Conocer por dentro la Unión Europea de Radio y Televisión no me impresionó. Mucho lujo y poca gracia.
Corría el año 1973 y en Radio Nacional de España consideraron que debían enviarme a ese organismo, como experto en programas musicales y aprendiz de políglota. Los pocos “rojos” que no sabíamos disimular en Prado del Rey, pudimos escuchar, incluso por boca de algunos funcionarios, que al régimen le quedaban pocos años.
Pero ninguno de nosotros imaginó que el franquismo sobreviviría decenios y que en 2016 seguiría enquistado en esta “democracia” vigilada, donde la tortura y el maltrato en comisarías, cuartelillo de la Guardia Civil y cárceles, sigue siendo una costumbre que el ministerio de Justicia ignora voluntariamente.
En la UER supe por boca de varios colegas de la BBC y la DW alemana, que RTVE había comprado el festival de Eurovisión por órdenes de Manuel Fraga Iribarne, ex ministro del ramo, cuando Juan José Rosón fungía como director de la emisora pública.
Un amaño patriotieril para “compensar” el berrinche de aquel hijo de Hitler llamado Franco.
En 1968, el “La, la, la” del Dúo Dinámico, lograba el premio del certamen más hortera de la historia, que en versión de Massiel invisibilizó la espantada político-cultural de un Serrat insólito en aquel concurso.
En 1981, ante las cámaras de RTVE, tras 13 años de veto, el Nano regresaba a la pequeña pantalla en mi programa “Música, Maestro” y con una sonrisa cómplice reafirmaba la corruptela eurovisiva.

En 2016, otro régimen tan fascista como aquel, léase el ucraniano, un asesino como Franco, Piotr Poroshenko protegido por la UER (Union Europea de Radio y Televisión) y la UE, entregaba el cheque millonario a los jurados de las TV del continente, para que una nieta de un combatiente nazi (del que se sienta orgullosa) ganara ese festival para descerebrados/as.

. Del “La, la, la”, al “Heil, Heil, heil”, que es el slogan que más agrada a los máximos responsables de la Unión Europea.
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