según las filtraciones periodísticas no dejó de tomar notas de las aseveraciones que realizaba el presidente interino español. En esta importante reunión se encontraban igualmente presentes Mathew Kabaker y Alberto Sánchez, del fondo Centerbridge, entidad esta que posee fuertes intereses en el sector energético español.

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