“Frente al fascismo, la monarquía y su constitución, III República”, comunicado de Espacio Republicano de Madrid


Hemos asistido el pasado día 10N a las cuartas elecciones generales en cuatro años que refleja la grave crisis sistémica (institucional, económica, política y social) que atraviesa la monarquía heredera del franquismo y en un clima de constantes ataques y recortes a nuestro pueblo, a los derechos y libertades de las clases populares por parte de los poderes públicos que debieran defenderlos.


Los resultados así lo reflejan, la mayoría de los analistas coinciden en señalar que no cabe esperar un Gobierno estable por lo que nada queda resuelto y no es descartable una próxima convocatoria electoral. Tras las elecciones las posibles alianzas -sean las que sean- para la gobernabilidad del país, deben resolver los graves problemas que la clase obrera y popular tiene y no agravarlos aun más acentuando la desigualdad, la pobreza, la precariedad, la pérdida de derechos laborales y sociales.

Estas elecciones también han dejado clara la división de la derecha. El PP que lideraba todo el espacio conservador y franquista ha visto como los ultraderechistas de VOX (cuya cúpula proviene del PP y siete de sus dirigentes tienen estrechas relaciones con Aznar) asciende y con la caída y hundimiento de Ciudadanos, ese engendro reaccionario disfrazado de ”centro”, reconfiguran el campo de la derecha. O dicho de otro modo, los diferentes sectores de la burguesía se radicalizan cada vez más y manifiestan sus expectativas con mayor contundencia. Y ya sabemos qué pretenden las distintas fuerzas de la derecha: desarrollar y profundizar las medidas de recortes aplicadas desde hace años que están llevando a millones de personas y familias a una situación insostenible.

Hace cuatro años desde este Espacio Republicano de la Comunidad de Madrid decíamos: “¿Qué defiende la izquierda? La mayoría de las fuerzas de izquierda presentan programas electorales con propuestas de carácter progresista, muy parecidas, pero cuya credibilidad está en cuestión porque la ciudadanía está ya cansada de que, pasadas las elecciones, sus dirigentes vuelvan al camino de la conciliación, de la impotencia y del consenso”. Y esa forma de proceder, desde el socioliberalismo del PSOE hasta el ciudadanismo populista, se repite en cada nueva cita electoral sin dar ninguna alternativa popular ni solución real a los graves problemas que tienen día a día planteados la clase obrera y las capas populares, pero sí les sirven a los oligarcas y a la monarquía que los sostiene para frenar las justas luchas populares aprobando o apoyando medidas que son pan para hoy y hambre para mañana.

Aprovechemos el momento. Sabemos, porque tenemos sobrada experiencia, que lo peor que podemos hacer es invisibilizarnos, callar ante la barbarie, dejar que el fascismo extienda su bilis y su basura sin encontrar refutación ni resistencia. No sabemos si el acuerdo entre el socioliberal PSOE y Unidas Podemos prosperará, o si triunfarán de nuevo el cinismo y las presiones de la banca y la CEOE, que tienen a toda máquina su aparato mediático-propagandístico en marcha. Sea como fuere, es el momento de aprovechar la oportunidad para recuperar la iniciativa, para hacer avanzar el discurso de los derechos, la libertad y la democracia frente al salvajismo fascista que se ve impune bajo el régimen monárquico. No podemos conformarnos con votar (o no) cuando toque, con esperar a que vuelvan a llamarnos y, entonces, tirar los dados y cruzar los dedos esperando que el bombardeo mediático y la ignorancia no nos ganen la partida y que esos “líderes” políticos estén a la altura. Hay que hablar mucho y alto, hay que arrinconar en todas partes la palabrería fétida de la España negra y encontrar los objetivos comunes que nos permitan recuperar derechos políticos y sociales y seguir avanzando en democracia y bienestar. Hay que juntarse, hay que reunirse, hay que salir a la calle, hay que organizarse: en el trabajo, en colegios y universidades, en el barrio. Por la cultura, por el deporte, por lo público, por los derechos o, simplemente, por compartir ideas, deseos y preocupaciones con personas decentes. Tenemos que demostrar que no solo queremos poner una papeleta en una urna: queremos que sirva para mejorar la vida de todos los que vivimos y trabajamos aquí. Y tenemos que decírselo a los representantes de la izquierda institucional bien alto y claro, para no acabar zarandeados por las decisiones de unos burócratas o arrollados por la barbarie reaccionaria. Como nuestros abuelos, hemos visto de cerca el rostro del fascismo. Ahora que sabemos bien cuál es la España que no queremos, es el mejor momento para pensar qué tipo de sociedad queremos construir. Porque somos más y, sin duda, somos mejores.

