El año próximo cumplirá los noventa. Es un viejecito adorable y es la mejor persona que he conocido. Jamás en su vida hizo daño a alguien y ayudó a cuantos se lo pidieron, siempre que pudo, y eso que tuvo motivos para odiar a mucha gente desde su miserable niñez.
Después, con los años, fue abducido y debidamente dormido por el más peligroso arma que existe para al ser humano: el miedo y su consecuencia, la resignación, hasta el punto de que hasta el día de hoy, a pesar de que hemos tratado de mostrarle la realidad de esta mísera vida y lo que hace que así sea, sigue con su letargo y, me temo, que no tiene solución ya: sigue votando a la derecha, a esos que le han hecho la vida -y la de los suyos- un verdadero calvario.
El pobre hombre, es tan simple como bonachón y tiene siempre esta frase para nosotros: “No se debe –ni se puede- luchar contra el capital, contra los ricos, contra los poderosos. Sin ellos no hay trabajo. Dejarles que manden y nunca faltará la faena”. Seguir leyendo ¡¡Ay, si no fuera por los ricos!!, por Gabriel Alcolea →
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