
Con mi tía Carmen, esposa de Quico, el hermano de mi padre, se va un referente más, una etapa, un poco de memoria, un mundo compartido de infancia y adolescencia. Mujer fuerte, valiente trabajadora incansable, de tremenda y sencilla sabiduría, paciente y comprensiva, de una manera discreta, sin dar ruido, como se dice en mi tierra, nos dejó hace unas fechas este verano de fuego y cambios.
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