Julián Borderas, el sastre que cosió la primera tricolor


Un pequeño modisto que luego sería dirigente del PSOE en el exilio zurció en su taller la bandera roja, amarilla y morada que ondeó en Jaca durante el fallido levantamiento de Galán y García, cuya brutal represión convirtió la enseña en un símbolo del republicanismo

La bandera tricolor nació como emblema republicano en el Pirineo cuatro meses antes de que el 14 de abril de 1931 fuera izada en Éibar. La cosió Julián Borderas, un personaje tan fundamental como poco conocido del republicanismo y el socialismo españoles, en la sastrería que regentaba en Jaca (Huesca), en el balcón de cuyo ayuntamiento ondeó durante el día y medio que duró el fallido levantamiento de los capitanes Fermín Galán y Ángel García.

Fue el primero de ellos, cercano al anarquismo y con el que mantenía una estrecha relación política y personal, quien le pidió que la cosiera dentro de los preparativos que, de haber salido adelante sus planes, debían haber finiquitado el reinado de Alfonso XIII a partir del 12 de diciembre de 1930.

La chapucera descoordinación del Comité Revolucionario estatal, con la guinda de Santiago Casares Quiroga, que sería presidente del Gobierno en 1936, yéndose a dormir tras llegar a Jaca horas antes de la asonada en lugar de alertar a los conjurados de que esta se aplazaba tres días, condenó al fracaso el pronunciamiento de los capitanes. Sin embargo, la brutal represión del levantamiento, aceleró, en lugar de posponerla, la caída del régimen: “La monarquía cometió el disparate de fusilar a Galán y García Hernández, disparate que influyó no poco en la caída del trono”, escribió Manuel Azaña.

“Los hechos de Jaca contribuyeron a la popularización de la bandera”, explica el historiador Enrique Sarasa, premio de Ensayo e Investigación de Aragón en 2009 con un trabajo sobre Borderas, fundador del PSOE oscense y primer diputado altoaragonés de esa formación. “El mal fin de la sublevación y los ataques que recibió la bandera tras esta fecha desde la prensa monárquica consiguieron que esta adquiriera un papel simbólico mucho mayor entre los defensores de la república”, señala.

Julián Borderas, primero por la izquierda, durante su encarcelamiento en la prisión de Jaca tras el fallido levantamiento de Galán y García. / Enrique Sarasa

Julián Borderas, primero por la izquierda, durante su encarcelamiento en la prisión de Jaca tras el fallido levantamiento de Galán y García. / Enrique Sarasa

El origen de la franja morada

Los capitanes se convirtieron en símbolos del republicanismo, como la tricolor roja, amarilla y morada de Borderas, cuya franja inferior avalaría oficialmente 27 días después el Gobierno de Niceto Alcalá Zamora como un reconocimiento a Castilla al fusionar su pendón con el de la Corona de Aragón, cuya bandera marítima había derivado en enseña estatal en el siglo XIX. Sin embargo, esa argumentación incluye un error, ya que los reyes de Castilla nunca usaron pendones morados y los comuneros se identificaban, en realidad, con el rojo carmesí.

“Una versión bastante extendida y que han defendido algunos historiadores asegura que Borderas fue el autor de la bandera republicana”, explica Sarasa, que sostiene que “la creación de la bandera tricolor data de algún tiempo atrás y, según se ha afirmado, parece que ya funcionó durante los años de la Primera República”. En este sentido, anota que un artículo publicado en 1931 en el semanario republicano-socialista “Jaca”, en cuya edición participaba el propio sastre, “se dice que Borderas la confeccionó a partir de la descripción que de la misma aparecía en una enciclopedia”.

Sin embargo, tampoco está documentado que la bandera roja, amarilla y morada hubiera sido utilizada en épocas anteriores en España. Entre los posibles antecedentes de la inclusión de este último color destacan tres: su uso por liberales que se levantaron contra el absolutismo en el siglo XIX, como el general Rafael del Riego o Mariana Pineda; la propuesta, sin éxito, de varios concejales del Ayuntamiento de Madrid para que la Primera República adoptara en 1873 una tricolor como la que el sastre jaqués cosería seis décadas después, y la identificación con él de algunos círculos republicanos durante el Sexenio Revolucionario de 1868 a 1874.

