MURCIA: Entrevista a los portavoces de Marcha de Mareas


1472929_436767459756173_1683505491_nTras la exitosa manifestación de Marcha de Mareas en Murcia, nos encontramos con los portavoces de la misma. Ángel Luis Hernández, además de portavoz de Marcha de Mareas, es presidente de AIDMUR (Asociación de Interinos Docentes de Murcia). Fernando Miñana, además de portavoz de Marcha de Mareas, es estudiante universitario, portavoz de la Plataforma de Desempleados y Precarios de Molina de Segura, y miembro de la PAH de Molina de Segura.

La Marcha de Mareas ha supuesto un esfuerzo de planificación y de acercamiento de colectivos que ha durado varios meses de trabajo ¿qué es lo que motiva este esfuerzo? ¿por qué colectivos tan dispares ideológicamente y que están volcados en luchas tan diversas deciden unirse en un proyecto común?

A.H. Hace mucho que los ataques a la inmensa mayoría de la ciudadanía son brutales, son muchos los colectivos atacados y muchas la reivindicaciones presentes. El esfuerzo por la unidad de los colectivos no es más que la tendencia natural del conflicto que subyace, es una historia muy antigua, una lucha de clases entre clases explotadas y clases explotadoras. En definitiva, la unión de los colectivos, se produce por la convicción común de una alternativa a la destrucción de las conquistas sociales. La diversidad de los colectivos es real, pero ante todo, está el objetivo común de una sociedad que no pase por el enriquecimiento de unos pocos a costa del empobrecimiento del resto de la sociedad. Intentaré ser más gráfico con un ejemplo, para el próximo año, en Murcia, se han incluido en los presupuestos un aval de más de 200 millones de euros, para la empresa concesionaria del aeropuerto, aeropuerto que sigue sin funcionar y que aunque funcione no responde a las necesidades de la población. Pues bien, todos los colectivos creemos que este dinero podría ir destinado a otros fines (educación, sanidad, renta básica, etc).

F.M. Porque no queda otra. Para empezar, habría que aclarar eso de la disparidad ideológica. Si bien es cierto que la Marcha de Mareas es un movimiento completamente plural y heterogéneo, también es cierto que todas las organizaciones buscamos un fin común: la defensa de lo público y del interés general frente a políticas de desmantelamiento de la protección social que está llevando a cabo el régimen actual. El ataque al ya de por sí pequeño Estado del bienestar que teníamos en España comenzó en 2010, y desde entonces se ha producido un importante crecimiento en la lucha y en la organización. Desde el 15M hasta hoy, los diversos estallidos de indignación ciudadana han ido cargándose ideológicamente, organizándose en nuevos frentes ciudadanos como la PAH o las mareas, y somos cada vez más los que comprendemos que la unidad es básica para confrontar los planes neoliberales que nos imponen desde la Troika, representante de la gran banca y la gran empresa multinacional. Esos son los enemigos y están cada vez más señalados e identificados. Desde esos poderes en la sombra es desde donde se desahucia, se privatiza la sanidad, se despiden profesores y se recortan pensiones. Si el ataque procede del mismo lugar, es lógico que todos los afectados (que somos la gran mayoría de la población) nos unamos para una defensa común de nuestros intereses.

El lema de la Marcha de Mareas ‘Por un sistema democrático al servicio de la ciudadanía ¡Gobierno dimisión!’ puede causar equívocos. Parecería sugerir que con la dimisión del gobierno se conseguiría un sistema democrático al servicio de la ciudadanía ¿basta con la mera dimisión del gobierno o es necesario algo más? En el hipotético caso de que dimitiese el gobierno, ¿cómo podría la ciudadanía recuperar la soberanía secuestrada por los mercados?

