Franco devuelve el rojo y gualda a la bandera de España, sin el águila


El 30 de agosto la Junta de Defensa Nacional que presidía el bando rebelde publicó el decreto que instauraba la ‘bicolor’ de antes de la II República.

Los miembros de la junta golpista, Miguel Cabanellas, Francisco Franco, Emilio Mola y Andrés Saliquet.

“El movimiento salvador de España, iniciado por el Ejército y secundado entusiásticamente por el pueblo, fundidos en el fervoroso anhelo de reanudar su gloriosa Historia, ha sido presidido espontánea y unánimemente por el restablecimiento de la tradicional bandera bicolor roja y gualda”. El decreto de la Junta de Defensa de Burgos firmado por su presidente, el general Miguel Cabanellas, hace 80 años, hacía retornar los viejos colores de la enseña al territorio controlado por los nacionales. La bandera se limitaba, de momento, a las tres franjas.

Todavía no había rastro del águila de San Juan que representaría al régimen. Franco aún no había sido nombrado jefe del nuevo estado y comandante de todos los ejércitos, pero había sido el impulsor de la nueva bandera durante un discurso en Sevilla dos semanas antes junto a Queipo de Llano y Millán Astray. La “tradicional bandera bicolor” según los miembros de la Junta de Defensa, había servido como enseña desde 1785 por orden del rey Carlos III. Era heredera del pabellón naval, que incluía el escudo de España con la corona y que se había adoptado para distinguirse de la antigua insignia de los borbones de color blanco que se confundía con la de otras monarquías.

La bicolor había sufrido algunas variaciones a lo largo de los años,-durante la Priemra República se eliminaron símbolos reales- lo que no ocultaba el verdadero deseo de los militares rebeldes de distinguirse definitivamente de la Segunda República y la efímera bandera tricolor del rojo, amarillo y morada. Muchos conservadores y partidarios de la restauración entendieron una vuelta al orden de la corona, que se ratificó el 13 de septiembre con la inclusión del escudo de España y el símbolo real, como había sido tradición antes de la Segunda República. La ordenanza explicaba que las dimensiones y forma debían ser las mismas que antes del periodo republicano.

“Sólo bastardos, cuando no criminales propósitos de destruir el sentimiento patriótico en su raíz, pueden convertir en materia de partidismo político lo que por ser símbolo egregio de la nación está por encima de parcialidades y accidentes. Esta gloriosa enseña ha presidido las gestas inmortales de nuestra España; ha recibido el juramento de fidelidad de las sucesivas generaciones; ha ondeado los días de ventura y adversidad patrias, y es la que ha servido de sudario a los restos de patriotas insignes que, por servicios prestados a su país, merecieron tal honor”, exhortaba la proclama nacional.

La exaltación nacional como pilar fundamental de la simbología franquista y la referencia al pasado glorioso se verían en parte truncadas dos años después. Franco decidió, en febrero de 1938, instaurar el definitivo escudo del águila, que estaba inspirado en el de los Reyes Católicos y tenía una clara connotación imperial, pero que no continuaba con la que había sido la representación de la enseña nacional dictada por Carlos III; la ilusión de una restauración monárquica se había desvanecido. Mantenía el escudo del periodo de Alfonso XIII pero sobre el águila de San Juan. Al finalizar la guerra se hizo oficial el escudo de armascompleto de los Reyes Católicos. No se abandonaría salvo una leve modificación hasta 1981, seis años después de la muerte de Francisco Franco.

EM

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