“Fue uno de los que siguieron presos hasta el 14 de abril”

No obstante, la participación de Borderas en actividades políticas fue mucho más allá de haber cosido la bandera tricolor que el 12 de diciembre ondeó en Jaca.

Nacido en 1899 en Bescós de Garcipollera, en el prepirineo, sus padres lo colocaron de adolescente con un sastre itinerante que le enseñó el oficio mientras recorría los pueblos de medio Aragón. Contactó con las ideas revolucionarias en Zaragoza, donde hizo el servicio militar en la segunda década del siglo XX, a través del anarquista Ángel Chueca. Y amplió conocimientos en ambos campos, la aguja y la política, en sendas estancias en Madrid y París antes de regresar a Jaca para hacerse cargo de su madre y su hermana al morir su padre y abrir su sastrería en 1923.

“Nace en un contexto en el que las diferencias sociales son muy acusadas y el crecimiento personal del sector más humilde de la sociedad era muy difícil”, indica Sarasa, y en el que “doctrinas como el republicanismo y, sobre todo, el socialismo y el anarquismo se ofrecieron para muchos españoles como una salida para esa situación”.

Un año después ingresó en el PSOE y seis más tarde pasaría cuatro meses en prisión por su participación en el pronunciamiento de Galán y García. “Él fue uno de los que permaneció en prisión hasta el 14 de abril de 1931, siempre con el miedo de que el juicio que debía celebrarse acabara con el peor de los finales”, anota el historiador.

Prisión, guerra, exilio y campos de concentración

“De cualquier forma –añade-, eso no le impidió seguir haciendo política desde la prisión y escribir artículos en defensa de la república. De hecho, sus correligionarios trataron de presentarlo como candidato de la convocatoria electoral del 12 de abril”. Cinco años más tarde, en febrero de 1936, conseguiría, con 47.582 votos, la primera acta de diputado de ese partido en Huesca.

Durante la guerra civil fue comisario político en varias unidades militares y participó en la última sesión que el Congreso de la Segunda República celebró en el castillo de Figueres el 1 de febrero de 1939.

Para entonces, Borderas, afin a Largo Caballero en el inicio de su trayectoria política, llevaba año y medio alineado con las tesis de Indalecio Prieto, con quien trabaría una estrecha amistad durante su exilio común en México, a donde el sastre llegó en noviembre de 1941, tras pasar por campos de concentración en Francia y el norte de África; desde donde sería secretario y vicepresidente del grupo Socialista en el exterior y desde donde apoyó las posiciones internas de Felipe González y Alfonso Guerra en los últimos años del franquismo.

“Para los republicanos, Borderas fue diputado desde 1936 hasta la llegada de la democracia a España”, apunta el historiador.

Sastre de exiliados, políticos y el primer cosmonauta

Borderas apenas dejó de coser durante su breve etapa como diputado. Había seguido haciéndolo durante la mili, durante la guerra y en los campos de castigo, y volvió a enhebrar las agujas en su exilio, donde su cartera de clientes incluía a Indalecio Prieto, al ministro de Educación Agustín Yáñez y, también, al astronauta soviético Yuri Gagarin, el primer cosmonauta que viajó al espacio exterior, durante sus estancias en México en los años 60.

“Fue conocido por ser el sastre de los exiliados”, explica Sarasa, que destaca cómo “entre sus clientes podemos encontrar desde españoles de familias humildes que vivían en México a destacados políticos”. “Aunque intentó otros negocios, estos no le salieron bien”, por lo que “se dedicó a las labores de la aguja, y a ellas estuvo entregado hasta pocos días antes de su fallecimiento” en 1980.

“Siempre me ha llamado la atención la fidelidad a su ideario, que, para mí, ni fue impostado ni estuvo destinado a la galería política. Realmente, creía en todo ello y estaba convencido de que era posible modificar el mundo desde la política”, indica Sarasa, para quien “de hecho, fue esa fidelidad la que le llevó a sufrir dos veces cárcel y, también, la que le llevó a estar en dos campos de concentración” en la Segunda Guerra Mundial y a vivir durante casi diez años alejado de su mujer”, que pasó casi tres años presa por el mero hecho de estar casada con él, y de sus dos hijos.

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