España: El menosprecio a los militares demócratas mientras se ensalza a los franquistas, por Luis Gonzalo*


El 22 de mayo de 2018 fallecía Luis Otero, una de las figuras, militares o civiles, más importantes que han existido en este país en los últimos ochenta años. Lo hacía acompañado y arropado por su mujer, sus familiares y sus amigos, pero desvalido de la admiración y el respeto de una sociedad que hasta sus últimos días le condenó al ostracismo.

Luis fue uno de los fundadores de la Unión Militar Democrática y durante los estertores del franquismo desafió la dictadura y soñó con mojar la pólvora de los cuarteles y devolver el poder al pueblo. Por ello, merecía mucho más. Al igual que Miguel Bouza, al igual que tantos otros. Porque ellos se declararon demócratas en un tiempo en el que los progresistas caían por las ventanas, sufrían extraños accidentes camino de las comisarías, eran torturados, y violadas si eran mujeres, o terminaban en el paredón o con la sien abierta.

Por todo lo que hicieron, por su gallardía, por sus valores democráticos y por su valentía los militares demócratas, y Luis era uno de los más importantes, merecían haber dirigido las Fuerzas Armadas, merecían haber ilustrado a los futuros oficiales y merecían haber reconciliado al Ejército con el Pueblo. No les dejaron.

Y ello nos debe hacer reflexionar profundamente: ¿Pueden unas Fuerzas Armadas ser demócratas sin demócratas reconocidos? ¿Pueden unas Fuerzas Armadas que repudian militares demócratas estar al servicio de la ciudadanía? ¿Puede un rey, ya sea Felipe VI o Juan Carlos I, ser demócrata rodeado de franquistas al tiempo que abomina de los militares demócratas? ¿Puede España ser una democracia si la mayoría de sus ciudadanos ni siquiera saben quiénes son y quiénes fueron los militares de la UMD? Me temo que todas las cuestiones planteadas confluyen en la misma inquietante respuesta.

Tenemos que cuestionarnos por qué Juan Carlos I y Felipe VI muestran tanto respeto por la dictadura y el dictador, al que han llegado a loar en algunas ocasiones de forma bastante indecente, y tan poco respeto por los militares demócratas. Hay que preguntarse por qué la mayoría de militares no tienen ni la más rematada idea de quién fue Luis Otero y quiénes fueron los militares demócratas que junto a él lucharon contra la dictadura. Hay que preguntarse por qué en las escuelas los alumnos no son ilustrados al respecto o por qué no hay calles, plazas y monumentos que recuerden a estos valientes y honestos militares, mientras el franquismo lleva décadas plácidamente instalado en la toponimia y en una gran cantidad de glorietas, avenidas y monumentos de esta España fallida. Hay que preguntarse por qué Felipe VI y Juan Carlos I tienen tiempo para departir con sanguinarios dictadores, pero ni siquiera recuerdan a los demócratas. Hay que preguntarse por qué narices el Partido que se autoproclama Socialista, Obrero y Español repudió a los militares demócratas y les impidió en las postrimerías de los años ochenta reincorporarse en las Fuerzas Armadas y dirigirlas, pero la década pasada ascendía a golpistas hasta convertirlos en general. Hay qué preguntarse por qué el Partido Popular indulta y asciende a puestos de honor a torturadores en lugar de velar por los demócratas.

Y hay que hacerlo porque hay toda una España, la del PP, PSOE y Ciudadanos, que se enorgullece de la democracia mientras se reparten títulos honoríficos a los descendientes de Franco, se han creado grupos paramilitares para asesinar ciudadanos o se ha militarizado la Justicia para solucionar los problemas políticos.

“Una democracia fallida”

Lo cierto es que no, España no es una democracia. Si lo prefieren, digamos que es una democracia fallida. Porque si lo fuera, la familia Franco no seguiría residiendo en las condiciones en las que lo hace en nuestro país. Si lo fuera, los herederos del dictador no serían los jefes del Estado. Si lo fuera, las cunetas no estarían repletas de cadáveres y España no sería el segundo país del mundo tras Camboya con más desaparecidos. Si lo fuera, España no sería una vergüenza jurídica en Europa ni estaría atestando las cárceles de presos políticos. Si lo fuera, todos sabríamos quién fue Luis Otero y hoy sentiríamos el pesar de cualquier ciudadanía que pierde a un héroe.

Porque aunque muchos no lo sepan, Luis fue un héroe y muchos trabajaremos para que jamás se olvide su figura y para que las generaciones venideras le recuerden como se merece. Luis no fue de los que simpatizaba en cuartuchos oscuros con la democracia al tiempo que servía fielmente a los herederos franquistas, eso lo hicieron otros que llegaron a las cotas más altas del generalato. Luis fue de los que fueron sacados a punta de metralleta de su domicilio, de los que fueron conducidos al presidio sin saber si terminaría sus días en uno de los desgastados muros franquistas. Luis fue de los que recibió una condena diez veces mayor que la sufrida por los golpistas Tejero e Ynestrillas (en la maravillosa transición que parió la democracia, que suele narrarse). Luis fue un héroe.

Honrémosle como se merece, honrémosle como la democracia fallida en la que vivimos no lo hace ni lo hará nunca porque su solo recuerdo le provoca la repulsión del monstruo que se mira al espejo. Honrémosle recordando y cuidando su legado, hagámoslo porque los reyes, Felipe VI y Juan Carlos I, están entretenidos con sus amigos franquistas y sus sanguinarios socios.

*Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España

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