Patología criminal, guerra psicológica y praxis de la resistencia, por Enriqueta de la Cruz*


(I)

La nueva confrontación mundial cuyo escenario de guerra hoy situamos en Ucrania, contiene entre una de sus novedades el apagón informativo, la censura brutal y total de medios que no dicen lo que los financiadores y generadores del conflicto: Estados Unidos, la alianza anglo-americana, quieren imponer (el imperio nos dicta, como un auténtico dictador, lo que debemos leer, ver, escuchar, pensar). La batalla por las mentes avanza como nunca, proporcionada por herramientas perfeccionadas desde hace decenios para nuestra docilidad, obediencia ciega y no resistencia. Nuestra cabeza, personalidad, esencia, supervivencia, son objetivo, blanco directo de los disparos.

Nos están disparando con hechos y amenazas, directamente bombas que nos matarán, si les dejamos, en poco tiempo. Llega una crisis brutal y es la siguiente etapa inmediata, que ya ha comenzado, de una guerra global y total. Nos disparan: con el recibo de la luz, la inflación galopante, la carga fiscal, la falta de trabajo, la precariedad, los despidos, la imposibilidad de hacer planes, la ansiedad, las armas biológicas, Covid…, el aislamiento creciente en una individualidad anti natura, de fractura social, y tantas cosas que padecemos.

Ahora quieren que nos disparemos solos en los pies y en la cabeza imponiéndonos que no nos suministren el gas o el petróleo los rusos, dejándonos sin calefacción, transporte de productos básicos, movilidad; imponiéndonos su mundo y manera de pensar. Y su terror: imágenes de estantes vacíos en supermercados, otras muchas imágenes creadas, etc… Son amantes del suicidio, novios de la muerte y la destrucción y lo propagan en sus films y medios de comunicación; lo muestran en sus guerras, en sus prisiones, en sus torturas. Son propagadores de intoxicaciones mentales dotando a nuestros alimentos de caras humanas y tratando a los humanos de ratas, provocándonos alucinaciones químicas con métodos tecnológicos que en nada envidian en cuanto a letalidad, trastornos mentales y daño cerebral al LSD y otras pildoritas azules. Han drogado a media humanidad haciéndole negro lo blanco y viceversa y más a sus agentes y representantes directos en el mundo para que digan y hagan lo que vemos claramente estos días. Si no lo hacen: no hay próximo chute que necesitan como enfermos que son. Red extensa de intereses creados que dan auténtico miedo y de la que no conocemos ni la punta visible…

Nos cuentan como los próximos muertos. Hace tiempo que venimos tragando el lavado cerebral de que somos muchos, somos depredadores de los recursos naturales, desequilibramos el planeta, tenemos que infra alimentarnos con hierbas previamente envenenadas por los fumigadores de lo americano, etc… Se saltan los pactos que desde el fin de la II Gran Guerra se montaron para el nunca más. No informan de los laboratorios de armas bacteriológicas instalados con nocturnidad y alevosía en Europa. Actúan como vaqueros de gatillo fácil.

Ya no necesitan alzar a Hitler, son ellos, sin careta, el Gran Dictador jugando con la bola del mundo a patadas mientras el movimiento obrero asume leyes de omertá y pasividad estúpida, desempolva viejas rencillas de sus antiguos antagonismos de identidad y renuncia a liderar al pueblo. Dejamos que prevalezca que unos muertos o refugiados o pobres… valen más que otros: los de Ucrania frente a Donbass o Siria o Yugoslavia antes, o los que caen por las bombas directamente o por la exclusión social y el hambre a las puertas de nuestras propias casas; los refugiados que nos impone USA con papeles inmediatos y los indeseables para aquellos racistas como los negros que no tienen papeles tras más de diez años de estancia en España y a los que siguen condenando a arrastrar como cruz a cuestas esos bolsos de petróleo de sangre marca Quinta Avenida. Los africanos no valen nada y por eso los rajamos a mansalva en nuestra propia valla criminal hecha con la “tecnología” y las cuchillas de nuestras queridas multinacionales de capital USA, que se ahogan en el mar: Mediterráneo lleno de cadáveres cuando nos bañamos cada etapa turística marcada, promocionada, para engorde de los restauradores y vendedores de alcohol. Los comas etílicos son aplaudidos, subvencionados con fondos europeos aunque poco ha durado la fiesta… Para muchos hombres y mujeres no hay corredores humanitarios taponados hoy por los nazis para que sean masacrados en bombardeos y el enemigo número uno: ese Putin con rabo y cuernos, ese come niños como antes decían de Azaña, de los rojos, de tantos… siga siendo apedreado por los idiotas y perezca…

