Los segovianos que apostaron su vida por la libertad


La hija del segoviano José Marinero Sanz, Pilar, no conoció las aventuras y luchas de su padre para alcanzar la libertad hasta el fallecimiento de este, en 1963. Fue uno de los tres presos republicanos del fuerte de San Cristóbal de Pamplona que logró cruzar la frontera francesa. El resto de fugados, un total de 792, se quedó por el camino.

Pasaporte de ailado en México de José Marinero. / E. N.

Las fuerzas franquistas mataron a 206 en los montes navarros y capturaron a 586 (entre ellos a 14 organizadores de la fuga, que fueron fusilados en agosto). La huida de los tres castellanos que pisaron suelo francés (el segoviano Marinero, el leonés Jovino Fernández y el salmantino Calixto Carbonero) se ha convertido en una de las muchas historias personales ocultas que entraña la Guerra Civil Española.

De los 795 reclusos que escaparon, 76 eran segovianos y 300, castellanos y leoneses

Con la intención de abordar y esclarecer estas cuestiones, este sábado se celebró en la localidad segoviana de Cuéllar una charla con el escritor Fermín Ezkieta, autor de ‘La fuga del monte Ezkaba’. En este ejemplar relata cómo se planeó la huida y qué fue de aquellos 795 prisioneros que decidieron jugarse la vida por la libertad. Ezkieta explica, para contextualizar la historia, que en la famosa ‘Gran Evasión’ que relata la película protagonizada por Steve McQueen sólo escaparon 76 personas.

Del fuerte San Cristóbal de Pamplona, donde retenían a casi 2.500 presoshuyeron diez veces más. La noche del 22 de mayo de 1938, «cuando la guerra ya estaba bastante avanzada», tal y como asegura Ezkieta, en torno a las 19:30 horas, escucharon ruidos y movimientos extraños procedentes del cuerpo de guardia. Un grupo de 50 prisioneros consiguió hacerse con el control del fuerte, sorprendiendo a los centinelas y a la mayoría de presos, que desconocían sus intenciones. Con la frontera francesa a 50 kilómetros, un grupo de 795 decidió intentar salir de España.

«Sufrían una gran represión», subraya el escritor. El resto, bien porque no se veía con fuerzas o con ánimo, se quedó. «Estaban débiles. Vivían en condiciones muy malas y algunos padecían enfermedades como tuberculosis», continúa.

La mayor fuga de la historia europea

Los segovianos desempeñaron un papel destacado en el fuerte de San Cristóbal. Entre 1938 y 1943, un total de 300 sobrevivieron entre sus paredes y en unas condiciones deplorables. «Han jugado un papel fundamental», indica Ezkieta, quien indica que de los 795 fugados, 381 eran castellanos y leoneses, mientras que 76 eran segovianos.

Las terribles condiciones de vida y la dureza de la represión franquista alentaron la fuga de José Marinero. Fue uno de los segovianos que logró escapar de las opresiones del bando nacional. En total, hubo 44 víctimas segovianas de la represión franquista en San Cristóbal, a las que cabe sumar los 153 fusilados tras el Consejo de Guerra, los 215 asesinados extrajudicialmente y los 230 muertos en prisión durante la contienda nacional y la posguerra.

Para Ezkieta, se trata de la «mayor fuga de la historia europea». Sin embargo, el escritor considera que «ha caído en el olvido», aunque conforme pasan los años cuenta con un mayor respaldo, especialmente de «los que saben que un familiar estuvo ahí y quieren esclarecer su historia». Según dice, uno de los motivos principales que motivó este silenciamiento fue la «férrea» dictadura, empeñada en ocultar los crímenes y las atrocidades cometidas.

«Los olvidados»

«¿Dónde quedaron esos 206 presos que fueron fusilados?», se cuestionó Ezkieta «poco después» de publicar la primera edición de su libro ‘La fuga del monte Ezkaba’, en el año 2013. A partir de entonces, comenzó una «intensa» búsqueda para tratar de localizar y rescatar los restos de los internos «enterrados en los montes por la población civil».

De las últimas nueve exhumaciones que se han llevado a cabo, tal y como confirma Ezkieta, se han encontrado restos de 43 de los fugados, por lo que «cotejándolo con los restos de ADN de familiares, se podrá saber qué presos eran», sostiene. Así, de las 206 personas que murieron fusiladas en los montes en 1938 y los catorce que, como organizadores, fueron asesinados meses más adelante, «únicamente» se han desenterrado estos 43. «Aún quedan algunas fosas de prospectar, pero no digo que sean siempre exitosas».

En el «mejor de los casos», apunta el escritor, «quedan cerca de 20 fosas, por lo que se podrán exhumar uno de cada tres». Pero se enfrentan a un condicionante decisivo:el paso del tiempo. «Han pasado 80 años y se han producido muchos cambios en el terreno, han desaparecido cunetas, se han variado las carreteras… Y a ello hay que sumar que los testigos de la época se hacen mayores y fallecen», concluye.

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