La República Española y Catalunya, AGRUPACIÓN REPUBLICANA DE MÓSTOLES (ARM)


Los acontecimientos que estamos viviendo estos días en relación a Catalunya nos recuerdan tiempos mucho más negros, los tiempos del franquismo y sus estados de excepción (el último fue en 1970 a raíz de las protestas contra el llamado “Proceso de Burgos”)

Unos tiempos que nos aseguraban haber superado definitivamente gracias a la fórmula mágica de la Constitución de 1978. Una constitución impuesta alrededor de tres pilares básicos; monarquía, capitalismo y centralismo, como condiciones indiscutibles.

La situación política de España en 1975-1978 no permitía a la clase obrera aspirar a una ruptura con el régimen y el regreso a la legalidad republicana violada en 1936. Los partidos y sindicatos de referencia habían decidido plegarse a las condiciones impuestas a cualquier precio para conseguir la legalización, el ejército seguía siendo una amenaza constante para las mínimas libertades que se intuían y la presión de la Guerra Fría sobre el proceso hicieron imposible recuperar el estado constitucional que nos arrebataron. En 1977 el gobierno republicano en el exilio se pliega a esa presiones y se disuelve sin reconocer la monarquía pero dejando vía libre para comenzar a construir el mito de la transición.

Ese proceso, idealizado hasta el absurdo, no fue más que el pacto de estado entre la burguesía conservadora vencedora de la guerra civil y la nueva burguesía progresista que llegaba avalada por las fuerzas principales del campo capitalista de la guerra fría. Entre esta burguesía había representantes de burguesías periféricas como la vasca o la catalana que llegaban con la misión de encontrar el reconocimiento de sus territorios históricos como garantía de dominación económica sobre ellos. El mejor ejemplo de esto es Jordi Pujol y sus enrevesados negocios.

Cuarenta años después de aquel mito fundacional, los tres pilares sobre el que se levantó la España democrática definitiva (monarquía, capitalismo y centralismo) se han quebrado totalmente. La monarquía ha superado todas las expectativas de corrupción imaginables incluso para una institución antidemocrática por definición, con un Juan Carlos abdicado a fuerza de escándalos sexuales y un Felipe colaborador necesario de la impunidad de sus familiares en tramas millonarias de corrupción. El capitalismo ha entrado en un estado vegetativo del que es incapaz de recuperarse tras la crisis del 2008, porque la clase obrera no puede soportar más explotación laboral, por lo que las promesas de bienestar y abundancia se han esfumado, especialmente en el país de las oportunidades y cuna del capitalismo global. Por último el centralismo encubierto de autonomismo del régimen del 78 ha explotado a consecuencia de las dos cuestiones previas; Un régimen corrompido y una economía decadente animan a los territorios más desarrollados, con una burguesía dinámica, a buscar su propio camino dejando a la vista el carácter más brutal y antidemocrático del simpático régimen del 78.

Catalunya tiene razones para defender su derecho a la autodeterminación como pueblo, al igual que el resto de los pueblos atrapados por el marco tramposo del régimen del 78 y el estado construido a su alrededor. Cuarenta años de experiencia le bastan a los pueblos y las clases oprimidas para saber que continuar anclados a un territorio sin autonomía económica, militar ni política, sin un sistema democrático garantizado, con una justicia politizada y unos medios de comunicación mercenarios, no es un camino que conduzca a un futuro deseable. El apresurado “café para todos” que impuso una solución autonomista para evitar el estado federal implica el descontento de todas las partes; de los centralistas y de los nacionalistas; ahí radica el fracaso del modelo de estado del 78. Los republicanos y republicanas compartimos ese análisis. Nosotros y nosotras tampoco queremos permanecer ni un minuto más bajo la autoridad de un régimen fracasado que sólo se mantiene unido por la fuerza y de las armas (policiales, judiciales o económicas) y no soporta la más mínima crítica. Por eso planteamos un modelo alternativo e incompatible con el desastre actual; un modelo federal amparado por una constitución republicana que reconozca la libre adhesión de las partes para trabajar unidos y ser más fuertes.

La República Española es un espacio de convivencia entre trabajadores y trabajadoras de toda condición, unidos y unidas por valores de fraternidad, igualdad y legalidad sin matices, sin imposiciones culturales ni nacionales. Fue la República la que recuperó la Generalitat en 1931 tras 215 años suspendida y la que le otorgó sus primeras competencias propias con el estatuto de autonomía de 1932.

Catalunya supo ver siempre en la República Española un régimen político en el que sentirse cómoda y que valía la pena defender contra el fascismo hasta las últimas consecuencias, siendo esta la prueba de fuego de hermanamiento entre naciones.

Hoy Catalunya quiere separarse de España, sí, pero de la España ingrata y rapiñadora que durante cuarenta años la ha tratado con el desdén del señorito hacia un criado un poco más orgulloso que los demás. Pero la otra España, la que sigue enterrada en las cunetas, la tricolor que luchó, sangró y murió junto a la Senyera en el Ebro en 1938 y en Barcelona en 1939, aspira a ser merecedora del abrazo fraternal del pueblo catalán bajo la bandera de la fraternidad, la igualdad y la legalidad que sólo la Tercera República Española, una república de trabajadores y trabajadoras abierta a los pueblos y las naciones libremente unidas por el desarrollo común.

¡Viva la República Española, Visca la República Catalana!

Móstoles, 20 de septiembre de 2017

Agrupación Republicana de Móstoles

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