LA DESBANDÁ, por Daniel Fernández


La Masacre de la carretera Málaga-Almería, más conocida como ‘la desbandá’, fue un episodio trágico de la Guerra Civil Española en el que murieron miles de civiles.

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Sucedió en febrero de 1937, unos días después de que las tropas franquistas comenzaran su ataque definitivo contra la ciudad de Málaga, una zona caracterizada por tener un fuerte movimiento obrero durante la II República.

El mismo 7 de febrero, el coronel José Villalba, encargado de su defensa, abandonó la ciudad con otros mandos militares. Queipo de Llano, que se había dedicado a amenazar por radio a los malagueños mientras esperaba a los italianos del Corpo Truppe Voluntari y a los marroquíes regulares, se encontró con una ciudad casi indefensa.

En vistas de lo que se les venía encima y temiendo por la segura represión tras la toma de Málaga, más de 100.000 milicianos y civiles malagueños abandonaron su ciudad en dirección a Almería, ciudad que en ese momento se hallaba bajo control republicano. El camino elegido fue la actual carretera N-340, que no había sido cortada, pero sí que estaba siendo duramente bombardeada desde mar y aire.

Si en Guernica las bombas fascistas cayeron sobre 5.000 vascos, en la Desbandá más de 150.000 malagueños, en su mayoría mujeres y niños, tuvieron que huir de la ciudad a pie, descalzos incluso, mientras eran bombardeados desde el aire por aviones alemanes e italianos y desde el mar por buques nacionales. Narran las crónicas de la época, según recuerda la historiadora Lourdes Peláez, “cómo los barcos franquistas acompañaban tranquilamente en paralelo y por el flanco derecho la huida de la población, que dejaba atrás Málaga por la única carretera posible, esculpida en la roca encima del mar, mientras los bombardeaba”.

A los 5.000 muertos de aquella huida habría que sumar muchos más en Málaga una vez que cayó el 8 de febrero a manos de los sublevados. “Las informaciones de diarios de la época como El Centinela describen como Málaga ya no era una ciudad, era una carnicería, con mujeres saltando por la ventana, olor a carne quemada o los fascistas tiroteando por las calles indiscriminadamente a gente indefensa”, explica Peláez. Además, mucha gente de los pueblos que atravesaban les negó el socorro por miedo también a las represalias del ejército franquista.

ARIAS NAVARRO, EL CARNICERITO DE MÁLAGA

En su condición de fiscal, durante la guerra civil Carlos Arias Navarro (1908-1989) ingresó en el Ejército franquista como capitán honorario adscrito al cuerpo jurídico militar y tuvo un destacado papel en la represión que se produjo en Málaga. Se le conoce como el “carnicero de Málaga”, pero no porque fuera hijo de un empleado del Matadero Municipal de Madrid sino porque participó en la muerte de miles de republicanos.

Tras la Desbandá vino la represión en Málaga llevada a cabo por el asesino de Arias Navarro mediante juicios sumarísimos. Durante la primera semana de la toma de Málaga por las tropas franquistas, del 8 al 14 de febrero de 1937, los nacionales ejecutaron sin juicio previo a 3.500 personas y hasta 1944, otros 16.952 fueron condenados a muerte y fusiladas en Málaga, según un informe del cónsul británico documentado por el historiador Anthony Beevor.

QUEIPO DE LLANO, EL GENERAL DE LAS ONDAS

A las órdenes de Gonzalo Queipo de Llano, en menos de una semana se tiene constancia de 2.500 fusilamientos civiles. El salvajismo de este general ya había alcanzado fama desde la toma de Sevilla, y quedó patente desde que se hizo con Málaga, por lo que de inmediato cundió el pánico y gran parte de los civiles optaron por huir de los golpistas por la carretera de Almería que bordeaba la costa.

Gonzalo Queipo de Llano, conocido como el General de la Radio, no defraudó. Inmediatamente sus burlas se escucharon por las ondas y el éxodo fue acompañado por la aviación y la marina, 3 buques (Canarias, Baleares y Almirante Cervera).
Nadie creyó que el éxodo voluntario iba a adquirir el carácter de un cataclismo humano desconocido en la historia de Europa. El camino se tornó un infierno bombardeado por los barcos fascistas españoles y los aviones italianos y alemanes. Pronto el camino quedó cubierto de muerte. Norman Bethune.
Al amanecer del día 8 de febrero, llegando a los refugiados a Torre del Mar, donde les esperan otros refugiados de la provincia. Se forma una fila de lado a lado del camino que abarca 30 kilómetros de largo. La carretera discurre junto al mar y ya se contemplan barcos en la costa y aviones que empiezan a bombardearles.
Los cálculos sobre la cantidad de huidos de Málaga son confusos y difíciles. Se calcula que fueron entre 15.000 y 150.000. La acción del ejército franquista sobre los huidos por la carretera de Almería provocó entre 3.000 y 5.000 muertos, la mayoría civiles.
Igualmente, la represión sobre aquellos que habían permanecido en la ciudad fue la más brutal desde la Masacre de Badajoz, en agosto de 1936. El historiador Hugh Thomas calcula en unos 8.000 el número de fusilados y enterrados en fosas comunes como las del cementerio de San Rafael, de los que ya se ha obtenido el nombre de 6100.

LA REPRESIÓN EN ANDALUCÍA

Los cálculos sobre el número de personas que huyeron desde Málaga son complejos. La mayoría de estudiosos de la masacre hablan de más de cien mil y entre ellos unos 5.000 asesinados por el fuego fascista del camino. Mucho más, terriblemente más que el bombardeo de Guernica puesto como luctuoso ejemplo del mayor asesinato colectivo de la Guerra Civil.

También habría que sumar a esta negra cuenta la represión sobre aquellos que habían permanecido en la capital, ya que fue la más brutal desde la Masacre de Badajoz, en agosto de 1936. El historiador Hugh Thomas calcula en unos 4.000 el número de fusilados y enterrados en fosas comunes como las del cementerio de San Rafael, de los que ya se ha obtenido el nombre de 4100.

Unos 54.000 andaluces asesinados por la represión franquista, cifra que aumentará cuando culminen estudios en algunas provincias. Y 8.743 víctimas de la represión en zona republicana. Como comparación, el Chile de Pinochet se llevó por delante la vida de 3.000 personas y en Argentina se calculan en torno a 30.000 desaparecidos. La represión franquista puede ser calificada, en Andalucía al menos, como genocidio. Uno de cada cinco diputados electos fue asesinado, hay decenas de miles de procesados y muertos en combate, en prisión o trabajos forzados, otros 40.000 condenados al exilio o afectados por la labor depuradora… y en todo este proceso las mujeres fueron un sector de la población especialmente castigado. Muchas fueron vejadas, violadas e incluso asesinadas.

Muchos de nuestros más insignes políticos e intelectuales andaluces fueron obligados al exilio (Antonio Machado, Alberti…) o pagaron con su vida (Federico García Lorca, Blas Infante…) su fidelidad a la República. Todavía hoy en día son muchos los hombres y mujeres cuyos cadáveres permanecen sepultados de forma anónima en las cunetas o fosas comunes donde fueron masacrados.