A.H. Estos lemas no son fruto de la casualidad, sino de un debate profundo y largo, no se pretende la dimisión de un gobierno sin más. Creo que el punto fuerte de Marcha de Mareas es la estructura en torno a un programa en concreto, un programa que no sólo busca la dimisión del gobierno, sino que plantea alternativas, queremos construir un país mejor, queremos que dimita el gobierno y que el pueblo soberano hable. Queremos devolverle la voz al pueblo. Construir un contrapoder con un programa claro, con unos puntos que se plantean en el manifiesto de Marcha de Mareas. Frente al golpe de los mercados y al fraude democrático se propone un proceso constituyente para garantizar la soberanía de la mayoría de la ciudadanía. Es obvio que esto será un proceso lento, y no siempre fácil, pero debemos tener claro que hay alternativas al dictamen económico de los mercados, alternativas tan concretas como una banca pública, auditoría de la deuda, rechazo de la deuda ilegítima, financiación de la inversión pública, recuperación de empresas estratégicas nacionalizadas, gestión pública directa de los servicios básicos. Pero no sólo nos debemos quedar en alternativas económicas, debemos ir más allá, y por eso, planteamos alternativas como la derogación de la reforma laboral, reconocimiento de la vivienda como un derecho, dación en pago retroactiva y alquiler social, jubilación a los 65, etc. Y por supuesto, hay que plantear alternativas a los procesos privatizadores, al desmantelamiento de la educación y la sanidad. Para ello planteamos una educación y sanidad públicas, de gestión pública directa y universales.

F.M. Es evidente que  por sí sola, la dimisión del gobierno no garantiza en absoluto la mejora de las condiciones de vida de la mayoría de la población. Siendo claros, de nada serviría que el gobierno de Rajoy cayese para volver a tener un gobierno del PSOE, que continuaría a las órdenes de la gran Banca y de la Troika. Pero también es cierto que no es lo mismo un cambio de gobierno por agotamiento de la legislatura o por descomposición del propio partido que lo sostiene, que la caída de un gobierno propiciada desde la calle, con movilización constante y organización unitaria de la clase trabajadora. La Marcha de Mareas es, además de un movimiento plural y unitario de defensa de los intereses de los ciudadanos afectados por los recortes en derechos, servicios públicos y libertades, una organización que propone medidas concretas para salir adelante y superar esta crisis con una salida social. En cuanto a la forma de recuperar soberanía, es básico que se produzca un empoderamiento de la clase trabajadora que sostiene al Estado. Evidentemente, dentro de este régimen monárquico neoliberal no vamos a poder llevar a cabo la aspiración de tener un modelo más justo, democrático y equitativo. Sin embargo, si somos capaces de abrir el debate de un cambio de régimen hacia uno más participativo, todas estas aspiraciones podrían verse garantizadas por la ley. El modelo del 78 está dando sus últimos coletazos, y el debate debe encauzarse hacia cómo queremos llegar hacia la III República, si con un proceso desde las élites al estilo de la transición franquista o con un proceso rupturista y democrático. Es ahí donde la clase trabajadora y los pueblos del Estado Español se la juegan para las próximas décadas.

Tras la Marcha de Mareas ¿cómo véis la situación de la lucha y el activismo en estos momentos? ¿Creéis posible una confluencia más duradera de los colectivos, mareas y luchas sectoriales hacia un objetivo común? ¿Es posible en estos momentos la construcción de una mayoría social que suponga un contrapoder al gobierno de los mercados?

A.H. Es un hecho que los tiempos convulsos que vivimos han hecho que la masa social se organice, que la clase trabajadora empiece a tomar conciencia colectiva, y que aprendamos a organizarnos y dirigirnos. Pero es importante dar un cambio cualitativo,  ser capaces de pasar de los problemas concretos a la lucha común. En este sentido, la Marcha de Mareas  busca un contrapoder porque este no puede hacerse por sí, sino que nuestra tarea consiste en estimular, en accionar y desarrollar este contrapoder. Construir un contrapoder producto de la lucha de clases y en el que el papel que juega la Marcha de Mareas sea el de organizar esta lucha de clases de los obreros contra el capital. En pocas palabras, en momentos de alza en las luchas, el trabajador espontáneamente trasciende a sus organizaciones naturales y se organiza para la lucha. Esto es lo que ha pasado en Marcha de Mareas,  este es su punto fuerte y su garantía para un confluencia más duradera de la unión de todos los colectivos. Pero esto no será una tarea fácil.

