Historia: Al maestro Benaiges lo fusilaron por querer enseñar el mar a sus alumnos


Al maestro Benaiges lo fusilaron por sus enseñanzas vanguardistas

No les prometió la luna, solo mostrarles el mar, y por tener sueños lo ejecutaron. Allá, en un minúsculo pueblo de Burgos llamado Bañuelos de Bureba, donde la II República destinó a Antoni Benaiges como maestro. Allí lo detuvieron, torturaron, fusilaron y enterraron en una fosa común, y su cuerpo, 78 años después, todavía no ha aparecido. Esa es la historia de un hombre bueno al que mataron porque sí. Ese es el argumento de El Retratista, un documental del colomense Sergi Bernal y el italiano Alberto Bougleaux, que se ha pasado esta mañana a los alumnos de Santa Coloma en el Teatre Sagarra (y por la tarde en la biblioteca de Singuerlín), en el marco de las jornadas de recuperación de la Memòria Històrica.

Ya lo dijo Juanjo Gallardo, profesor de Can Peixauet, el martes: “¿De dónde salen tantos muertos en Valladolid (2.555) o Salamanca (650)? En media España no hubo guerra y, sin embargo, el franquismo hizo matanzas (50.000 en total) y miles de detenciones y torturas contra los más humildes”. La prueba es este documental, que narra la vida de un joven maestro catalán dispuesto a aplicar en su escuela moderna, de niños y niñas, la técnica Célestin Freinet, una innovadora metodología pedagógica basada en la participación de los alumnos y el uso de la imprenta.
Documental estremecedor
“Lo mataron por enseñar a pensar”, dijo categórico Bernal , ex alumno de Gallardo, que ha buceado en la vida del maestro en Montroig, donde nació, y Bañuelos, donde enseñó. En su escuela, todo giraba en torno a la imprenta. Los alumnos redactaban e ilustraban los cuadernos. Según la película, aquello era como una pequeña redacción periodística y los cuadernos bien pudieran ser diarios, ya que hablaban de temas de actualidad que interesaban a niños y adolescentes, y hasta tenían suscriptores.
Hicieron uno sobre El Retratista, un hombre que apareció por la escuela y les hizo una foto a todos. Allá en la puerta, chicos y chicas, y el maestro, todos con el ceño fruncido, como si adivinaran el futuro. El último cuaderno lo publicaron en enero del 36. El Mar, se titulaba. Y recogía las redacciones o crónicas de unos chiquillos que no habían visto nunca el mar.
Por eso, no se regresó de vacaciones a Montroig. Se quedó en la comarca de Bureba, entre Burgos y Miranda de Ebro, tratando de encontrar un autocar para llevar a sus alumnos a la costa catalana para ver el mar. “El mar es una zona muy alta llena de agua, donde viven las merluzas y las anguilas”, en palabras de un alumno escritas en un cuaderno que aparece en el documental.
Corría el mes julio y Benaiges seguía en Bañuelos, pese a que las tropas fascistas del General Franco habían tomado Burgos. No sé fue porque no había hecho nada (¡Santa inocencia, don Antonio!). Daba igual, el documental deja bien claro que no gustaba al cura que el maestro no fuera a misa, ni que se llevara a los niños y niñas a estudiar y a explorar La Pedraja, ni a los caciques que les inculcara ideas de igualdad. Por todas esas cosas lo acusaron de rojo y, pese a ser más bueno que un santo, los falangistas le dieron matarile.
Enseñaba lo que interesaba
Lo explican sus alumnos, unos ancianos de 90 años, en el documental de Bernal y Bougleaux (Chapeaux, por el trabajo). Lo resumió muy bien una mujer: “Enseñaba lo que interesaba, además de a leer y escribir bien”. Y no solo a ellos, sino a los agricultores que no sabían a hacer la o con un canuto, los pobres. “Era maestro las 24 horas del día”, recalcó Bernal. Y la alcaldesa, en primera fila, ponía ojos como platos.
Ella y todos, porque habían sido 52 minutos de imágenes deslumbrantes y estremecedoras. Una lección de historia viva, una vacuna contra las dictaduras, un ejemplo de tolerancia. A Antoni Benaiges lo mataron porque sí, por el delito de hacer soñar a sus alumnos con la inmensidad del mar.

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