Sesenta años duró el sueño educativo de una época que pudo cambiar nuestro destino en el siglo XX, tanto a nivel individual como nacional. Hablamos del período comprendido entre 1.876, año de la fundación del Instituto Libre de Enseñanza, y 1936, cuando los fantoches tuneados de medallitas dieron al traste con todos los planteamientos que algunos consideraron revolucionarios y otros, los que tenían una mínima concienciación cívica, necesarios.
En este período se creó , entre otros organismos, el Centro de Estudios Históricos, la Junta para Ampliación de Estudios, la Residencia de Estudiantes, las Misiones Pedagógicas… No olvidemos que la Generación del 27 es fruto de ese proceso renovador iniciado por el Instituto de Libre Enseñanza, y que seguramente no hubiera brotado sin ese impulso que iniciaron unos reformadores y que reforzó la II República. Seguir leyendo La mala educación

Recentment va tindre lloc l’Acte de Presentació de Republicans Alcoi, en el Centre Cultural Ovidi Montllor de la mateixa localitat.



Nací, crecí y estudié en un barrio de pijos. A mi pesar, conozco ese ambiente, con sus fobias, tics, manías y patologías. Vivía entre Ferraz y Pintor Rosales, una zona residencial del barrio de Argüelles. Estudié en el Fray Luis de León, un colegio católico con curas que exaltaban a Franco y nos molían a palos con cualquier pretexto. Pasaba los veranos en una exclusiva urbanización del Mediterráneo, que se promocionaba regalando apartamentos a los capitostes del franquismo. Carrero Blanco, Suárez y Carmen Franco y Polo aceptaron el obsequio y algunos se pasearon por sus playas, comercios y restaurantes, con su séquito de guardaespaldas y mayores o menores dosis de ostentación. Mi padre murió cuando yo tenía ocho años y la pensión de mi madre apenas nos permitía llegar a fin de mes. Afortunadamente, el piso de Argüelles, con vistas al Parque del Oeste, era de renta antigua y el alquiler muy bajo, pero vivíamos debajo de un ático y las goteras convirtieron la vivienda en una cueva, con grandes manchas de humedad y un frío que penetraba en los huesos. Mi madre conservaba algunas joyas de mi abuela y las empeñaba una y otra vez para abonar las facturas. El recuerdo de sus excursiones al Monte de Piedad aún me produce abatimiento. Al final, vendió las joyas, pero gracias a eso mi hermana y yo pudimos estudiar en la universidad y preparar unas oposiciones, consiguiendo plaza como profesores de secundaria. 

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