A mí ya me parece malo seguir alimentando cuestiones mientras crece la pobreza en España, intelectual y la del comer, pero voy a tener que hablar del caso Zapatero o el caso linchamiento a la presunta izquierda que tanto gusta al facherío. La presunción de inocencia aquí brilla por su ausencia y la soga al cuello de la Transición, su pacto, pues aprieta cada vez más y sigue y suma y sigue más.
El proyecto The Crowns analiza los sentimientos promonárquicos y el desgaste de las distintas casas reales europeas. La mitad de la muestra preguntada en España afirma que prefiere un sistema republicano.
¿Monarquía o república? Es la eterna pregunta que se hacen los españoles desde que el país dejó atrás el régimen de Franco y votó una Constitución que ya venía vinculada a un rey. Casi cincuenta años después, un estudio de la Universidad de Murcia (UMU) revela que a los españoles les sigue sin convencer la Corona. En concreto, los partidarios de establecer una república suman un 51,5% de la población frente a un 48,5% que sueñan con ver reinar a Leonor. Vamos por partes.
La izquierda organizada más poderosa y con aún mucho más posibilidades de las que parece y más militantes y simpatizantes que a la de tres se van a multiplicar, debe, sin más dilación, abordar la salida del laberinto. No hace falta inventar, hace falta voluntad y coraje para desapolillar y sacar de su gran reserva lo que supo e hizo de bueno. Y lo que aún hace. Debe ponerlo en valor. Es creerse la importancia de lo que es, lo importante de lo que aún aporta, que para nada esto está fuera de tiempo o lugar, lo imprescindible que es en estas horas ciegas y aciagas para la humanidad.
El sin mérito ha empezado a trabajar otra vez. Vaya, vaya. Los suyos, que son todos los que bien viven así, a costa del pueblo y rodeándose de un ilusorio cometido vital, cual corte versallesca, han iniciado una nueva operación blanqueo. Objetivo: que le paguemos al tal el sepelio y todas las pompas en España y muera con el honor que no tiene este presunto ladrón y demostrado putero.
A sus 79 años bien cumplidos, el historiador Paul Preston (Liverpool, 1946) lo ha visto todo. Aun así, Reconciliación, el libro de memorias de Juan Carlos I de Borbón, le ha dejado de piedra. “Es evidente que Juan Carlos no lo escribió”, me dice cuando hablamos por teléfono a mediados de diciembre. “Pero la pregunta que me provoca este libro es otra: ¿se ha molestado en leerlo?”
Terminaba mi primer artículo sobre esta secuencia 1975-2025 de este modo: “(…) lo que se impuso es la última instrucción de Franco al Borbón en su lecho de muerte de preservar a toda costa la unidad de España. De aquellos polvos, estos lodos”. El objetivo de este segundo artículo es proyectar las ideas condensadas en el primero hacia un futuro lleno de incertidumbres. Para ello voy a desarrollar algunas ideas sobre la relación entre esa última orden del dictador a su heredero y los relatos nostálgicos de la transición que han circulado en este 2025, de los que encontramos una síntesis muy sugerente en el anuncio navideño de Campofrío “polarizados”.
El graderío del parque de las Cruces ha sido pintado con mayor extensión de forma anónima, un mes después de que el consistorio ordenara su desaparición en vísperas del 20-N
Mucha Transición, ni una palabra sobre acoso machista pese a los escándalos en la política, alguna alusión a los jóvenes y advertencias sobre la polarización y los extremismos sin apuntar a nadie, que los reyes, ya se sabe, no están para entrar en detalles engorrosos. Al final, una sobredosis de lugares comunes.
La Casa Real se abraza a la supuesta transparencia sobre su funcionamiento y finanzas, a la distancia física y emocional del rey con su padre, y a la figura de Leonor para recuperar la adhesión ciudadana a la Corona.
“El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente” dijo Lord Acton, y no recuerdo a nadie que se lo haya discutido. Ahora no hay absolutismos como los del XIX, pero sí poderes políticos, económicos, judiciales… y corrupciones por todas partes.
La desafección, cada vez mayor, de las clases obrera y popular, hacia partidos y sindicatos es un hecho incontestable y se debe a una combinación de factores estructurales, políticos y culturales. El movimiento republicano no es ajeno a esa desafección.
Cuando echamos la vista atrás para observar la patética maniobra de “salvamento de la monarquía, puesta en marcha en el convulso año 2014, tras décadas de degradación de su imagen pública, es fácil caer en la idealización y la simplificación de los hechos. Sin embargo, es fundamental no perder la perspectiva real de los acontecimientos, pues ahora, a la vuelta de estos 11 años, hay fuerzas políticas especialmente interesadas en construir una versión de la historia —el famoso “relato” tan de moda—, orientada a salvar su propia imagen y presentarse como lo que nunca han sido ni son.
El padre de Felipe VI ha presentado una demanda contra Revilla porque no le gusta lo que ahora opina de él. “El ‘fugao’ ha sido mi mayor decepción”, acaba de pregonar en la Festa de Troita de A Pontenova.
Alarmado por el miedo a la ruina mundial como si fuera un inversor cualquiera e incapaz de acertar sobre el futuro como cualquier experto, todos o casi, de los que no se enteraron de la crisis económica mundial que se desataría en 2008, y eso que Trump no presidía los USA, decido ceñirme a números reales y preguntarle a Google por los avances de la palabra “Trump” en Internet tras pisar el acelerador de los aranceles. Me responde, hago los cálculos oportunos y el resultado es que don Donald, en el “último mes”, ha conseguido multiplicar por más de 6 veces la media mensual de sus resultados en los once anteriores.
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