Intervención de C. Hermida, en representación de Republicanos, en el acto homenaje a los últimos fusilados por el franquismo


DSC_0283Compañeros, amigos, republicanos:

Se cumplen treinta y ocho años de los últimos fusilamientos del franquismo. Cinco jóvenes antifascistas –tres miembros del FRAP y del PCE (m-l) y dos militantes de ETA– fueron asesinados el 27 de septiembre de 1975 tras haber sido detenidos, bárbaramente torturados y juzgados en un consejo de guerra en el que carecieron de cualquier garantía jurídica. Fueron los últimos fusilamientos de un régimen genocida  que nació asesinando  y murió de la misma manera. Con esos fusilamientos, mediante el terror, la dictadura de Franco pretendía frenar la creciente lucha popular contra el régimen.

Ese crimen sigue impune porque tenemos una Ley de Memoria Histórica que no declara ilegales los consejos de guerra del franquismo; porque  hay cientos de fosas comunes sin exhumar en las que yacen miles de hombres y mujeres asesinados durante la Guerra Civil en la retaguardia franquista por el mero hecho de defender la legalidad republicana; porque no se ha condenado de forma tajante el régimen franquista; porque hay decenas de calles y plazas que siguen llevando el nombre de militares golpistas y  de pistoleros falangistas; porque no se han exigido responsabilidades a los autores del genocidio republicano; porque en los libros de texto que estudian los jóvenes de este país se denomina terroristas a quienes fueron fusilados ese 27 de septiembre.

Nosotros aquí, con nuestra presencia,  denunciamos la impunidad del franquismo y reivindicamos la memoria y la lucha de  Humberto Baena Alonso, Ramón García Sanz y José Luis Sánchez Bravo, y de todos los que  sacrificaron su vida luchando contra el fascismo, por el socialismo y por la República. Eran revolucionarios, eran comunistas, eran republicanos, y fueron víctimas del terrorismo franquista.

Rendimos homenaje a unos héroes que llegaron en la defensa de sus ideales al máximo sacrificio, a la entrega de su vida. Nosotros tenemos la obligación y el compromiso de continuar su lucha. Ese es el mejor homenaje que podemos brindarles a ellos  y a todas las víctimas de la barbarie fascista.

Este 27 de septiembre tiene una significación especial. El régimen monárquico ha emprendido una guerra contra su propio pueblo. La destrucción de la sanidad y la educación públicas y los recortes económicos en todos los ámbitos sociales y culturales condenan a los trabajadores a la miseria y la desesperación. Las medidas económicas del gobierno privan al pueblo de sus medios de subsistencia. Es, por tanto, una política criminal  y un acto de traición. La monarquía y el gobierno del Partido Popular invocan los intereses de España como justificación, cuando realmente actúan al servicio del capital financiero internacional, del Banco Central Europeo y de la banca alemana. Y cuando los ciudadanos protestan pacíficamente, la respuesta es una represión brutal. Vivimos en un estado de excepción donde los derechos civiles son violados de forma sistemática. Ni siquiera los aspectos formales de esta supuesta democracia se respetan. La derecha se ha quitado la máscara y muestra su verdadero rostro: el del fascismo.  Frente a  esta  violencia de las clases dominantes el pueblo tiene derecho a defenderse con todos los medios a su alcance.

Mientras se despiden profesores, se recortan becas y disminuye el gasto sanitario, el gobierno no duda en despilfarrar miles de millones en presupuesto militar. Un gasto improductivo, pero absolutamente lógico desde la perspectiva de la oligarquía, porque  los cuerpos represivos del Estado son la última línea de defensa del orden capitalista.

Hasta ahora las protestas sociales se han centrado en la oposición a los recortes y la privatización de los servicios públicos, pero apenas se ha criticado el gasto militar. El gobierno de Rajoy ha logrado apartar a las Fuerzas Armadas del huracán de la contestación social. Hora es ya de que esta cuestión salte a la calle. El Ejército, tal como está hoy diseñado, es una elemento parasitario en el  cuerpo social, una casta privilegiada que debe desaparecer.

Nosotros, republicanos, no nos resignamos, y afirmamos rotundamente, sin dudas ni vacilaciones, que hay una salida diferente a la crisis, que existe un futuro de prosperidad para este país, que las jóvenes generaciones no están condenadas al paro y la emigración, pero no hay solución posible  dentro de este marco constitucional, dentro de esta monarquía que es heredera directa del régimen franquista.

Para conquistar ese futuro de progreso es imprescindible la unidad de la izquierda, organizando un bloque social popular que tenga como objetivo político la III República. Este es el problema fundamental, medular, que debemos afrontar las fuerzas de izquierda. Tenemos que aparcar diferencias y unirnos como en febrero de 1936 en torno a un programa común. Entonces, el Frente Popular venció en las elecciones, y ahora también podemos frenar a la derecha, podemos y debemos cambiar el modelo político y económico de nuestro país. Se trata de sumar fuerzas y en ese proceso son un estorbo todos aquellos que solo tienen afán de protagonismo personal

Debemos  combatir sin descanso contra esta monarquía,  cómplice de la represión franquista, que ampara y protege la corrupción, que sofoca las libertades y los derechos civiles. Tenemos el compromiso moral de trabajar y luchar por la República para recuperar la libertad, la dignidad y la soberanía nacional.

El 27 de septiembre será siempre un día triste, pero también es un día de esperanza. El sentimiento republicano crece día a día, las banderas republicanas están en las calles, los ideales por lo que murieron Humberto Baena, Ramón García Sanz y José Luis Sánchez Bravo han fructificado, han sido la semilla de donde  brota  la regeneración republicana. Las enseñas republicanas se inclinan ante esta tumba en señal de homenaje y respeto.  Seguiremos defendiendo esas banderas y los ideales que representan. Jamás nos rendiremos.   Porque tenemos razón en la lucha,  porque tenemos la razón histórica, venceremos.

¡¡¡VIVA LA  REPÚBLICA!!!