Sí, abusos y abusos pero ante los que aún no reaccionamos. ¿Por qué? Pues porque nos han ido debilitando lentamente sin que notáramos la letalidad hasta hacernos creer que es demasiado tarde, hasta hacernos temer que si les damos el Stop será horroroso y mejor es que vayan metiendo al horno de sus campos de concentración al vecino del quinto; hasta hacernos ver que las fuerzas están ya demasiado mermadas… Y hacernos cerrar los ojos a que mañana lo estarán más aún si no paramos esta locura… Es la técnica del chantaje. Y el chantaje o lo cortas o te remata.

Nos han minado con múltiples exigencias laborales y del día a día nuestra posibilidad de vida equilibrada y en calma, reflexiva; han premiado el egoísmo, nos han roto por todos los lados, nos han desconectado de un mundo lógico, y nos han conectado a bobadas, borrado el disco duro de nuestra memoria (lo que fue, por ejemplo, la liberación y desnazificación por las armas de Europa, lo que supuso antes el colaboracionismo y dejarles pasar).

Han engrasado con falsas monedas la falsa intelectualidad hasta aplastar la mera posibilidad de ella. Y nos han ido poniendo cada vez más barreras entre las que desgraciadamente se encuentran los que han traicionado a su clase trabajadora, popular o simplemente, se aburguesaron sin conciencia de lo que realmente hacían siguiendo a ciegas a dirigentes incompetentes. Partidos, sindicatos, han consentido el desmantelamiento de derechos y la financiación corrupta, la impunidad de otros corruptos: del rey para abajo, a todos, porque han consentido el juego de justicia que no funciona, leyes que no se cumplen y que no haya sostén alguno productivo consistente; que seamos el patio de recreo para cuantas más golfadas, mejor. Y han pedido el voto con engaño y se lo hemos dado; han coexistido con el fascismo y celebrado con él las fiestas de guardar (aniversarios constitucionales con Martín Villa, etc.) como si nada y no les hemos ni amonestado.

Ongs, chiringuitos de supuesta articulación de movimientos sociales nos han conducido como ovejos al matadero, los hemos alimentado sin querer conocer que los más de ellos fueron creados ad hoc para alienarnos y conducir los cambios hacia dónde les convenía; estaban ausentes de crear cimentación verdadera. Al revés: han segado la hierba a nuestros pies.

Han vaciado las cajas de solidaridad, desmantelado educación y demolido la sanidad, han hecho que diversifiquemos causas como si no fueran una sola y no hagamos la fuerza con la unión. Nos han agujereado el cerebro con las visiones y los sonidos y los contenidos más fútiles, más asesinos que pudiéramos imaginar, un poco antes de todo esto; con la negatividad. Nos han provocados shocks y han propiciado enfermedades, suministrándonos todo tipo de venenos para sobrevivir al cada día en este danzad, danzad, malditos que ha sido el capitalismo de finales del XX y principios de este siglo.

¡Y hemos tenido miedo de decir “BASTA”!

Pero hemos de decirlo pronto, lo sabemos. Debemos prepararnos.

