Manual de defensa contra idiotas


Ricardo Molina Pérez

Sobre el memorable discurso del gobernador de Illinois, el demócrata Jay Robert ‘J.B’ Pritzker.

La 165.ª ceremonia de graduación de la Northwestern University de Evanston, Illinois, (Estados Unidos), comenzó bajo un cielo nublado un lunes 12 de junio de 2023 a las 9:00 h. Hubiera sido una celebración universitaria más o menos corriente si no fuera por el memorable discurso que dio durante su desarrollo el gobernador del estado, el demócrata Jay Robert «JB» Pritzker. Desde entonces, el vídeo que recoge dicho discurso se ha reproducido profusamente en las redes sociales (con hasta 3,7 millones de visualizaciones en una de ellas).

ritzker comenzó por citar una línea de Dwight Kurt Schrute III, personaje de la comedia de situación estadounidense The Office: «Cuando estoy a punto de hacer algo, pienso: “¿Eso lo haría un idiota?”, y si la respuesta es afirmativa, no lo hago». Quizá esa sea una buena forma de evitar caer en la estúpida categoría, ya que, evidentemente, a nadie le gusta hacer el idiota. Sin embargo, conviene no buscar constantemente un espejo en los idiotas y elaborar un criterio propio. Al fin y al cabo, para que dicho criterio funcione, debemos «elegir el idiota correcto».

Para el gobernador de Illinois, la mejor forma de encontrar a un o una idiota es buscar a una persona que sea cruel

Y es que, tal como asegura Pritzker en su discurso, el problema es que «algunos idiotas son muy listos; pueden deslumbrarte con palabras y embustes; pueden promocionarse por encima de ti en el trabajo; pueden incluso ser elegidos presidente». Esta última opción, por cierto, desató una oleada de risas, aplausos y vítores entre las familias que asistían a la graduación de los jóvenes estudiantes. A partir de aquí, el discurso de Pritzker se aventura en profundidades verdaderamente edificantes, y clarificadoras a la hora de crearse ese criterio particular para detectar a los idiotas y, sobre todo, defenderse de ellos.

l gobernador comienza por la conclusión: la mejor forma de encontrar a un —o una— idiota es buscar «a una persona que sea cruel». Pritzker retrocede seguidamente a la teoría de la evolución. Afirma entonces que hemos sobrevivido como especie gracias al instinto que nos hace sospechar de aquello con lo que no estamos familiarizados. Por eso, la primera y pronta reacción «de casi cualquiera» ante aquellos o aquellas que hablan, actúan, aman o viven de forma distinta a nosotros, «está enraizada» en ese instinto de supervivencia. Es un pensamiento de temor o de juicio, «o ambos».

Ese instinto animal, ese primitivo impulso al rechazo, es sin embargo opuesto a la empatía y la compasión, «estados avanzados del ser». Es por eso que quienes cometen actos de crueldad, suspenden «la primera prueba de una sociedad avanzada». Porque para ser amable, para ser bondadoso y compasivo —es decir, para no caer en la idiotez—, es necesario sobreponerse a los dictados de ese impulso bestial que teme o juzga al otro, al que es diferente de nosotros. Ahora sí, el gobernador Pritzker finaliza su explicación: durante sus muchos años en la política y los negocios, halló una idea «universalmente cierta», y es que las personas más amables son «a menudo» las más inteligentes.

Durante sus muchos años en la política y los negocios, J. B. Pritzker halló una idea universalmente cierta, y es que las personas más amables son a menudo las más inteligentes

El discurso del gobernador de Illinois —que no es sino una bonita forma de llamar idiotas a los crueles—, resulta decididamente emocionante por su defensa de unos sentimientos positivos que hacen viable y hasta entrañable la vida en la comunidad universal. Sin embargo, quizá por falta de tiempo, se queda corto para desenmascarar a esos —y esas— idiotas de verdad en una cuestión crucial.

Hay numerosas formas de crueldad, a parte de la que establece el diccionario de la Real Academia de la Lengua de manera orientativa, tal vez limitante. En todo caso, Pritzker no pasa de referirse a la crueldad individual, algo nada sorprendente en un país como el suyo, y de advertirnos individualmente para salvaguardarnos de sus consecuencias. Pero si observamos a la sociedad en su conjunto, vemos que hay una forma de crueldad —¿la peor?— que afecta a toda ella. Esa forma de crueldad es la de anteponer a toda costa, sin que importe el sufrimiento causado, el interés propio sobre el de la comunidad. La empatía y la compasión quedan pulverizadas.

Ya estamos en condiciones de dar un paso importante hacia el esclarecimiento del peso de la idiotez en el mundo. Si una de sus peores formas es la de imponer a los demás, con dolor, el interés particular, ¿qué ocurre si es una clase social la que ejerce esa crueldad? En otras palabras, ¿qué ocurre cuando la crueldad así definida —o la idiotez— es una cuestión de clase? ¿Podemos hablar de una «clase cruel»; más todavía, de una «clase idiota»? ¿Qué ocurre si esa clase idiota cuenta con ejércitos idiotas, policías idiotas, televisiones y medios de comunicación idiotas, jueces y juezas idiotas, curas idiotas, redes sociales idiotas…?

Los casos de actualidad en los que se observa el ejercicio de esa crueldad son tan numerosos que sería abrumador hacer un repaso de todos ellos. Citemos al menos dos ejemplos que nos ayuden a entender la cuestión: el reciente caso del Hospital Universitario de Torrejón, centro público madrileño que gestiona mediante concesión administrativa la corporación Ribera Salud; y el de los cribados de cáncer de mama en el Sistema Andaluz de Salud. En ambos, la privatización de servicios públicos ha causado sufrimiento en la sociedad. ¿Y no es acaso la privatización una forma evidente de imponer el interés particular sobre la comunidad?

Entonces, ¿cómo podemos defendernos de esos idiotas de la clase cruel que imponen con dolor su interés sobre los demás? Lo cierto es que parece no haber escapatoria, parece imposible para quienes no pertenecemos a esa clase, que lleguemos a evitar a sus poderosos idiotas. En todo caso, en vez de darles la espalda como si no fuera con nosotros, debemos hacerles frente como comunidad, de todas las maneras posibles, igual que lo hace a través de los micrófonos el empático y compasivo gobernador JB Pritzker. Y una de las pocas herramientas de que disponemos para ello es la política. Así pues, es hora de que la política haga frente a los —y las— idiotas.
 

Fuente: Nueva Tribuna

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