¿República o Monarquía?, por Joseba Santamaría


Cuando se cumplen tres años del apresurado y opaco relevo en la cabeza de la Casa Real española ante la deriva de la institución entre los problemas de salud del anterior rey, los sucesivos escándalos públicos por sus andanzas privadas y el alto coste de los casos de corrupción que han afectado a relevantes miembros de su familia, el Parlamento de Navarra reclama una consulta a la ciudadanía para decidir democráticamente entre República y Monarquía.

Es una posición política legítima que refleja la mayoría de la Cámara foral y que coincide también con la posición de la mayoría de los navarros y navarras, que en sucesivas encuestas han mostrado su desapego al modelo monárquico.

Porque al igual que impusiera el dedo del genocida Franco a Juan Carlos de Borbón como jefe del Estado tras obligarle a jurar los Principios Fundamentales de aquel régimen dictatorial, el dedo de Juan Carlos decidió el nombre de su hijo Felipe -quien ayer se dio el paseo de propaganda de cada año por Navarra- para sucederle. Es precisamente la falta de legitimidad democrática de la Monarquía -un modelo vitalicio y hereditario- la mayor losa de su pérdida de credibilidad y apoyo social.

Ahora sabemos que Suárez evitó la pregunta sobre Monarquía o República en 1978 porque las encuestas que manejaba su Gobierno apuntaban a un claro triunfo del republicanismo. No sé si seguirá siendo así ahora, pero mientras la Monarquía -que conforme transcurre este siglo XXI resulta más anacrónica- no se someta a la libre voluntad de la sociedad en un referéndum, esa falta de legitimidad seguirá ensombreciendo su imagen, la credibilidad de su discurso y la validez de su papel institucional.

Negar la palabra a los ciudadanos rebajando su condición civil a la de meros súbditos es un retroceso democrático.

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