La República, no se vota. La República, se proclama, por Antonio González*


Decir que la monarquía impuesta por el dictador Franco está en sus horas más bajas por los casos de corrupción y escándalos en los que está envuelta es solo certificar lo evidente y da igual quién de los Borbones los encabece. Toda la historia de todos los miembros de esta dinastía, sin excepción, ha estado envuelta en escándalos palaciegos, golpes de estado, latrocinios y corrupciones desde hace más de doscientos años. No se libra ninguno.

La pandemia del COVID19 está sirviendo para poner ante nuestros ojos los tozudos hechos con toda su crudeza: por un lado, ha venido a agravar la crisis que ya empezaba a sufrir el capitalismo nacional e internacional; por otro, pone en evidencia la crisis sistémica del régimen del 78, que solo representa los intereses de la oligarquía, terratenientes y gran capital.

 Antecedentes

Por no irnos muy lejos, en plena pandemia salta a la luz pública lo que ya se sospechaba: que el emérito comisionista, además de trajinarse a varias amantes y cazar elefantes en Bostwana, se dedica a tener cuentas opacas en paraísos fiscales con muchos “milloncejos” nunca declarados a la hacienda pública. Y su “preparao” hijo, ya rey, en plena crisis sanitaria, en beneficio de la corrupta institución que representa y para mantenerse en el poder, decide quitarle el sueldo-bicoca a su padre y de paso, lavar la cara a la monarquía y tapar las vergüenzas de tan anacrónico sistema. Lejos de ello el pueblo llano, harto de tanta mentira se lanzó desde sus balcones a una espectacular y masiva cacerolada sacando miles de banderas republicanas, de la que se hicieron eco hasta los medios internacionales, el día que Felipe VI, en plena pandemia, apareció en la televisión, no para hablar de la corrupción de su familia, si no para pedir “dejar de lado las diferencias para superar la crisis del coronavirus”. Ni una sola mención al escándalo de su padre. Otro intento de presentar a la monarquía como “preocupada” por los problemas de su pueblo.

Ante el auge del enfado popular contra la monarquía y de las noticias en medios de comunicación internacionales y nacionales sobre los escándalos, corruptelas y opacidad de la monarquía borbónica, Felipe VI quiere dar un giro a los acontecimientos y que cambie la percepción que se tiene de él y lo que representa. Para ello desde la Casa Real planifican unas estudiadas y continuadas visitas -ahora- por todas las provincias del estado para demostrar su “cercanía” (en plena pandemia y tras el discurso solo lo hizo una vez). Visitas todas ellas y hasta el momento de escribir este artículo, contestadas por el pueblo (y reprimidas algunas) que ha mostrado su rechazo con cientos de banderas republicanas delante de sus narices lanzando consignas que no dejan lugar a dudas de lo que piensan del régimen del 78. A la par saltan noticias confusas e intoxicadoras, emanadas de palacio, de cara a la galería: que si van a emitir un comunicado desde la Casa Real; que si le quitan el título de rey al emérito; que si le echan de la Zarzuela y le buscan un nido de lujo en República Dominicana; etc, que lejos de calmar los ánimos siembran más sospechas de la opacidad de la monarquía. La campaña no les está saliendo como quieren desde Zarzuela. Y es que, en estos momentos -en que hasta sus más afines reconocen que está en su peor situación-, a diferencia de cuando se impuso el régimen del 78, algunas de las élites políticas y financieras que lo apoyaron entonces ahora se ponen de perfil y decantan por posibles salidas que no hagan daño a sus intereses. De estos últimos, vemos medios de derechas como El Español (del oscuro Pedro J. Ramírez), Ok Diario (del “tribulete” derechón Eduardo Inda) y otros que están tirando a dar contra la monarquía, no porque sean republicanos, sino porque obedecen a la voz de su amo, sus intereses y buscan su salida.

 La campaña para salvar a Felipe VI

Ante tal avalancha de manifestaciones republicanas y noticias negativas, ya diarias, que salen en la prensa internacional de todos los continentes, los defensores del régimen del 78 han activado todas las herramientas para contrarrestar las evidencias y “salvar el culo” a Felipe VI. Y otros, pillados entre sus reiteradas contradicciones y servilismo a la monarquía escurren el bulto como pueden para que no se les note mucho lo doblada que tienen la cerviz de tanta flexión cervical.