(II)

Nos están amenazando con falsos discursos pro derechos humanos esos sujetos que les quitas el cargo, el rótulo, la pluma de Dumbo, y la palmadita norteamericana y NO SON NADA; ¡no han hecho nada en su vida salvo engañar a algunos jovencitos con su falsa modestia y supuesta liberalidad y hasta jacobinismo! Esos sujetos no quieren esos mismos derechos humanos para todos. Nos los quitan de un plumazo, manu militari, sin ningún tipo de autoridad ni moral ni real para hacerlo, a quienes practicamos el pensamiento crítico, que es primordial porque somos seres humanos racionales. Esos tipos descaradamente están amenazándonos desde las tribunas europeas más supuestamente serias, con que la guerra va a seguir, con que quién no esté al cien por cien ciego y obediente con ellos, será castigado, pasa a la lista del macartismo. ¡Lo estamos escuchando descaradamente! Nos señalan para eliminarnos: a “los nocivos”. Sí, pero ¿qué hacer?

La primera medida sería obedecer a nuestra ley humana: la supervivencia por los medios más puramente testados: La cooperación, la aptitud para los cambios radicales mediante la solidaridad y la ayuda mutua. Dejar de exponernos a las bombas mentales y bunkerizarnos en ese sentido como lo haríamos ante un bombardeo. Y desde la calma, comenzar a aprender, a identificar lo que simplemente está ahí para demolernos y lo que, y quienes, nos puede ayudar a crear otro estado de cosas. Eludir frívolos y frivolidades y organizarnos; contribuir con nuestros conocimientos y solo con los que tengamos, y evitar confundir con lo que no sabemos, aparte de evitar a toda costa ser agentes involuntarios o correveidiles de nadie. Es demoledor hoy hacer de enteradillos, dar coba a especulaciones, a conversaciones de bareto. Tenemos que dosificar la exposición a noticias de propaganda, contrastar, y aprender a identificar lo que realmente aporta a la comprensión, sin miedos ni temores a quedar aislados, que es un miedo con el que se está trabajando mucho: de hecho ha comenzado, desde luego, la caza de brujas.

Pensar, fortalecer el criterio, la mente, no seguir olas (sería conveniente volver a ver “La ola”, es fundamental ir creando red con otros). Y para todo ello, primero, saber.

¿Cómo funciona lo que nos destruye?

Las diferentes partes de que se compone este pulpo, lo que llamamos “comunicación”, son más que nunca armas de guerra. Desde que el negocio de la prensa no es “quién vende más en función de qué digo mejor”, no son negocios con ciertos intereses, sí, pero puramente mercantiles a la antigua usanza, desde entonces: revistas enteritas, periódicos enteritos, agencias… han sido creadas para intervenir directamente nuestras vidas en función de los intereses de la minoría en el auténtico poder, para reprogramarnos.

Lo que resalta con absoluta nitidez con el conflicto de Ucrania es que en esta ocasión hay un mando único vertical que de arriba hacia abajo, llegando al último redactor en el ajo (aún hay más de uno limpio pero que no puede ejercer, que está cortocircuitado…),  dicta los contenidos, los enfoques de esta guerra, la preparación para “nuevos sacrificios”, las nuevas cortinas de humo que ha de haber y en qué tiempos y cuánto duran, como ese pacto de rentas que se están cocinando tipo entretenedera… Los sindicatos no se han reunido de oficio rápido, urgente, ante los tambores de nueva crisis y apreturas de un cinturón que no tiene ni más agujeros ni más cintura que apretar. Los partidos políticos merecen el mayor de los desprecios ante el mayor de los cinismos y esas supuestas diferencias que les enfrentan. Son el nuevo circo pero ya sin pan.

Y lo decía la carta de independencia norteamericana, sí, americana, eso de cuando el pueblo es abusado, el derecho y también el deber de la desobediencia, del rebelarse.

