Pero la más hermosa de todas las dudas
es cuando los débiles y desalentados levantan su cabeza
y dejan de creer
en la fuerza de sus opresores.
Bertotl Brecht
(Loa de la duda)
Este mes de diciembre, además de la gran parafernalia luminaria con la que se han decorado todas las ciudades y pueblos de esta tierra en la que comienzan a sonar los tambores del pasado, hemos tenido no sé si la suerte o la desgracia de tener que oír dos discursos, que fuera de la grandilocuencia de los que los han interpretado, no eran más que un insulto a la inteligencia de los ciudadanos del “reino” en el que ya gobierna la más oscura derecha con el
beneplácito (siempre lo tuvo, véase este vídeo) del soberano, el “insigne” e “incorruptible” monarca. Seguir leyendo De discurso en discurso y tiro porque me toca, por Peter Magnus
Para gloria de tu apellido y estirpe, ni siquiera le han dado tu castellano nombre a la trama de corrupción que tantos millones te ha supuesto. Tu abolengo lo han vulgarizado, si es que cabe más, con un vocablo teutón : Gürtel. ¡Joder, Paco, con lo patriota que tú eres y te la juegan de semejante manera!.Desde aquí quiero enviarte todo el ánimo posible ya que tienes ante ti un brillante porvenir. No te aflijas en demasía porque renieguen ahora de ti esos hipócritas de misa diaria que hace apenas unos años corrían tras de ti para ofrecerte trabajo y reconfortantes negocietes a destajo, a cambio de míseros regalitos o generosas prebendas, eso sí, siempre en el negro color del dinero mafioso, qué no están las cosas como para ir fanfarroneando de posibles y dispendios.
O cómo rebañar el plato de la indignidad hasta el final.
Decía Alfonso Guerra que a España no la reconocería ni la madre que la parió… Se equivocó el buen señor, aun a conciencia plena de lo que decía y, sobre todo, por ello. Los cuatro derechos individuales que tuvieron a bien regalarnos, y los otros cuatro de carácter social que han costado sacarles a base de darle golpes en los codos; van a diluirse –se están diluyendo ya- como un azucarillo en un vaso de agua.
La inmensa ola de clamor popular que viene desarrollándose desde la primavera del presente año, ha sido un soplo de aire fresco sobre las heridas de los pueblos del mundo, heridas que aún siguen abiertas.
Si tiran de hemeroteca, se darán cuenta que esto no es nuevo. Pasó hace setenta y cinco años, aunque con un pequeño matiz, que explicaremos después. Por aquel entonces, unos militares golpistas y traidores a su juramento, asestaron un golpe mortal a la única democracia naciente que tuvo España en siglos. Además de tropas nazis y fascistas, tuvieron otros aliados en la prensa, la iglesia católica y, naturalmente, el capital, el poderoso don dinero.
Allá por el año 1977, la España franquista se vio abocada a hacerse una Constitución a medida que le permitiera entrar en el club de los países civilizados, aunque dicha norma básica fuera una pantomima de lo que debería haber sido. Por motivos varios, pero, principalmente, porque el pueblo español andaba en mantillas en esto de la política, después de treinta y cinco años de singular dictadura y, sobre todo, por el enorme peso de las botas y sables militares, se constituyó una normativa de poder andar por casa en batín y zapatillas, conservando la Jefatura del Estado de forma hereditaria al devenir caprichoso de unos determinados genes. 

Estado:
Como si el terrorismo tuviera un solo color o los asesinatos tuvieran un plazo moral de caducidad, así es como en este “reino” se sigue tratando el dolor de cientos de miles de españoles, descendientes directos de personas que fueron vilipendiadas, ultrajadas, torturadas y asesinadas premeditadamente, durante los años que duró la dictadura franquista.

Está claro, y si no, al tiempo: el PP, si llega a gobernar, aplicará las medidas que ya en su momento aplicó el Sr. Clinton, lo que quiere decir que reducirá las prestaciones y ajustará el desempleo y otros pagos compensatorios de acuerdo con las cotizaciones (y la renta) de las personas, penalizará su disposición a buscar y aceptar un trabajo si lo encuentra, o si se le ofrece, sea o no acorde con su formación. Estas medidas castigarán la negativa a aceptar un trabajo en las condiciones presentes, reduce los costes de las empresas y limita la deuda del Estado.
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