En este momento en que la oligarquía trata de arreglar su mala gestión económica realizando recortes a los derechos del pueblo, en este momento en que la gran mayoría de la gente que vive dignamente de su trabajo ve amenazados sus derechos básicos sin que las élites políticas, religiosas y financieras que gobiernan este país desde el franquismo se les cuestione ni uno solo de sus privilegios, mientras se pretende que retrocedamos a tiempos de inquisición y cadenas, los maestros y maestras de la Escuela Pública, educadores de los hijos del pueblo, tenemos la obligación de defender la Enseñanza Pública, porque sólo a través de ella podrá materializarse la aspiración universal de Libertad, Igualdad y Fraternidad.
En contraste con esta situación de postración y abandono que sufre hoy la Enseñanza Pública recordamos el gran esfuerzo modernizador que acometió la II República española, en un momento en que la inmensa mayoría de los españoles comprendieron que sólo a través de la educación podríamos llegar a tener una sociedad libre, justa y solidaria, comprometida con el progreso y con el bien común.
El esfuerzo educativo la II República era la aspiración de una escuela laica y democrática, una escuela que respetara la conciencia del niño. Para los legisladores republicanos la escuela era la encargada de transformar lentamente la sociedad. Y la sublevación militar perseguía justo lo contrario: mantener las viejas estructuras y el antiguo orden establecido.
Quizá por esta razón se explica el implacable proceso de depuración y exterminio al que fueron sometidos los docentes por los golpistas fascistas durante los meses –y años – que siguieron a la sublevación militar al gobierno constitucional. Debemos recordar que los maestros y maestras de la II República yacen en fosas comunes.
Una nueva era de oscuridad se cierne sobre España, como viene anunciando la entrada en vigor de la estrategia trazada por el plan EU-2015, plan trazado por las más oscuras camarillas de poder de este reino de piratas. Si lo permitimos, dentro de pocos años sólo podrán estudiar carreras los hijos de los ricos. Si lo permitimos, nuestros hijos, nuestros alumnos, serán en el futuro mano de obra esclava y embrutecida.
La lucha por los derechos sociales, la lucha por un sistema verdaderamente humano y ético para nuestros hijos y alumnos, conlleva la destrucción de una política al servicio de una clase y construir una política que emane desde el pueblo.
Debemos profundizar en la lucha y que no se quede solamente en una marea verde. Nuestro déficit democrático es la consecuencia de que hace 33 años, las élites de poder del franquismo no tuvieron más remedio que darnos algo de libertad, pero nos la dieron bajo cuerda, sin creérsela ellos mismos. Nos dieron libertad, pero sabiendo que lo esencial de su régimen quedaba intacto. Y estamos viendo prueba de ello todos los días.
Estamos en un momento decisivo en que será imprescindible contar con un pueblo bien educado y formado. El cénit del petróleo ha llegado y el petróleo barato se acaba. Después de haber alcanzado el cénit de producción de energía fósil: petróleo y gas, no dispondremos de suficiente energía para mantener el sistema económico mundial. Las élites económico-financieras lo saben y por eso se suceden las guerras económicas por el control de recursos energéticos. La civilización, tal como hoy la conocemos, cambiará radicalmente.
No podremos hacer frente a estos dramáticos cambios que se avecinan con un gobierno formado por banqueros, opusdeístas y empresarios de armamento. Tampoco podremos hacerles frente con movimientos postmodernos de diseño. Necesitamos un gobierno, un Estado, comprometido con la defensa del pueblo. Y eso en España tiene un nombre: República.
Nuestra labor como docentes es concienciar al alumnado, madres y padres del verdadero problema que se cierne, no sólo sobre los servicios públicos, sino sobre la Humanidad entera.
Necesitamos una educación para todos en un estado público. Necesitamos una educación para el pueblo en una República del pueblo.
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