Pero es que hay más. Las armas de guerra no se disparan desde las redacciones solamente. Los cócteles molotov que ahora tan ricamente se enseña a hacer a la población (ojo, pero solo se permite saber esta sabiduría y matar con ella a los que ellos escojan: ciudadanos ucranianos que utilizan como escudos humanos, como carne de cañón), se preparan en despachos más sofisticados y empresas de nombres tan rimbombantes como absurdos (a veces con connotaciones simbólicas a la guerra directamente).

Esos despachos lo mismo hacen informes de cómo tiene que ser un país, que lo mismo coordinan cómo dar un golpe de Estado (sea duro o blando), que lo mismo encargan que te rompan las piernas, que lo mismo y con amplia sonrisa te exponen cómo demolerte la imagen pública (y lo hacen) o cómo restituir la de una empresaca (que es una criminal pero que tiene que tener impoluta la cosa); que lo mismo ayuda a huir a un rey, que lo mismo le prepara las vacas en el país que ha saqueado, que lo mismo urde elecciones, que lo mismo coordina negociaciones con guerrillas, con los corredores de droga, que lo mismo hace de mediados entre conflictos, que lo mismo vende tecnología de móviles o cualquier otra cosa mientras cuela armas en un país, que lo mismo te espía y vende tus datos y los usa…

Y lo mismo te crees que está para solo dar sobres a periodistas “sobrecogedores” (así se les llama) y lo mismo te crees que son trabajadorcitos comunes y corrientes y son auténticos killers de preparación en las mejores escuelas de torturadores profesionales.

Como no se puede poner puertas al campo, hay nombres y apellidos, hay concreciones estos días de qué y quiénes son, pero lo importante es conocer el mecanismo… entender cuánto nos toman el pelo.

Sí, antiguamente la cosa era más simplota, hoy no. Antes iba de un periodista que pasaba por ciertos lugares a desayunar y recoger consignas, de otros, o éste mismo, que marcaban lo que los demás iban a escribir con hacer la primera pregunta oportuna en las ruedas de prensa; de reunirse con políticos y pasarles el recadito, de recibir dosieres de esos que constituían la bicoca de hacerles parecer “investigadores”…

Antes simplemente algunos linces becados o cooptados por los de más allá de nuestras fronteras estaban previamente situados en su correspondiente puesto (cuando no eran colaboradores directos o funcionarios de servicios secretos) para cuando los estados de opinión tuvieran que moverse para acá o para allá… O alguna que otra revista, periódico, agencia, no solo estaba agujereado de digamos infiltrados (con o sin título profesional puro y duro) que hacían el papel de los agregados culturales y de prensa de las embajadas extranjeras, sino que eran la pura revista, periódico, agencia… de servidumbre y creación de los amos americanos, sí, esos que nos ganaron en Cuba y desde entonces…

 Me hizo mucha gracia escuchar a un periodista decir el otro día que éramos el imperio occidental, qué risa: somos el intervenido del imperio americano pues así quedó sellado en los acuerdos tras la II GM, quién iba a ser nuestro amo y señor, compañero. Y luego Franco empezó a vendernos el país enterito y por eso lo dejaron estar.

También me hizo mucha gracia ver a un ex jefecillo de opinión (opinión del que paga y manda) querer salir corriendo cual si fuera un colegial sensible que se tapara los oídos porque no le gustaba lo que le decía otro periodista. Lo tienen todo muy estudiado como esos chicos adoctrinados de cualquier activismo monitorizado: parecer educado y dialéctico mientras lo que hacen en realidad ante nuestra vista es romper debates, callar la boca a otras opiniones. Pero actúan muy bien, pareciendo la cosa defensa propia contra supuestos manipuladores, dictadores, o sea: lo que son ellos precisamente. Es  la vieja técnica: “la mejor defensa es el ataque”; tirarse a los ojos. Utilizan técnicas simples, que han sofisticado: el ninguneo al otro, el desprecio a las ideas, que no cuentan nada porque se trata de imponer las que vienen en su papel marcadas. Son las técnicas del ilusionista, del trilero que te cambia los dados con juegos mentales y ni te enteras. Están bien entrenados: Es quedarse con el personal con su posmodernidad y extender la mierda: su falta de escrúpulos. Son también nuestros entrenadores: nos enseñan a reclamar safe spaces en directo, “a cámara”, nos enseñan con qué impasibilidad hay que dejar tieso al que no está con el amo, y desde allí, desde ese refugio seguro anti dialéctico: a escupir mentiras. Estas armas vivientes, aliñados con la estética cultureta-progre, nos enseñan a hacer el vacío, le llaman ghosting... a quienes no comulgan con ruedas de molino. A subirnos al carro de los envenenadores,  integrados tan perfectamente, que se creen los elegidos, que nunca prescindirán de ellos…