F.M. El activismo en estos momentos está viviendo un momento de crecimiento y extensión popular. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca, por ejemplo, cuenta con el apoyo y comprensión de la inmensa mayoría social. La ciudadanía está comprendiendo que el único camino que tiene para defenderse es unirse y actuar de manera autónoma. Nadie va a venir a solucionar los problemas de la clase trabajadora, excepto la propia clase trabajadora. En cuanto los ciudadanos se organizan y empiezan a conseguir cosas, surge el orgullo y la conciencia de clase. Por eso es básico que construyamos ahora la confluencia de todos los colectivos, frentes de lucha y trabajadores. No hay que plantearse si es posible. Hay que construirla a base de trabajo y debates, porque no hay otro camino y camino se hace al andar. Y en ese camino, es fundamental que abordemos precisamente cómo construir las herramientas para constituirnos como contrapoder y alternativa a ese gobierno de los mercados, al que no le importa en absoluto que en cualquier parte del mundo la población muera de hambre, enfermedad e ignorancia (que de ignorancia también se muere).

Un argumento recurrente para deslegitimar el valor de las movilizaciones sociales es el que alude a la “mayoria silenciosa” y a los más diez millones de ciudadanos que votaron al PP en noviembre de 2011. Usando este tipo de argumentos, en algún medio se ha acusado a la Marcha de Mareas de ser antidemocrática por intentar tumbar la soberanía popular expresada en las urnas. ¿Qué tenéis que responder a este tipo de argumentos? ¿Por qué deberíamos dar más legitimidad a los gritos de las 80.000 personas que en Murcia salieron a la calle que al silencio de esa gran mayoría que se quedó en casa?

A.H. La mayoría silenciosa fue un concepto acuñado por Richard Nixon para demonizar a los manifestantes que luchaban por el fin de la guerra en Vietnam. Ese concepto fue recuperado en los últimos años del Franquismo y durante la Transición. Actualmente, Mariano Rajoy lo ha recuperado para minusvalorar el clamor de la calle. Se trata de un concepto que es, en esencia, totalmente antidemocrático. Se asume que todo el que calla lo hace por voluntad propia, de forma intencionada y por adherirse a la ideología de quien sufre las protestas. Pero los aires antidemocráticos y autoritarios del Partido Popular durante estos dos años han sido muchos; el más evidente, presentarse con un programa e incumplirlo punto por punto, imponiendo un rodillo impasible, esgrimiendo una supuesta legitimidad conquistada en las urnas a base de mentiras, engaños y fraudes.

F.M. Démosle la vuelta. Según ese argumento, cualquier medida que no cuente con un respaldo social mayoritario en la calle, no debería ser aprobada. Las manifestaciones contra el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo no sacan a la calle a una parte significativa (y muchos menos mayoritaria) de la población española. Sin embargo, no he escuchado a Gallardón retractarse, aludiendo a la “mayoría silenciosa”, de este ataque a la mujer trabajadora. En cuanto a la mayoría absoluta del PP, es claramente ilegítima. El PP llegó al gobierno mintiendo. Es el timo de la estampita. Los españoles creyeron que dentro del sobre iba una serie de promesas para salir de la crisis, cuando el sobre lo que llevaba era billetes de 500 euros, y acababa presuntamente en los bolsillos de cargos del PP. Por otra parte, sólo un fascista puede decir que el derecho a manifestación es antidemocrático. En Murcia ya sabemos lo que es tener que acudir a los tribunales para poder ejercer el derecho a protestar. No creo que este gobierno tenga legitimidad alguna para dar lecciones de qué es y qué no es democrático, porque aún les queda mucho por aprender sobre democracia. Para hablar de “soberanía popular” no vale sólo el voto cada cuatro años. Si el PP defiende que su legitimidad reside en las urnas, que vuelva a abrirlas después de haberse destapado toda la gran estafa con la que llegaron al gobierno, y veremos qué opina hoy la ciudadanía. En cuanto a la legitimidad de los gritos de 80.000 personas, es clara. La última huelga de la enseñanza convocada unitariamente por toda la comunidad educativa tuvo un respaldo extraordinariamente mayoritario. Pero eso no ha sido suficiente para que Wert deje de ser ministro. A este gobierno la mayoría social le importa un comino, y sólo alude a ella como escudo propagandístico.

Además de portavoces de la Marcha de Mareas ambos sois militantes y activistas de distintos colectivos. En vuestra experiencia particular, ¿sirve de algo la lucha? Los ciudadanos estamos acostumbrándonos a una lucha incesante en la que sólo se consiguen algunas victorias parciales en un trasfondo de derrota permanente. Ante ese panorama ¿para qué luchar?

