Combatir al fascismo en las calles, por César Jara


Hablemos claro: no se detiene el avance de las hordas fascistas con meros discursos grandilocuentes, declaraciones parlamentarias ni con debates en redes sociales.

Al fascismo se le combate y se le derrota en las calles, cortando de cuajo sus amenazas y acciones violentas y no dejando que se haga dueño, con su iniciativa del miedo de esos espacios públicos.

Lo digo porque, en los últimos días, al socaire de algunos episodios provocadores de grupos violentos fascistas, surgen voces desde la izquierda acomodada y reformista, en el sentido de que se diluirá casi como un azucarillo por inercia social y por desafección electoral, dicen, como pasó en Grecia con Amanecer Dorado, la formación nazi que hace unos años irrumpió en el parlamento con la misma fuerza que Vox en España.

Olvidan quienes dicen tales bobadas que en Grecia hubo y hay contrafuerzas de acción directa popular, en las calles, plantando cara a las bestias pardas del siglo XXI, fundamentalmente comunistas y anarquistas, muy organizados y con amplio respaldo en barrios y pueblos de extracción obrera.

Si hace pocos días, a las pocas horas de su auge electoral, elementos fascistas ligados a Vox se han atrevido a derribar y mancillar la estatua dedicada en Rivas Vaciamadrid, en mi querido barrio de COVIBAR, a Dolores Ibárruri, la Pasionaria, es en gran parte por la ausencia de respuesta a tan vil acción, no sólo desde cierta dejadez de las fuerzas de seguridad y las autoridades gubernativas (del PSOE), sino de las organizaciones de izquierda locales.

Vienen tiempos duros, muy duros, y ojalá me equivoque pero este fascismo desbocado, envalentonado, casi sin freno, busca sangre, busca muertos y ante ese panorama sólo hay dos opciones: o confiar en que el próximo gobierno parido entre la vieja y la nueva socialdemocracia actúe con firmeza, con una policía plagada de elementos fascistas, o que se dé respuesta puntual, proporcionada y contundente a cada episodio violento y provocador.

Quien me quiera tildar de exagerado y extremista que se lo haga ver y que relea libros de historia; Alemania, 1929 a 1933. Hitler y sus nazis llegaron al poder tras años de uso de la fuerza y el terror, sin apenas resistencia desde un gobierno socialdemócrata débil, más empeñado en contener a un movimiento obrero organizado y revolucionario que a la bestia parda.

Luego, ya fue muy tarde; primero acabaron con los comunistas, después con todos los demás oponentes demócratas y liberales.

Creo que salvando distancias estamos en un ciclo histórico similar y media Europa está ya gobernada o casi en manos de fuerzas fascistas o ultrarreaccionarias y no cabe ponerse de perfil o pensar ingenuamente que es una moda pasajera.

Al fascismo se le combate y derrota en las calles; la lucha está en la calle, no sólo en el parlamento. En la calle y en los grandes centros de trabajo y en el seno de la misma sociedad.

O la terrible historia se ha de repetir. Esta vez, con una izquierda mayoritariamente débil y poco proclive a la lucha.

Crónica Popular

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