El fascismo vuelve a invadir el Ateneo de Madrid


La dimisión de la junta directiva está obligada por coherencia con la dignidad del lugar y por los que “visten” las paredes del Ateneo, lugar de libertad y democracia

Las tropas fascistas entraron en Madrid el 28 de marzo de 1939 y una de las primeras cosas que hicieron fue cerrar el Ateneo, el centro de la sabiduría, la intelectualidad y el liberalismo, para instalar allí la Delegación Provincial de Educación de Falange Española.

Con la caída del franquismo el Ateneo volvió a convertirse en la cuna del conocimiento, un lugar donde se siguen haciendo tertulias donde la ciencia, el arte, la literatura, la poesía y el alto debate político volvieron a tomar sus paredes.

Sin embargo, el pasado día 27 de octubre los fascistas volvieron a invadir el Ateneo y llenaron sus paredes con las notas del Cara al Sol, de discursos de ensalzamiento de la dictadura franquista, de palabras en las que se atacó al sistema democrático e, incluso, algún orador pidió la derogación de la Constitución por ser «inútil y antiespañola».

También se habló de Franco, como no podía ser de otro modo, y definieron al dictador genocida como «caudillo militar» o «el mayor estadista». Evidentemente, los fascistas cargaron contra la izquierda rencorosa porque perdieron la guerra para, a continuación, exaltar a personajes que «cogieron el fusil para defender la unidad de España».

Nadie en su sano juicio esperaría que una escena así se repitiera en el Ateneo pero los tiempos cambian y la directiva permitió, previo pago de alquiler, que el fascismo volviera a invadir un lugar casi sagrado para el conocimiento, la libertad y la fraternidad como es el Ateneo. El actual presidente, el arquitecto Juan Armindo Hernández Montero, se presentó a las últimas elecciones con el lema «Nuevos aires para el Ateneo». Desde luego, ha cumplido su promesa. No obstante, esos nuevos aires no son los que necesita el Ateneo, y, por ello, el presidente y su directiva tienen la obligación moral y ética de presentar su dimisión.

Las cuentas del Ateneo pueden estar mal pero eso no justifica que se permitan, ni con un alquiler, actos que exaltan exactamente lo contrario a lo que representa esta institución. Hay muchas formas de conseguir más ingresos de los que perciben de las subvenciones del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid (350.000 euros) que perder la esencia, el espíritu y la dignidad.

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