Los periodistas veteranos ya jubilados (tiempo atrás, a tiempo por el Sistema) son ahora esporádicamente invitados a algún debate. Se nos acostumbra a verlos como esos bichos raros, esos “viejunos” (etiquetar es otra técnica para simplificar ante el ejército de zombis y oportunistas jóvenes; encasillando en cajoncitos lo que es a eliminar: la experiencia, la sabiduría, la ideología, la cultura, la “disidencia”… Ayuda a disparar sin escrúpulos y matar mejor). Pues bien, esos veteranos, los que sí han cubierto conflictos, conocen las guerras, saben, exponen con claridad que no hay información real hoy de lo que pasa en la trinchera. Ni en la de Ucrania ni en la del Covid, que también llamaron guerra ellos sabrán por qué (ya no importan, por cierto, los muertos diarios que provoca). Como no la hay, ni manera de saber, sobre los planes reales futuros o de pasado mañana, como no sabemos con certeza el verdadero paradero y puerto a que nos llevan. Y no hablo del azar.

Las imágenes de atrocidades y la técnica de desinformación más sofisticada impacta en nuestras cabezas y está generando ya víctimas. Hay recuerdos de otras guerras recientes, o no tan recientes, como la de España, con aún supervivientes. Son proyectiles letales (matan lentamente, como la heroína) cada vez que nos enchufamos a la droga que nos proporcionan los medios de manipulación y propaganda.

Porque antes pasaban esas cosas descritas y hoy pasan esas mismas pero pasan otras más de las que iremos hablando. Para comenzar:

En las escuelas de cínicos y anti periodistas se enseña cómo llegar al corazón, no a la cabeza, cómo ir articulando el mensaje emocional, no racional, como anular las mentes, en definitiva. Atrás quedaron los escrúpulos y la honestidad. Se pagan anuncios para fomentar la cultura de la muerte. Es terrorífico el anuncio que han preparado y pasan nuestras televisiones cada poco, ese montaje poniendo en voz de una niña: “Quiero morirme”. ¡Qué más quisieran que alimentáramos eso! ¡Qué enfermos están!

(y III)

¿Cómo hemos llegado a tragar esto sin pararlo?

Todo comenzó en Madison Avenue, con las técnicas de venta; en Tavistock instituto británico, primero de carácter militar, de ingeniería social ahora, pura y dura. Todo comenzó en La edad de Oro que tan bien cuenta Gore Vidal, historiador como nadie de los Estados Unidos, país sin el peso y el poso de historia que no concibe una identidad rusa, china, europea, que no respeta nada ni a nadie, que pasa como un tanque bruto con puños de puritanismo y western, que cree que con dólares bluff se arregla todo.

Antes del movimiento Occupy Wall Street pude comprobar la decadencia de ese  capitalismo que inundaba de plástico y morralla, de prendas de sangre y esclavitud, todas las tiendas sin excepción de Nueva York. La NY que visionariamente describió Lorca en “Poeta en Nueva York”, había salido a la superficie. Ya todo estaba muerto hace 20 años y solo se podía tener un contacto humano, un trato reconocible por humanos, una conversación interesante con mendigos y excluidos, con negros que te impedían sentarte en los pisos y te prestaban sus cartones de dormir para que no te mancharas de mierda. Estaba todo lleno de mugre. Ratas como conejos se paseaban a sus anchas por cualquier parque y por los escaparates de las tiendas. La comida de los Mc Donalds olía y sabía a la misma porquería que salía de las alcantarillas y las ambulancias atronaban con sus sirenas cada rincón cada tanto mientras las televisiones vomitaban asesinatos en tiempo real…

