Juan Carlos y el “Corina virus”, por Luis Peñalosa Izuzquiza


El Jueves #2233: Corinnavirus

Cada día que pasa, apesta un poco mas lo que se va publicando sobre el comportamiento financiero y fiscal del conocido como “rey campechano,” Juan Carlos I de España, antes y después de su forzada abdicación a favor de su hijo Felipe. Los que aspiramos a conseguir, democráticamente, que el Estado español sea nuevamente una republica, tenemos que agradecerle lo mucho que esta contribuyendo a que nuestra sociedad se plantee seriamente este cambio constitucional.

Ya es paradójico que la historia de un sistema que se basa en su continuidad por herencia sucesoria este tan plagado de infidelidades, bastardías, chanchullos dinásticos de todo tipo, etc. etc. pero que, como algunos defienden, nuestra Constitución otorgue al Jefe del Estado impunidad ante los actos de carácter privado que realice durante su reinado, es sencillamente infumable e incompatible con un sistema democrático moderno.

La extraordinariamente complicada situación social de la España heredada de la dictadura franquista, nos llevo a aceptar, transitoriamente y como mal menor,  una monarquía diseñada por el difunto para perpetuar sus “Principios fundamentales del Movimiento”. Atado y bien atado, decía el.

Los franquistas, hoy representados, en su forma más genuina, por VOX, se hicieron monárquicos, cosa bastante coherente  ya que venían de acabar con una Republica, democráticamente instaurada, mediante un golpe militar apoyado por la jerarquía nacional católica. Pero también fue bien recibida por los monárquicos que, aun siendo antifranquistas, eran partidarios de esta forma de Estado y por que consideraban que, al fin y al cabo, el nuevo monarca era hijo de su candidato, Juan de Borbón.

Se habla siempre del gran servicio de Juan Carlos I en la transición democrática, ya que parecía desempeñar discretamente el papel que le asigno la Constitución de 1978, pero lo cierto es que, por lo que ahora se va conociendo, su trabajo no se limitaba a las tareas por las que cobraba un sueldo, sin duda insuficiente para su nivel de vida, sino que utilizaba su cargo para enriquecerse a lo grande y encima sin declarar a Hacienda. Si a él tenemos que agradecerle algo, que nos queda para los que se han dejado la vida, literalmente, luchando contra la pandemia.

Ni siquiera ha sido capaz de vencer a ese virus selectivo, que afecta preferentemente a personas con mucho poder y dinero, que no penetra por vía respiratoria sino que ataca por la entrepierna y que en su caso concreto se conoce como “Corina virus”. Solo Sofía puede pedirle cuentas en su parte amorosa, aunque eso se suele disculpar entre monarcas, pero en lo que afecta a Hacienda, el “Emerito” esta obligado a responder ante los ciudadanos que le hemos estado pagando el sueldo durante tantos años. Bueno, si es que estamos en una democracia.

Hay expertos constitucionalistas que consideran que la impunidad, que benévolamente le concedimos en la Constitución del 78, solo afectaría a los actos del monarca mientras ostentaba ese cargo, pero no después de su forzada abdicación y que aplicar este criterio no requiere modificar la Constitución, sino solo dar una interpretación lógica a lo establecido en el artículo correspondiente. Somos muchos los que pensamos que la impunidad no seria tampoco aplicable a sus actividades privadas durante su reinado.

Todo esto es de puro sentido común democrático y si no esta claro en nuestra Constitución seria motivo suficiente para hacer una reforma en este aspecto, a la vista de lo sucedido con Juan Carlos I. Es lo mínimo que se puede exigir a esta Monarquía y quiero pensar que Felipe VI lo encuentre normal.

La Republica no es, por si sola, garantía de progreso pero al menos su presidente seria elegido democráticamente y que conste que yo votaría Felipe de Borbón frente a José María Aznar, si se diera este esperpéntico caso en una futura Republica. Pero ¿por qué ese empeño conservador en defender la monarquía como garantía de estabilidad y de seguridad institucional, cuando la historia nos demuestra que eso no es en absoluto cierto?

Yo creo que quienes defienden la monarquía, es porque esperan, emulando a su anterior titular, obtener beneficios particulares, basándose en sus relaciones con la dinastía vigente que, por su propia esencia, arrastra un pasado de favores, compromisos de toma y daca, trapicheos y corruptelas que lastran indefectiblemente a esa institución.

Pero también hay un trasfondo teocrático que, aunque no es tan explicito como en la monarquía alauita, trata de presentar a los reyes, al menos como bien vistos por la iglesia oficial, lo que le confiere un importante respaldo cara a los creyentes españoles. Naturalmente el interés particular de este colectivo es más que evidente.

Sin duda son muchos los que, sin ser monárquicos, piensan que no merece la pena meterse en estos jardines de cambiar de forma de Estado, con la que esta cayendo, pero la mejora de nuestra democracia debe de ser permanente y desde luego, la demostración de que tenemos un autentico Estado de Derecho, pasa ineludiblemente por la exigencia de responsabilidades al ex rey Juan Carlos I.

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