El problema no es que esté el país “bloqueado”, lo está por unos políticos que sólo obedecen los intereses de oligopolios y empresas transnacionales. El problema es la mismísima monarquía heredera del franquismo que, lejos de ser una democracia plena, está en declive como el sistema capitalista que representa. Su constitución del 78 es papel mojado cuando se plantean problemas como el de las nacionalidades como Cataluña, País Vasco o Galicia y sumamente eficaz en aplicar contra ellas medidas represivas como su artículo 155. Es ineficaz en la defensa de la libertad de expresión pero sostiene un orden jurídico que sanciona o envía a la cárcel a las voces disidentes. Es “agua de borrajas” en la defensa de los derechos por un trabajo digno y unas pensiones justas y contra la precariedad y el paro y completamente inútil por la defensa del derecho a una vivienda, la sanidad o educación públicas porque ampara y promociona el desahucio, los fondos buitre, la sanidad privada a costa de la pública o una educación reaccionaria, sexista y discriminatoria frente a una educación pública laica.

En los momentos que encaramos, ante la amenaza real de una profundización de la crisis capitalista y con la perspectiva de una inestabilidad política creciente, necesitamos más que nunca la unidad unidad popular y de la izquierda para ganar en democracia, parar el auge del fascismo y evitar la acelerada degradación de la política que se vive en España, para traer un nuevo marco de respeto a la voluntad popular. Y para iniciar esta tarea, precisamos de una izquierda sin compromisos con el régimen impuesto en la transición y su constitución. Hoy, la línea de división que permite determinar si tras los programas existe un compromiso real, o se trata de más promesas vacías que se abandonarán terminada la jornada electoral, es la actitud de las organizaciones hacia el régimen monárquico: la mayoría de los dirigentes de las fuerzas que actualmente representan a la izquierda y fuerzas progresistas en las instituciones, han probado de sobra que no están dispuestos a trabajar por un nuevo modelo de Estado verdaderamente democrático y cercano a la mayoría social por ello es imprescindible que el pueblo, movilizado y organizado, deba exigir, velar, controlar, garantizar, el cumplimiento de sus compromisos y empujar para ir más allá, a mayores conquistas con una perspectiva revolucionaria, de ruptura con el Régimen.

Después de años de movilizaciones masivas y combativas contra las políticas de recorte; la subida al poder del rey Felipe VI pretendía hacer frente a la acelerada descomposición de la monarquía. Desde entonces, el aparato institucional y político del régimen lleva tiempo hablando de una segunda transición, con la que pretenden hacer retoques cosméticos de la actual Constitución, para blindarla y preservar sus privilegios y beneficios.

Conscientes del momento histórico que vivimos, sabiendo que el futuro seguirá siendo de lucha, las organizaciones que componen el Espacio Republicano de Madrid proponemos un programa que, por encima de las lógicas diferencias que nos puedan separar, es la síntesis de los anhelos comunes que se resumen en ocho puntos para avanzar hacia la III República que son: 1 Programa de choque contra la crisis, 2 Restablecimiento de la soberanía popular, 3 Derecho de autodeterminación de los pueblos, 4 Independencia respecto de los poderes políticos, económicos y militares que dictan la política internacional, 5 Apertura de un proceso constituyente que devuelva la voz al pueblo, 6 Recuperación de la memoria histórica, 7 Rechazo a la UE de los mercados y 8 Por la República.

Por ello es necesario, urgente, que las fuerzas progresistas y de izquierda consecuentes, frente a estos retos, junto a las masas populares, especialmente la clase obrera, acumulen fuerzas, se organicen en amplios movimientos unitarios que nos lleven a lograr los objetivos de ruptura con el régimen y por la III República. Esa y no otra es la tarea central de las fuerzas de izquierda. Solo así podremos hacer frente con éxito a la reacción, al fascismo y a la monarquía que los ampara.

¡Unidad para combatir al fascismo!
¡Por los derechos laborales, sociales y políticos!
¡Por el derecho de autodeterminación de los pueblos!
¡Por la libertad de los presos políticos!
¡Abajo la constitución monárquica del 78! ¡Por la III República!

IU, PCM, UJCE, PCE(M-L), JCE(M-L), Fed. Republicanos, SOMOS, Ag. Republicana de Móstoles, Red Roja, UCR, PCPE, Coord. 25S, PML(RC), IR, CAUM, Plataforma contra la Impunidad del Franquismo

Madrid, 18 de noviembre 2019

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