Se olía el sudor de los esclavos que llevaron amarrados en otros siglos, y la sangre derramada en la zona cero desde aquellos tiempos. Todo en Down desde esas cloacas de la historia apestaba a muerte, todo ese mundo alrededor del Toro (el Bull), del puerto, desde la estatua de La Libertad (¡qué ironía), era un cementerio mucho antes del atentado de las torres gemelas, sobre el que, para disimular que les habían dado en el corazón del capitalismo los mismos cuervos que alimentaron, urdieron todo tipo de leyendas.

Los americanos han ido destruyéndose con la exhibición de sus propios asesinatos pasados por estudios de Los Ángeles como una película más. Y con los premios de pacotilla, han extendido su odio, su sinrazón, su opio. Han extendido la comida basura que achica cerebros y aploma cuerpos, sus universidades de depravación para los de muchos billetes, que enseña tan bien a sacar la lengua a la verdadera Educación y que tan bien describe el magnífico Tom Wolfe. Han extendido la Sanidad que deja a las puertas a quienes no pueden pagar y deben morir. Han extendido sus mujeres de plástico (que han financiado más que el feminismo de su factoría sin auténticas mujeres libres) y hombres estúpidos maniacos de despacho, adictos al trabajo, retratados en Todo un hombre.

Estamos en su Bloody Miami, la de USA, en su Hoguera de sus Vanidades y somos los troncos a quemar. Nos han dado sociedad de consumo y mostrado que la calidad: de sus pensantes, de sus científicos, de todo de lo que disfruta su élite en el poder no es para el común de los mortales. Nos han ido achicando con su infantilismo y quizá ya no les queremos más. Y todo eso no nos lo va a seguir metiendo por el c., como piensan, ni Borrell ni nadie. Aquí nos han inundado las universidades, las empresas, la vida, de esas absurdas Charlotte Simmons, que pasan, sin saber ni estudiar un solo libro, con trampolín de golfadas, de la nada al más arriba. Nos han mostrado con los falsos másters y demás qué tipos de personas han elegido para que nos gobiernes en sus países satélites. Y quizá ya no les queramos más.

Lo han explicado (porque no les importa un comino que sepamos cómo nos matan) en “Cortina de humo”, en “Spy Game”, en “Vice”. Cómo somos su baza. Los ciudadanitos de a pie, la escoria que somos para ellos y cuantos más caigamos, mejor.

¿Cómo identificarlos, cómo profundizar?

Hay una película de esa factoría moderna que sí tiene un mensaje interesante: “Diamantes de sangre”. En ella la periodista se queja de que si no hace bien su oficio solo podrá seguir exponiendo el drama humano. Y llegar a la desinformación y al aumento del dolor, por esa vía de mostrar descarnadamente la miseria humana (como quieren ahora, como hacen) dejando impune a los culpables reales, conduciendo y limitándolo todo al relato de tripas. Ella quiere ir al fondo del asunto: quién maneja el negocio, quién está arriba. En definitiva, a quién interesa esta guerra y quién pone el dinero para que haya la cantidad de víctimas que ellos consiguen con cada guerra. Estas preguntas son la clave de bóveda del periodismo pero hoy no es periodismo, no lo que vemos y en lugar de asistir a esta práctica necesaria por los cauces habituales, se reciben consignas, se trasladan venenos y se quedan tan frescos.

