Creo que es de justicia, el que la sociedad brinde un reconocimiento, una aplauso colectivo ante la labor desarrollada por la “Plataforma de Afectados por la Hipoteca” (PAH). Llevan años organizándose, desde que la Oligarquía financiera e inmobiliaria empezara a sacar masivamente de las casas a la gente. Lo hacen desde lo concreto, desde los barrios, mano a mano con los vecinos, dándole forma específica a la solidaridad de los trabajadores amenazados, parando desahucios, obteniendo victorias al grito de “Si se puede”, y tristemente también recibiendo dolorosos golpes, como el que supone ver a una familia expulsada de su casa y con una deuda ilegitima de por vida, hacia el poder financiero. Y qué decir de golpes mucho más duros, pérdidas de vidas de muchos compañeros, como el reciente caso de Bretón en Córdoba, miembro dela PAH de esa ciudad, o el de Amaia Engaña de Bakaldo. Ellos como tantas otras personas, ya no pudieron resistir más esa presión, y no encontraron otra salida que acabar con su vida. Han sido los últimos de una lista siniestra que amenaza con seguir creciendo.
No encuentro en estos momentos mayor reconocimiento para la labor de la PAH, que la implicación de todos nosotros en esa lucha, que es la lucha de muchos de nuestros vecinos, amigos y familiares. Es más necesario que nunca que empecemos a reconocer quiénes son los nuestros, y quienes son nuestros enemigos y hasta qué consecuencias están dispuestos a dar la batalla contra el pueblo, por aumentar sus ganancias a costa de nuestra vida si es preciso.
Desde un momento bien temprano, los compañeros de la PAH, supieron que su lucha no podía limitarse a la resistencia, que no se trataba de batallar uno a uno todos los desahucios contra enemigos inmensos (que en muchos casos fueron vencidos con la fuerza de los vecinos), sino que de lo que se trataba era de levantar la cabeza, de generar las condiciones necesarias a nivel político y legal, para poner a la ley de parte del pueblo, para poner al Estado a trabajar por lo que además es su obligación, según reza su propia constitución: “los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y efectivas para que los españoles tengan derecho a una vivienda digna”. Así como el derecho al trabajo negado, tan directamente relacionado con esta problemática.
Pues bien, lo importante y lo urgente, en este momento, confluían en la necesidad de obtener la dación en pago, la paralización de los desahucios y la alternativa efectiva de una vivienda. Todo ello con carácter retroactivo. Con este fin, los compañeros de la PAH, buscaron los mecanismos legales dentro de este régimen para hacerse oír en las instituciones. Eran pocos los mecanismos, y se agarraron a la “Iniciativa Legislativa Popular”. Un resquicio que deja la Constitución (aunque ya sabemos que los derechos e la Constitución no hay que tomárselos en serio salvo si benefician a la oligarquía) que en su artículo 87.3 y siguientes, y en la ley reglamentaria (Ley Nº 3 Orgánica de 1984), establece que, sí los ciudadanos recogen medio millón de firmas, estos tendrán la posibilidad, de que la mesa del parlamento estudie si estiman oportuno o no, que esa propuesta legislativa pase a ser debatida en el Congreso, y tal vez, en un hipotético caso votada a favor (cuestión hartamente improbable, porque normalmente una ILP, ya presupone una negativa y bloqueo del Congreso sobre la naturaleza de la ley en cuestión).
Ante este perspectiva, pueden ustedes imaginarse dónde acabaron el cerca de 1 millón y medio de firmas de los ciudadanos…si, el cubo de la basura.
