Si tengo un proyecto o un plan ideal pero imposible de realizar estaré ante una Utopía ¿verdad? Esa misma utopía que representa mi mundo idealizado de una sociedad más justa, más equitativa, frente a la brutal realidad en la que me sumerjo día a día y en la que cada vez más me cuesta respirar este rancio espacio de injusticia social. No es nada nuevo para los que defendemos ideologías de izquierdas porque es de sentido común preservar la justicia social.
Yo no voy a inventarme ninguna isla, ni siquiera voy a coger prestada la isla “Utopía” de Tomás Moro. Tampoco voy a comentar sesgos estadísticos o estudios comparativos de épocas anteriores, que no por ello fueron mejores. Tan sólo me limito a describir un sentir por todo este arrasamiento del Partido Popular que, de forma convulsiva, se está produciendo en todas nuestras conquistas sociales, conseguidas a lo largo de mucho tiempo con luchas, movilizaciones e incluso pagando con la propia vida.
Yo quiero enmarcarme dentro de esa inmensa mayoría en la que el hartazgo ha hecho su modo de protesta contra el desempleo, la pobreza, la marginación, la degradación y el abuso de poder de los que nos gobiernan; la globalización, el endeudamiento, la exclusión, la discriminación, la explotación de la clase trabajadora, los desahucios de los más vulnerables, las privatizaciones de los servicios públicos, la intolerancia, las injusticias.
Yo quiero enmarcarme dentro de esa inmensa mayoría que empiezan a mirar de soslayo avistando una sociedad necrosada por políticos corruptos, banqueros impúdicos, y empresarios exprimidores, que van extendiendo sus tentáculos lesionando todos los tejidos de la sociedad. Sí, yo quiero enmarcarme dentro de esa inmensa mayoría que empieza a pensar que nosotros no somos el problema sino que somos parte de la solución.
El problema son ellos, los que conforman la oligarquía financiera y política en nuestro país. Los que han creado una plutocracia alrededor del poder estatal de holding empresariales, que tras financiar a sus partidos están obligados a realizar un clientelismo político, premiándoles con suculentas obras públicas. Son ellos, los que nos gobiernan, los que se entremezclan entre lo público y lo privado, compartiendo información privilegiada, en el mejor de los casos, y en otros, el tráfico de influencias. Ejemplo de ellos son el Presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González y su mujer, Lourdes Cavera. Vicepresidenta de la Patronal madrileña, hasta hace bien poco, quizás dimitió presionada por el propio Ignacio González para no perjudicar esa proclividad que tiene al sillón, aun siendo un ominoso gobernante (la cuestión es que no se sabe cuando la política es empresa o la empresa política). Hay poco o nada nuevo para cambiar inmediatamente estas prácticas soeces, mientras tanto vemos como en su club conjugan el verbo expoliar con la recaudación pública, pero no importa, porque, a costa de los ciudadanos de a pie, saben como llenar de nuevo las arcas con nuevos o nuevas subidas de impuestos, tasas o tributos. No son para invertir en sanidad, educación o apoyar a los menos favorecidos es mejor dejar que el sistema se deteriore, sino son para pagar el rescate de Cajas de Ahorros y Bancos o para despilfarro de obras faraónicas o inútiles, como las radiales de Madrid. Unas infraestructuras abocadas a la quiebra, salvo, que el Estado afronte su rescate de 5.000 millones que saldrían de las arcas públicas. De nuevo sería, el beneficio para unos pocos lo que había pertenecido a todos.
Siempre somos los mismos, con las mismas metáforas que vuelven y desaparecen y que con el tiempo nadie recordará.
La solución somos nosotros. Nadie estamos a salvo. Resulta ser una oportunidad buena para reflexionar, para legitimar un espíritu ético y honesto, para ser escrupulosos con aquellos que actúan ilícitamente.
No vayamos a lo fácil, a las ideologías recurrentes de nuevos partidos de izquierdas que en sus discursos se imponen el carácter apremiante de corregir determinados objetivos políticos buscando salidas de emergencias.
Hay que abarcar mucho más, ser más ambiciosos no hay que mirar solo de frente sino hacia ambos lados, no disgregándose sino sumando. Tenemos que ser capaces de tejer una red de ideología de izquierdas, una unión de la izquierda, con capacidad de concentrar los principios y valores de la justicia social, la igualdad, la libertad, la solidaridad, la honestidad, el pluralismo. Tenemos que tener convicciones políticas y trabajar en una sola dirección, hacia la III República. Necesitamos participar con decisiones vinculantes, no podemos ser la voz oprimida sino el grito transigente en las decisiones políticas. ¡Basta ya! de ser invisibles en los debates públicos.
Estudios realizados por economistas, sociólogos y psicólogos han demostrado que las personas que participan en la toma de decisiones son más felices que los que se limitan a aceptar o aplicar las decisiones de otros, debido a que se sienten responsables del mejoramiento de su calidad de vida. Además, la participación brinda al ciudadano una oportunidad de mayor eficacia en la colaboración. ( Luis Benítez)
Yo quiero enmarcarme dentro de todos aquellos que luchan con la esperanza de lograr un cambio dejando a un lado un nocivo miedo que atenaza y paraliza. Yo quiero enmarcarme dentro de todos aquellos que no renuncian a una España sin corsés, libre de tutelas de reyes y obispos aunque nos tilden de utópicos, extemporáneos o anacrónicos. También lo harían cuando se instauró la II República.
La llegada de la II República trajo grandes esperanzas a las clases populares. La República supuso un nuevo marco jurídico donde podían solucionarse los problemas estructurales que provocaban el empobrecimiento generalizado de los trabajadores. La Constitución de 1931 fue, en esos momentos, la más progresista de Europa, fue el símbolo de la “dignidad” sobre todo para las mujeres.
Hemos vivido, y seguimos viviendo, con la burla de un capitalismo especulativo y rentista, supeditados a la voluntad de los que detentan el poder económico y de sus acólitos, los gobiernos reaccionarios, como el de ahora, que nos infectan de palabras con sonidos que no corresponden con la realidad.
Recurro a toda aquella inmensa mayoría en la que el hartazgo les hace desconfiar de los políticos, y no es para menos, pero existen partidos de izquierdas comprometidos a cambiar el modelo político y social de esta sociedad. Es preocupante y da miedo, por no decir terror, el avanza de la extrema derecha en Europa. No hay más que observar a nuestro país vecino, Francia, y como el Frente Nacional de Marine Le Pen ha incrementado considerablemente los votos en las elecciones municipales recientemente celebradas.
Recurro a toda aquella inmensa mayoría, para que no titubee y vayan a votar y así contribuyan al cambio por su hartazgo, porque quizás esa inmensa mayoría podrían transformar en realidad esta “Utopía”.
NOSOSTROS NO SOMOS EL PROBLEMA, NOSOTROS SOMOS LA SOLUCIÓN