Decía Alfonso Guerra que a España no la reconocería ni la madre que la parió… Se equivocó el buen señor, aun a conciencia plena de lo que decía y, sobre todo, por ello. Los cuatro derechos individuales que tuvieron a bien regalarnos, y los otros cuatro de carácter social que han costado sacarles a base de darle golpes en los codos; van a diluirse –se están diluyendo ya- como un azucarillo en un vaso de agua.
Dicen que ya no quedan ideales. Dicen que no se vota con ideas políticas. Dicen que, posiblemente, cualquier tiempo pasado fue mejor, pero que lo que interesa es el día a día, un empleo bien remunerado y una buenas vacaciones. Las personas, en general,- ahí están los resultados electorales- tienen más miedo que nunca. No piensan con el corazón o con el cerebro. Sólo lo hacen con el bolsillo o el estómago. Han sabido llevarnos al terreno que les convenía. Estamos adocenados. Las ideas cada vez más ramplonas y triviales. Seguir leyendo De la miedocracia a la tontocracia, por Gabriel Alcolea
La inmensa ola de clamor popular que viene desarrollándose desde la primavera del presente año, ha sido un soplo de aire fresco sobre las heridas de los pueblos del mundo, heridas que aún siguen abiertas.
Si tiran de hemeroteca, se darán cuenta que esto no es nuevo. Pasó hace setenta y cinco años, aunque con un pequeño matiz, que explicaremos después. Por aquel entonces, unos militares golpistas y traidores a su juramento, asestaron un golpe mortal a la única democracia naciente que tuvo España en siglos. Además de tropas nazis y fascistas, tuvieron otros aliados en la prensa, la iglesia católica y, naturalmente, el capital, el poderoso don dinero.
Allá por el año 1977, la España franquista se vio abocada a hacerse una Constitución a medida que le permitiera entrar en el club de los países civilizados, aunque dicha norma básica fuera una pantomima de lo que debería haber sido. Por motivos varios, pero, principalmente, porque el pueblo español andaba en mantillas en esto de la política, después de treinta y cinco años de singular dictadura y, sobre todo, por el enorme peso de las botas y sables militares, se constituyó una normativa de poder andar por casa en batín y zapatillas, conservando la Jefatura del Estado de forma hereditaria al devenir caprichoso de unos determinados genes. 

Estado:
Como si el terrorismo tuviera un solo color o los asesinatos tuvieran un plazo moral de caducidad, así es como en este “reino” se sigue tratando el dolor de cientos de miles de españoles, descendientes directos de personas que fueron vilipendiadas, ultrajadas, torturadas y asesinadas premeditadamente, durante los años que duró la dictadura franquista.

Está claro, y si no, al tiempo: el PP, si llega a gobernar, aplicará las medidas que ya en su momento aplicó el Sr. Clinton, lo que quiere decir que reducirá las prestaciones y ajustará el desempleo y otros pagos compensatorios de acuerdo con las cotizaciones (y la renta) de las personas, penalizará su disposición a buscar y aceptar un trabajo si lo encuentra, o si se le ofrece, sea o no acorde con su formación. Estas medidas castigarán la negativa a aceptar un trabajo en las condiciones presentes, reduce los costes de las empresas y limita la deuda del Estado.
El año próximo cumplirá los noventa. Es un viejecito adorable y es la mejor persona que he conocido. Jamás en su vida hizo daño a alguien y ayudó a cuantos se lo pidieron, siempre que pudo, y eso que tuvo motivos para odiar a mucha gente desde su miserable niñez.

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