Pero si esta situación es asfixiantes y lesiva, para los ciudadanos, la cosa ya se vuelve grotesca cuando, tras la reunión con los promotores de la ILP, el gobierno anuncia, que aunque en la mesa del Congreso votará en contra para que esta iniciativa no llegue al Congreso vía parlamentaria, porque está ideológicamente en contra de lo que plantea, el gobierno, en reconocimiento al esfuerzo de los ciudadanos, sacará su propia ley, con una naturaleza contraría, pero como muestra de buena voluntad, le pondrá a su Ley, el nombre de la ILP de los ciudadanos, aunque el contenido sea el contrario. ¡Es posible mayor cinismo que este! ¡Ponerle a la injusticia contra el pueblo, el nombre de la justicia negada que clama el pueblo! Sabíamos que la Oligarquía en este país, a través de sus partidos del régimen, era experta en cambiar algo para que todo siga igual, en llamar democracia a su régimen continuista del franquismo, con el que abrigaron su fortuna, mientras en las calles se grita “lo llaman democracia y no lo es”, sabíamos que el caudillo, movió las fichas necesarias, incluida la del jefe del Estado (¿habrá algo más simbólico?) para que todo siguiera “Atado y bien atado” tras su muerte, y hasta nuestros días. Sabíamos todo eso, pero esta nueva demostración, no deja de sorprendernos.
Ante esta situación, ante esta nueva risotada de la oligarquía en la cara del pueblo, que albergaba la esperanza, frustrada, de que la democracia se impusiese al interés de una exigua oligarquía de unas 1.4000 familias que acaparan, (siendo el 0,’0034 de la población) una riqueza semejante al 80% del PIB, tenemos que llevarnos una dolorosa, pero necesaria enseñanza: pasó la hora de hacernos oír, ahora es el momento de IMPONERNOS con la fuerza de la mayoría sobre el régimen de esta peligrosísima oligarquía. No queda otro camino, no podemos seguir permitiendo que nuestros métodos de lucha choquen una y otra vez contra el muro de los límites de su régimen, porque estamos poniendo en peligro la esperanza de muchas personas que pueden llegar a padecer una indefensión aprendida, pueden llegar a creer que cualquier respuesta por nuestra parte ante los ataques de la oligarquía será en vanó, que nada se puede hacer.
Es momento de la unidad con mayúsculas, unidad no basada en nacionalidades ni otros rasgos secundarios, UNIDAD basada en la lucha de los trabajadores, que somos el 99%, contra la oligarquía que es ese 1%. Ese es el verdadero significado de “los de abajo contra los de arriba”. Y esa unidad se tiene que pertrechar con un instrumento que haga posible, no ya el mero pataleo, la necesidad de hacernos oír, sino que haga posible la organización real y efectiva de los trabajadores en cada barrio, en cada centro de estudio, en cada centro de trabajo, Unidad que sea capaz de unirnos a todos en un programa político común. Un programa que nos movilice a todos, ¡A todos! A todos los sindicatos, a todos los partidos que luchen por la democracia concretada en ese programa, a todas las asociaciones, a todos los trabajadores, parados o no, a todos los ciudadanos, los que votan, y los que se abstienen ante la falta de alternativas. Una unidad, que a diferencia de lo que dicen otros, que hablan de “frentes cívicos” encadenados a los partidos en que ellos participan, sea una unidad que tome el protagonismo que solo a ella le pertenece, de concurrir a unas elecciones, llevando democráticamente, mediante listas abiertas donde cualquiera se pueda presentar y todos podamos elegir, la voz del pueblo al parlamento para que se imponga la democracia. ¡Ese es el proyecto del Frente Popular, con el que Republicanos está comprometido.
El próximo 23 de Febrero están convocadas, desde diferentes espacios, movilizaciones que apuntan en el buen camino de unir todas esas mareas reivindicativas en una única lucha. Ha llegado el momento de encarar al régimen en su conjunto, y eso pasa por forzar la dimisión de este gobierno como punto de inflexión hacia el Frente Popular que luche por una democracia que no cabe en las leyes de esta monarquía parlamentaria, que no es otra cosa que una caricatura grotesca de la democracia que no se alcanzó tras el franquismo.
¡Ahora nos toca a nosotros pasar a la ofensiva!
Carlos Quintero.
12/2/2013.