Republicanos ha participado en la multitudinaria manifestación que esta mañana ha recorrido las calles de Valencia en la que miles de ciudadanos han coreado lemas en contra de las políticas de recortes, del paro y de los desahucios y en pro de la lucha, la unidad y la república.
Aunque el gobierno, en contra de las previsiones de destacados economistas, insiste en extraer grandilocuentes conclusiones de cifras sesgadas y proclamar que estamos saliendo de la crisis existen varias evidencias; el número de parados es insoportable para nuestra sociedad, el escaso empleo que se dice crear no tiene la más mínima calidad, las condiciones laborales y vitales de la clase obrera y del conjunto del pueblo empeoran a marchas forzadas (descensos salariales, pérdida de derechos, desahucios,…etc.) y los derechos democráticos son laminados por la deriva cada vez más cercana al golpismo del gobierno del PP. Seguir leyendo Republicanos en el 1º de mayo en Valencia


Nací, crecí y estudié en un barrio de pijos. A mi pesar, conozco ese ambiente, con sus fobias, tics, manías y patologías. Vivía entre Ferraz y Pintor Rosales, una zona residencial del barrio de Argüelles. Estudié en el Fray Luis de León, un colegio católico con curas que exaltaban a Franco y nos molían a palos con cualquier pretexto. Pasaba los veranos en una exclusiva urbanización del Mediterráneo, que se promocionaba regalando apartamentos a los capitostes del franquismo. Carrero Blanco, Suárez y Carmen Franco y Polo aceptaron el obsequio y algunos se pasearon por sus playas, comercios y restaurantes, con su séquito de guardaespaldas y mayores o menores dosis de ostentación. Mi padre murió cuando yo tenía ocho años y la pensión de mi madre apenas nos permitía llegar a fin de mes. Afortunadamente, el piso de Argüelles, con vistas al Parque del Oeste, era de renta antigua y el alquiler muy bajo, pero vivíamos debajo de un ático y las goteras convirtieron la vivienda en una cueva, con grandes manchas de humedad y un frío que penetraba en los huesos. Mi madre conservaba algunas joyas de mi abuela y las empeñaba una y otra vez para abonar las facturas. El recuerdo de sus excursiones al Monte de Piedad aún me produce abatimiento. Al final, vendió las joyas, pero gracias a eso mi hermana y yo pudimos estudiar en la universidad y preparar unas oposiciones, consiguiendo plaza como profesores de secundaria. 



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