España. Año 2050. El Derecho del Trabajo ya no se estudia en las Universidades. No es necesario porque no hay legislación laboral que aplicar. Los convenios colectivos, los contratos, la regulación horaria, todo ha desaparecido, y cada empresa dispone ahora de su propio código al que los trabajadores deben atenerse. Los obreros son contratados y despedidos a voluntad de los empresarios. Las indemnizaciones por despido han desaparecido, al igual que los seguros de enfermedad, maternidad y las pensiones de jubilación. La educación y sanidad públicas son un recuerdo de tiempos pasados, un tema para arqueólogos.
Millones de parados hundidos en la miseria pueblan las ciudades, a pesar de las redadas que la policía lleva a cabo periódicamente contra los mendigos, a quienes el gobierno considera delincuentes. Las prisiones han dejado lugar a los campos de internamiento para los que oficialmente son considerados un peligro público. La pobreza es delito.
Los sindicatos están prohibidos, aunque algunos afiliados trabajan en la clandestinidad, intentando reconstruir organizaciones y redes de solidaridad. La huelga es ilegal y se castiga con duras penas de cárcel. Seguir leyendo ¿CIENCIA FICCIÓN?, por Carlos Hermida







Republicanos ha realizado la presentación “Para esto sí que hay dinero… (cuento real como la vida misma)” sobre las andanzas del Ministro de Defensa, Morenés, entre empresas de producción de armas y cómo con dinero de todos, rescata la última en que estuvo.
Cuando empieza a narrar la tiranía de Caracalla, dice Edward Gibbon que, hasta entonces, los romanos habían contado con la peculiar ventura, y en los peores tiempos con el consuelo, de que en la virtud sus emperadores habían sido activos; y en el vicio, indolentes (“it had hitherto been the peculiar felicity of the Romans, and in the worst of times the consolation, that the virtue of the emperors was active, and their vice indolent”).

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