La privatización sanitaria como “catecismo neoliberal”


SERVICIOS SANITARIOS NO SON UN GASTO SOCIAL INSOSTENIBLE – La sanidad pública es una fuente de riqueza, de progreso y de conocimiento, además de un elemento de integración social.

Los servicios sanitarios no son un gasto social insostenible, como repite el catecismo neoliberal. Por el contrario, la sanidad pública es una fuente de riqueza, de progreso y de conocimiento, además de un elemento esencial de integración social. El Sistema Nacional de Salud (SNS), que se construyó en las últimas décadas en el Estado español, contribuye no solo a mantener la salud de los ciudadanos sino que aporta trabajo y bienestar a parte de la población. Los servicios sanitarios representan una parcela muy importante de la actividad económica (el 40% de los presupuestos de las CCAA se dedica la tal fin).

Existe una fuerte tensión privatizadora, pues los poderes económicos ansían apoderarse de esa partida del dinero público. Hay una estrategia internacional para convertir la sanidad en una parcela de negocio. Desde el FMI, el BCE o el poderoso Club Bilderberg (presidido por el noble francés Henri de la Croix de Castries) los poderes económicos tienen puesta la mirada sobre el SNS y maniobran para hacerse con él. En el Estado hay plataformas (FAES, SEDISA, Club Gertech) que repiten las falacias neoliberales (ya recogidas en el Informe Abril en 1992): que la sanidad pública es insostenible, que la gestión privada es más eficiente que la pública y que la financiación debe ser pública pero la provisión de los servicios debe ser privada.

Todos apuntan en el mismo sentido: los lobbies de la industria farmacéutica y de la tecnología sanitaria y las empresas aseguradoras tienen mucho interés en desmontar nuestra sanidad pública para convertirla en negocio. El SNS está en peligro pues existe una “estrategia diseñada y articulada por grupos poderosos que pretenden hacerse con los fondos que el Estado destina a la sanidad” (FADSP). Esta actuación depredatoria está siendo realizada con la complicidad del PP, que tiene a muchos dirigentes imputados y a muchos otros como asiduos visitantes de las “puerta giratorias”. En sanidad el PP actúa con todo rigor a favor de los intereses privados y está ejecutando una contrarreforma sanitaria; desde el gobierno central, con la excusa de la crisis, impuso el infame RD 16/2012 que suprime el derecho a la atención sanitaria universal y recupera la figura del “asegurado”; y en las CCAA (desde los inicios en el hospital de Alzira -1997-, que ahora está siendo rescatado) privatizó desde hospitales enteros a extensas parcelas de la actividad sanitaria.

En los últimos tiempos la connivencia de los poderes políticos y económicos impulsó nuevas amenazas para el SNS, que se suman a las ya existentes. A nivel global hay una amenaza muy poderosa: el  tratado de libre comercio (TTIP) que, de aplicarse, abriría las puertas a las grandes empresas del sector para apoderarse del SNS y podría dejar los litigios entre los Estados y las empresas fuera de los canales de la justicia ordinaria y en manos de tribunales externos que actuarían, con toda certeza, a favor de los intereses empresariales.

A nivel local, en las CCAA donde gobierna, el PP actúa con todo rigor a favor de los intereses empresariales. En Galicia la privatización de la gestión de servicios esenciales y del I+D+i del Sergas está ya muy avanzada. El siguiente objetivo son las Unidades de Gestión Clínica, que podrían significar la privatización definitiva del núcleo duro del SNS: la actividad asistencial. Pero esta contrarreforma sanitaria, realizada de espaldas de la población y los profesionales, está plagada de conflictos de interés y de actuaciones que bordean o directamente infringen la legalidad, lo que puede permitir su recuperación mediante la acción política y la lucha ciudadana. No podemos permitir que desmantelen el SNS, elemento esencial del Estado de bienestar.

Nueva Tribuna