El nacional-catolicismo sigue vivo: La Iglesia beatifica en Vistalegre a ‘sesenta mártires’ de la Guerra Civil


La iglesia sigue beatificando a sus “mártires” de la guerra civil, a lo grande, en edificios públicos y sin ningún recato. Una ceremonia que sólo se puede calificar de nacional-catolicista.

El cardenal Angelo Amato, en la beatificación de 60 “mártires” vicencianos de la Guerra Civil

La iglesia sigue beatificando a sus “mártires” de la guerra civil, con todo el fasto, en edificios públicos y sin ningún recato. Una ceremonia que sólo se puede calificar de nacional-catolicista. Una iglesia que dio apoyo a la criminal “Santa Cruzada” franquista, que se hizo cómplice de los crímenes del franquismo y que todavía mantiene los privilegios seculares que la República cuestionó y que el régimen dictatorial le restituyó.  Mientras tanto cientos de miles de víctimas del franquismo -y de la iglesia cómplice de él- siguen en las cunetas, mientras el régimen borbónico, escudándose en la “ley de amnistía”  de 1977 -cuyo nombre debería ser “ley de punto final”- sigue protegiendo los crímenes del franquismo y su ‘bienatado’ legado.

Reproducimos íntegramente la noticia del diario ultraderechista ABC dando cuenta de la ceremonia. 

La ceremonia, a la que asistieron 3.000 fieles, estuvo presidida por el cardenal delegado del Papa y el arzobispo de Madrid

La Iglesia Católica beatificó ayer a 60 mártires de la Familia Vicenciana asesinados durante la Guerra Civil española en una ceremonia que se celebró en el Palacio de Vistalegre con la presencia de los arzobispos de Madrid, Carlos Osoro, y de Valencia, Antonio Cañizares, informa Efe

Ante más de 3.000 fieles, y la presencia del consejero de Administración Territorial Pedro Rollán, el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano, ofició la ceremonia y calificó de «página oscura contra personas indefensas e inocentes» el período vivido en España entre 1936 y 1939. Amato resaltó que «son 60 los mártires que hoy el Papa Francisco eleva al honor de los altares» e incluyen sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos», asesinados «por ser católicos».

El cardenal insistió en que «en aquellos años, abandonada la idea de fraternidad, de respeto a las ideas y a la vida de los demás, en muchos lugares reinaba el hostigamiento y la arbitrariedad más absoluta con el único objetivo de aniquilar a la Iglesia católica». Por ello, agregó: «Los lugares de culto fueron incendiados, los conventos clausurados, las escuelas ocupadas y la gente encarcelada y asesinada». «No hubo ningún respeto por la libertad y la dignidad de las personas. Fue una tormenta que azotó violentamente la nación, cubriéndola de polvo, de humo y cadáveres. Fue una macabra exaltación del mal y del odio». A juicio de Amato, los mártires respondieron a esta persecución «ciega e inhumana» como les había preparado su fe «para el supremo sacrificio de su vida por Cristo».

Familia Vicenciana

Los arzobispos de Madrid y Valencia agradecieron al Papa la beatificación de estos mártires que «derramaron su sangre en defensa de la fe».

Los nuevos beatificados pertenecen a la Familia Vicenciana y entre ellos hay 40 misioneros paúles –veinticuatro sacerdotes y dieciséis hermanos–, dos hijas de la Caridad, trece laicos de las asociaciones vicencianas y cinco sacerdotes diocesanos de Murcia, asesores de esas asociaciones.

La mayoría de ellos (39) murieron en Madrid entre los meses de julio y diciembre de 1936. Cinco lo hicieron en Barcelona, uno en Gerona, tres en Valencia y doce en Murcia.

Para el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, estos sesenta mártires dieron su vida por amor a los demás y para construir un mundo sin rencores ni envidias. La beatificación coincide con el 400 aniversario del comienzo de carisma vicenciano en la Iglesia.

ABC