Alguien dijo en el pasado siglo que, con el tiempo y por lógica aplicación del sentido común, los únicos reyes que quedarían sólo tendrían cabida en la baraja de naipes.
No estaba muy desencaminado puesto que, desde entonces, muchas de estas caducas y trasnochadas instituciones han desaparecido del mundo moderno. Pero, sin embargo, otras nuevas, han conseguido a través de diversas pantomimas y artilugios políticos que sus corroídas y oxidadas puertas se abran antes los atónitos ojos de los nuevos vasallos.
Uno de estos flagrantes e inolvidables –la historia pondrá en su sitio a cada cuál- hitos “democráticos” es el vergonzoso e ignominioso caso de España.
La herencia franquista –Julio de 1.969- pretende perpetuar en una familia, en una casta, la máxima autoridad legal, ética y moral que debe tener un país que mínimamente quiera considerarse democrático: su Jefatura de Estado. Salvo los cortos años de los dos períodos republicanos, los españoles no han dejado de ser vasallos de una determinada rama familiar o bien, siervos y esclavos de un dictador sanguinario. Nunca, excepto el tiempo que España fue republicana, los españoles pudieron considerarse ciudadanos y, mucho menos, libres para elegir su destino como sería lo lógico y lo que las reglas de la racionalidad dictan en pleno siglo XXI. Seguir leyendo Los reyes…en la baraja, por Gabriel Alcolea →
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