Así desde el Gobierno Pedro Sánchez animó el día 27 a Felipe VI a que dé pasos «para avanzar en la ejemplaridad y la transparencia» de la Corona ante la crisis institucional abierta (Diario Vasco) y días antes la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, había reafirmado en sesión parlamentaria el compromiso del Ejecutivo a favor de la monarquía “la jefatura del estado no está en cuestión en este país”. Por su parte, en estos momentos, los medios de comunicación afines hablan del tour de visitas de los Reyes como si fueran todo aclamaciones y bienvenidas, manipulando la realidad o en el mejor de los casos, sesgando la información.

Los del referéndum

Felipe VI y la monarquía tienen otros aliados que con la boca pequeña se proclaman republicanos y, sin embargo, ponen todos los medios a su alcance para desvirtuar la lucha republicana sirviendo de cortafuegos o colchón al sistema.

Hacen del sistema, los votos, el parlamentarismo… su objetivo, su sala de confort. Entre medias alguna declaración rimbombante para entretener a sus seguidores pero pocos hechos relevantes que sirvan de cambio en favor del bienestar general. Tienen siempre la excusa perfecta para justificar su oportunismo: “hay muchas presiones”, “poco a poco sí se puede”, etc, etc; cuando no mienten y engañan descaradamente.

A estos republicanos de pacotilla nunca se les ha visto en ninguna manifestación o acto republicano ni se les espera (por poner un ejemplo: desde hace años se van a celebrar el día de la constitución al Parlamento junto al Rey pero nunca han aparecido en las manifestaciones contra la constitución monárquica). Como mucho llaman a las bases de sus organizaciones a acudir a esos actos para cubrir el expediente.

En esta tesitura -que a algunos de ellos les viene de lejos, de cuando renunciaron a la bandera republicana en aras de la pleitesía (consenso lo llamaron) al régimen del 78 -, estos “republicanos” llevan años queriéndonos convencer que para acabar con la Monarquía es necesario un referéndum… y que el CIS pregunte sobre la Corona, para que se vea lo mal valorada que está.

Para saber que la monarquía está mal valorada (y más en estos momentos) no hay que ser muy listo, solo saber leer. En cuanto al referéndum, aun aceptando que el sistema monárquico lo pusiera en marcha que es mucho decir, ¿Qué garantías hay de que se hiciera con transparencia?, ¿Sería vinculante?, ¿Habría condiciones de igualdad para exponer los argumentos?, ¿Los medios de comunicación serían imparciales y darían las mismas oportunidades a las partes?, ¿Qué garantías hay de que se respetase el resultado?, ¿Los poderes fácticos se quedarían callados?… Son muchas las preguntas sin respuesta y todo se mueve en la incertidumbre de las arenas movedizas de la legalidad monárquica. Pero esto esos “republicanos” lo ocultan y callan no vaya a ser que a la gente le dé por pensar.

Ruptura y proceso constituyente

El camino para traer la República solo puede ser mediante la ruptura con el sistema monárquico y la apertura de un proceso constituyente. Para ello, los republicanos de izquierda consecuentes de todo el estado deben cambiar la correlación de fuerzas; aunar y organizar un amplio movimiento republicano que, en base a unos principios y objetivos mínimos, les lleve a ese proceso constituyente.

Debemos despertar a la ciudadanía del letargo. Los republicanos debemos manifestar y transmitir la necesidad de implementar los cambios que propugnamos en la organización política. La necesidad de unificar y organizar un amplio movimiento popular es tarea insoslayable. Y lo es porque hoy no existen mecanismos efectivos de democracia participativa para convocar un referéndum sobre el proceso constituyente, ni los poderes establecidos confluyen con el sentir mayoritario de los ciudadanos como hemos visto más arriba. Por ello, debe establecerse un momento en el cual consolidar socialmente el compromiso de la ciudadanía para arrancar el proceso constituyente. Y eso solo se materializará si la izquierda y los republicanos de este país se ponen a la tarea de forma coordinada, unida y organizada. Porque la República, no se vota. La República, se proclama.

*Antonio González, es presidente de la Agrupación Republicana de Móstoles