Historia: Del primer podio al médico que fichó por Franco


Marina Ginestà, en Barcelona en 1936 y en una exhibición en 1935
Marina Ginestà, en Barcelona en 1936 y en una exhibición en 1935

Margot Moles fue la líder de facto de aquel grupo de pioneras y su biografía ofrece una progresión paradigmática: un arranque esplendoroso y un tristísimo final.

Nacida en Cataluña, pero emigrada joven a Madrid, dos logros la proclaman fundadora del deporte patrio. En la combinada de esquí de Garmisch-Partenkirchen 1936 se convirtió en la primera española que participaba en unos Juegos de invierno y en las Olimpiadas Obreras de Amberes 1937 logró la primera medalla internacional femenina. Su bronce en disco abrió un medallero que se cerraría después durante décadas y que entonces ya pudo ser mayor. Muchas atletas de la época recibieron una invitación para los Juegos de Los Ángeles 1932, pero la República no encontró dinero para sus viajes, y todas estaban preparando las Olimpiadas Populares de Barcelona 1936 (respuesta a los Juegos de Berlín hitlerianos) cuando se tuvieron que cancelar por el golpe de Estado.

Entonces empezó la desgracia de Moles. Hija de Juan Moles, ministro de la Gobernación aquel 18 de julio de 1936, y sobrina de Enrique Moles, relevante químico, director de explosivos del bando republicano, su marido, Manuel Pina, también alto cargo del Ejército Popular, también esquiador, fue detenido y fusilado en 1942, y ella, junto a su hija recién nacida, decidió recluirse en casa: durmió abrazada a un bate de béisbol hasta su muerte en 1987 por un cáncer de pecho. Antes, eso sí, tuvo tiempo para convertirse en comisaria de Deportes en el ocaso de la República (un hito que aún no se ha repetido) con la ayuda de su hermana Lucinda y de un hombre que resultaría crucial en los años posteriores: el doctor Luis Agosti.

Entrenador de Aurora Villa en sus inicios, destacado decatleta y lanzador, impulsó el atletismo femenino hasta que, al volver de Amberes 1937, se pasó por Irún a la zona nacional. Perdió una pierna en el frente de Teruel, fue condecorado por ello y recuperó su ascendencia en Deportes, esta vez en el bando vencedor. Entonces volteó sus opiniones. Licenciado en Medicina, destacado anestesista, se convirtió en el principal asesor de la Sección Femenina y, con su repetida amenaza sobre la maternidad (“el deporte intenso amenaza la misión asignada a la mujer por Dios: la concepción”) y su apuesta por disciplinas estéticas como la gimnasia, expulsó a las mujeres de las pistas.

El Campeonato de España, que nació en 1931, que se repitió con éxito en 1932 en Montjuïc y que en 1933 y 1935 ya se había celebrado sólo con catalanas, murió. Aunque nunca llegó a existir prohibición explícita, hubo que esperar hasta 1963 para su reinstauración. “Busqué y busqué y no encontré una ley directa en contra. De hecho, se disputaron campeonatos regionales y la carrera Jean Bouin tuvo edición femenina de 1946 a 1951. Creo que las dificultades de la posguerra, la antipatía de la Sección Femenina y los pesados uniformes que debían vestir durante la dictadura fueron los motivos por los que aquel interés acabó”, comenta el historiador Justribó que, en su reciente trabajo, halló millones de anécdotas.

La foto de Marina Ginestà

Una de ellas: la famosa fotografía de una combatiente adolescente en la terraza del Hotel Colón en 1936 tiene mucho que ver con el atletismo. Su protagonista, Marina Ginestà participó en 80 y 600 metros y salto de longitud en una exhibición de 1935 y, su autor, el fotoperiodista alemán Hans Gutmann llegó a Barcelona para cubrir las Olimpiadas Populares canceladas y ya se quedó en la zona republicana casi dos años retratando la Guerra Civil para Efe.

Otra de ellas: Anna Tugas concibió innovaciones en los uniformes femeninos que hoy se creen modernas. Bien decíamos que su casa es un museo del atletismo perdido. Hay un pantalón negro antiguo que ya cuenta con cortes laterales para facilitar el movimiento y un sostén reforzado a contracorriente: entonces la mayoría de atletas competía sin sujetador. Recuerdos de un tiempo que abrió las pistas a las mujeres y las permitió ser referentes. Hay una copa pequeña con una placa minúscula y una fotografía con 13 atletas, catalanas, madrileñas, sonriendo todas alegres sobre la hierba en 1931. La historia que el franquismo olvidó se abre luminosa allí y reclama un homenaje.

El Mundo