 El legítimo deseo de conocer lo que nos afecta se encuentra con herramientas previamente proporcionadas, cada vez más facilonas, frívolas y fragmentarias (que actúan dentro del cerebro como cristales rotos que no permiten que elaboremos una comprensión de contexto, rigurosa, ni lógica; son impactos y son impactos que van a la emoción). Las redes, como la comunicación en general, obedece a las reglas de juego compuestas con extraordinaria maestría en laboratorios. Defendamos nuestras mentes y nuestras vidas sin seguidismos a estas bombas. Entendamos que los artículos y los libros que merecen la pena son largos, que aprender cuesta, que nada rápido es sólido, que la rentabilidad del conocimiento real es inestimable, que es una herramienta para defenderse en la vida, para vivir mejor, que no hay atajos, que lo que regalan o la publicidad no es gratis, que lo que esconden hay que ir a buscarlo, que tenemos un gran poder con solo no engancharnos a tóxicos, que somos seres únicos y no podemos dejar que nos aniquile un ejército de apariencias.

Tenemos que identificar el mal y reaccionar: Nos han amaestrado (o lo han intentado) y reconocerlo impide ir más allá en la autodestrucción. Además, al otro lado del hilo comunicacional no tenemos verdaderos expertos como para estar todo el día siguiendo noticias (bueno, esa es su apariencia; no lo son). Los que hay que saben no son de fácil acceso, visibles. Es verdad: Estamos un poco aislados y solos; pero esto se puede corregir. Tenemos que entender la importancia de no perder el tiempo demoliendo nuestro cerebro en redes banales, con tik y tok, con prensa amasada: No hay una profesión con herramientas de auténtica investigación y desenvolvimiento mínimo profesional. Y aunque hay versos sueltos, la precariedad, el peligro de despidos, la propia titularidad de los medios más clásicos en manos de las grandes corporaciones de interés capitalista-predador, las peores prácticas técnico militares que han impregnado cada empresa en cada rincón del mundo occidental, la minería de datos (es decir, cómo recaban datos de todos nosotros para utilizarlos en la conducción de “la manada”), los cambios de objetivo en el negocio de la prensa, ya son irreversibles… Hay que construir alternativas.

 La patología criminal está ante nosotros. Como en tiempos del nazismo, se desarrolla y premia, como ya expusiera en extremo la película sobre el criminal nazismo: “El huevo de la serpiente”. Combatir el aturdimiento, la desesperación, el etiquetar, cosificar, infantilización, la burla, la rabieta, evitará la eliminación masiva del más débil por opresión de todo tipo, por asfixia. La urgencia de reacción es cierta. No es verdad que de este campo de concentración que están haciendo no vayamos a salir. Menos lo es que entremos en el horno crematorio conformes y sin resistir.

*(A los que están muy confundidos y promueven señalamientos, linchamientos, castigos, fobias: Los que somos periodistas buscamos la verdad constantemente, sin sesgos. Los que somos pacifistas no queremos ninguna guerra: ¡Ninguna!; queremos trabajo, cultura, vida. Los que somos internacionalistas abrimos fronteras,  no castigamos pueblos, no armamos nacionalismos. Los que somos socialistas y antifascistas y a los que nos mueve la divisa ilustrada: “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, rechazamos la censura, la dictadura, el nazismo, la oscuridad, las sectas, la represión de cualquier tipo, incluida la de la libertad de expresión, opinión y conocimiento; cualquier tipo de xenofobia y cualquier tipo de censura o caza de brujas. Los que somos pueblo, defendemos al pueblo; los que somos trabajadores defendemos los derechos de los trabajadores y rechazamos élites; los que somos personas, rechazamos la explotación del hombre por el hombre. ¡No a la guerra, No a la OTAN, bases fuera de España!)

*Enriqueta de la Cruz, escritora, periodista

3 comentarios en “Patología criminal, guerra psicológica y praxis de la resistencia, por Enriqueta de la Cruz*”

  1. Buenos días hermanita, te envío este artículo de Enriqueta Cruz que es muy interesante. Habla sobre todo, de la falsedad. No lo leas si no te apetece. Es un análisis del mundo en que vivimos y la censura informática que nos impone USA y la UE como auténticos dictadores. Que tengas un buen día

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