Cuando la libertad es escarnecida, los derechos civiles conculcados y la protesta solo tiene como respuesta la violencia policial; cuando un partido miente a los ciudadanos ofreciendo un programa electoral que, una vez en el gobierno, incumple sistemáticamente; cuando se destruyen los servicios públicos, condenando al paro, la miseria y la desesperación a millones de personas; cuando el gobierno está al servicio de intereses extranjeros y pone en práctica una política económica que cierra el futuro a las jóvenes generaciones; cuando la injusticia es la norma y la corrupción se alienta y protege desde las instituciones que deberían combatirla; cuando se priva al pueblo de sus medios de existencia, entonces ese pueblo tiene derecho a defenderse con todos los medios a su alcance. Y ese pueblo tiene el derecho y el deber de cambiar el rumbo político, de forjar su futuro.
La crisis económica, real, objetiva, producida por las profundas contradicciones del sistema capitalista, se agrava en España a causa de la honda crisis política. La democracia en nuestro país es una sombra, una simulación, un escaparate tras el que se esconde el verdadero poder ejercido por una oligarquía financiera que saquea el país en su beneficio. Y como no hay democracia, ni pueblo soberano, el cohecho, la prevaricación, la evasión de capitales y el fraude fiscal gozan de escandalosa impunidad.
Nuestro sistema parlamentario es una farsa porque hunde sus raíces en la mal llamada transición democrática, una operación política mediante la cual la dictadura fascista cambió la camisa azul falangista por un atuendo más a la moda europea. La izquierda, con alguna honrosa excepción, aceptó una monarquía impuesta por Franco y el aparato represivo franquista quedó impune. Mientras miles de republicanos yacían –y yacen- en fosas comunes, jueces del Tribunal de Orden Publico, policías torturadores y militares que presidieron miles de consejos de guerra permanecieron en sus puestos y siguieron ascendiendo en el escalafón. Ni verdad, ni justicia, ni reparación para los antifascistas.
Las prácticas corruptas y caciquiles del fascismo se perpetuaron en la monarquía juancarlista, una peculiar ley electoral dejó prácticamente sin representación a los discrepantes, se intentó borrar la memoria histórica de los vencidos en la guerra civil y acallar las voces republicanas. Treinta y cinco años después de promulgada la Constitución de 1978, el sistema político se ha hundido, ha quebrado, carece de autoridad moral y de legitimidad. No es una crisis de gobierno, sino de régimen, y no se puede solucionar haciendo algunos zurcidos en la Constitución ni con reformas cosméticas de la monarquía.
Necesitamos la ruptura democrática que no se realizó entre 1975 y 1978. Para empezar, hay que forzar la dimisión del gobierno del Partido Popular. Ha mentido a los ciudadanos, todo su programa electoral era un inmenso engaño para ganar las elecciones y hacer lo contrario de lo que prometía. La protesta en la calle debe tener un objetivo político para que no se convierta en frustración: obligar a que Rajoy se vaya y convocar nuevas elecciones. Unidos podemos lograrlo y será el primer paso para conseguir una regeneración democrática.
El segundo paso es el cambio de régimen. La monarquía y la Constitución impiden el ejercicio de la democracia y una salida de la crisis alternativa. No es la POLÍTICA la causa de nuestros males, ni los POLÍTCOS, como se escucha tan a menudo. El desastre actual lo han causado unos determinados políticos y un sistema político concreto. No nos dejemos llevar ni engañar por la demagogia de la extrema derecha. La política es consustancial a la vida de los ciudadanos, es el interés por los asuntos públicos y la participación en su gestión. Pero no se puede participar en la vida política en un sistema heredero de la dictadura franquista. Para que los ciudadanos manifiesten libremente su voluntad, para que se impliquen en la política, necesitamos la REPÚBLICA.
La III República dará protagonismo directo a los trabajadores de toda clase, a los pequeños propietarios, a los intelectuales, privando de su poder político y económico a la oligarquía. Defenderá la independencia y la soberanía nacional, colocará la economía al servicio de los ciudadanos, protegerá nuestro patrimonio artístico y cultural, hará de los servicios públicos el elemento central de la vida económica, y permitirá la convivencia pacífica de los pueblos mediante un sistema federal.
Son muchos los ciudadanos indignados que todavía no ven con claridad esta salida política, y es natural después de decenios de desinformación, mentiras y calumnias sobre la II República española. Para superar esta situación, la izquierda de este país debe aparcar diferencias ideológicas y políticas y forjar un bloque popular republicano que se constituya en referente para millones de hombres y mujeres. Como se hizo en 1936, formando el Frente Popular ante la amenaza fascista.
Frente a una política económica criminal que amenaza nuestra supervivencia, frente a la represión y la destrucción de las libertades básicas, no valen la resignación ni las salidas individuales. Unidos venceremos, superaremos este tiempo aciago, y arrojaremos al basurero de la historia a la pandilla de delincuentes que está destruyendo este país.
¡GOBIERNO DIMISIÓN!
¡UNIDAD POR LA III REPÚBLICA!