A.H.  La lucha sirve, sirve y mucho. No sólo se consiguen victorias parciales, sino que también  sirve para crear conciencia de clase. La historia de la sociedad es una historia de lucha, en la cual todas las conquistas se han conseguido a base de luchas. Pero no sólo nos debemos fijar en las conquistas, también debemos pensar en qué estaría pasando si la gente no luchase.

No hace mucho vivimos victorias de la lucha, como la de los barrenderos de Madrid, la de los estudiantes de Erasmus o, viniendo a algo más cercano, la de los interinos de Murcia, que tras una huelga indefinida, acampada y lucha sostenida, provocaron la dimisión del ya ex-consejero de educación. El argumento de la inutilidad de la lucha es propio del poder, porque son conscientes de que el auténtico contrapoder se genera en la lucha, en la unión que da a la clase obrera la lucha diaria y los objetivos comunes.

F.M. Isabel, una vecina de Molina de Segura, sigue hoy en su casa porque la semana pasada más de 150 activistas nos quedamos en la puerta para evitar que entrasen a sacarla. Otra vecina ha conseguido hoy, después de meses de presión de la PAH a su banco, que le concedan la dación en pago. Si le preguntamos a ellas si la lucha sirve de algo, creo que tendrán algo que decir. En la PAH vemos cómo llega gente desesperada, en ocasiones completamente agotados psicológicamente, muchos de ellos con fuertes depresiones después del acoso al que son sometidos desde la banca, y meses después no sólo han ganado la partida al banco, sino que han recuperado ilusión y ganas de luchar. La alternativa a no presentar batalla es la derrota, la sumisión, la miseria. Luchar no es una opción, es la única salida que tenemos. Hoy habría cientos de estudiantes españoles tirados por Europa de no ser por la rapidísima actuación de todos los frentes de lucha estudiantil, que hicieron al gobierno dar marcha atrás en la suspensión de las becas Erasmus. Y para luchar hay mil motivos. Para un joven que inicia sus estudios, el motivo principal será que no quiere vivir toda su vida en un panorama desolador y de miseria, sometido a los caprichos de los mercados. Para un padre o madre, el motivo es no tener que mirar a la cara a sus hijos dentro de 20 años y decirles que el mundo es una porquería porque no lucharon cuando tocaba hacerlo. Un pueblo que lucha puede vencer. Por eso, desde los medios de comunicación, propiedad de la gran oligarquía internacional, no paran de repetirnos que la lucha no sirve de nada.  No es cierto. La lucha sirve, y la prueba son todos los derechos que tenemos hoy y que pretenden arrebatarnos.

Siendo la situación actual tan dramática y siendo las fuerzas económicas a las que nos enfrentamos tan grandes ¿hay motivos para la esperanza?

A.H. Sí, hay motivos para la esperanza. Es cierto que los enemigos a los que nos enfrentamos son grandes y poderosos pero su poder es ficticio. Es un poder para el cual necesitan la complacencia de la mayoría de la sociedad. El poder económico no se puede equiparar al poder de una sociedad con conciencia y estructurada. Estos poderes lo tienen claro y siempre intentarán deslegitimar la lucha, implantar la desesperanza y el desánimo. Tengo claro que, cuanto más intenten implantar la idea de que la lucha no vale, más motivos debemos tener para unirnos y luchar.

F.M. Decía el Ché Guevara que “Si se nos dijera que somos casi unos románticos, que somos unos idealistas inveterados, que estamos pensando en cosas imposibles y que no se puede lograr de la masa de un pueblo el que sea casi un arquetipo humano, nosotros le tenemos que contestar una y mil veces que sí, que sí se puede. Y tiene que ser así, y debe ser así, y será así”. El enemigo es grande, enorme si se quiere, pero es un gigante con pies de barro. Su poder y su riqueza sale del trabajo de los asalariados. Si los asalariados toman conciencia de que son ellos quienes tienen el poder, y de que su falta de unidad y determinación es la que hace que ese poder les sea usurpado por una clase parasitaria que vive del sudor ajeno y de la miseria de gran parte de la población mundial, no sólo es que haya hueco para la esperanza, es que el cambio social será imparable.