Cataluña y nuestro particular “estado de derecho” (II), por A. Maira


Si te conoces a ti mismo y conoces a tu enemigo, no necesitas temer el resultado de un centenar de batallas. Si te conoces a ti mismo pero no conoces a tu enemigo, por cada victoria que ganes sufrirás también una derrota. Si no te conoces ni a ti mismo ni a tu enemigo, sucumbirás en cada batalla.” Sun Tzu, el arte de la guerra

En mi artículo anterior sobre las crisis en todo el estado español y en Cataluña, derivadas del procés y de su influencia en el resto el país, quedaron algunas cuestiones por analizar en lo que se refiere a los escenarios, económico político, mediático, histórico; y también, fundamentalmente al más confidencial y encubierto de todos, el escenario internacional.

Voy a ocuparme hoy, parcialmente, del escenario mediático con algunas referencias ejemplares al escenario histórico. De los demás me ocuparé en próximos artículos. Quedará para próximas entregas el análisis restante del escenario mediático, el análisis del escenario económico y político; fundamentales instrumentos para el desarrollo de la estrategia del gobierno y de sus aliados: los del marco bipartidista PP y PSOE (y de sus sucursales catalanas), más los emergentes: Ciudadanos, Podemos y las alianzas de este último, sobre todo en Barcelona; y para la implicación de un factor esencial: las grandes empresas españolas, catalanas o multinacionales.

En general se trata se nada menos que de las primeras fases de una guerra que se desarrolla en un marco más grande, el estatal, el europeo y también el internacional. Es el marco de la “guerra mundo” en la que los EEUU, Europa, el estado español y la propia Cataluña analizan sus posiciones, los riesgos y los empeños.

No se trata de ninguna broma ni aspaviento el grito de alarma de la candidata de Esquerra, señora Rovira, cuando se ha referido a las advertencias indirectas pero muy precisas, con intermediarios poco locuaces pero sin cara de broma, del Gobierno central al Gobern, sobre la “necesidad” y posibilidad de poner muertos “sobre la mesa” para estabilizar de una vez Cataluña.

De momento eso ha sido una sugerencia para mantener en límites viables al estado catalán, y una amenaza de aplicar con toda brutalidad presente y alguna más si hace falta, la ocupación policial de Cataluña, la vigencia del artículo 155, y la posible intervención militar, si es necesaria, como ha advertido claramente la ministra Cospedal y confirmado algunos hechos que han tenido lugar en estos últimos días.

Cuando el “estado de derecho”, con referencia exclusiva a la Constitución vigente, a los mecanismos para cambiarla y a los caminos y base electoral sobre los que se realiza un referéndum, no sirven para solucionar democráticamente un problema de la magnitud que plantea Cataluña, se inventa rápidamente otro “estado de derecho” del que forman parte, como núcleos centrales, el artículo 155 y la imposibilidad absoluta de articular un referéndum que “consagre”, a “nivel estatal”, la independencia de Cataluñai. La base persuasiva ha sido, además de la imposibilidad de abrir un período constituyente, que modifique los procesos para terminar con un estado corrupto cuyas raíces y ejemplos y estímulo han surgido de la primera magistratura del estado: la Monarquía borbónica, y sus evidentes secuaces en el régimen parlamentario bipartidista.

Sobre esta imposibilidad se ha montado el “a por ellos” policial, y las amenazas de la intervención militar que ha salido de la boca de una corrupta con medallas, la ministra Cospedal, e incluso de algunas exhibiciones militares que este año se han trasladado de la playa de Cádiz y del Puerto de Santa María a la Comunidad de Zaragozaii

El Artículo 155 de la Constitución es perfecto para ello: se trata de una norma abierta que lo permite todo, incluidas medidas como el cierre del Parlamento, el nombramiento de una especie de virreina, la vicepresidenta Soraya Sanz de Santa María, a las órdenes del Presidente del Gobierno estatal y Presidente, a su vez, de Cataluña, con poderes plenarios para todo, incluso para nombrar delegados del Gobierno Central en sustitución de los Consejeros catalanes, para ordenar la intervención del fiscal del estado, ordenar el procesamiento de consejeros, funcionarios de alto nivel, líderes sociales, declarar la inconstitucionalidad de las leyes catalanas y para convocar elecciones cuando lo considere más conveniente.

Además, un día sí y otro también, se lanza una amenaza, seguida de un desmentido o situada en el saco del “calor electoral”, para aterrorizar a la gente y colocarla entre la espada de la represión del artículo 155 y la pared que anuncia a voz en grito todos los desastres.

El caso es servir a los intereses estratégicos (el mantenimiento de un estado transicional, corrupto, autoritario, monárquico, pseudoparlamentario, de democracia para pocos, no participativo, de creciente y desvergonzada desigualdad, dependiente de poderes exteriores y en deriva rápida hacia el fascismo) y utilizar para ello y en cada momento una táctica adecuada.

Empecemos por el mediático, uno de los campos de batalla previos a la guerra propiamente dicha. Digamos antes que todos los escenarios son enormemente flexibles, superpuestos y, en ocasiones, intercambiables. La primacía puede corresponder a uno de ellos, o a un grupo de ellos, e inmediatamente a otro u a otros.

En Cataluña, por ejemplo, todos los periodistas “a pie de obra”, los dirigentes de tertulias informativas, o los grandes entrevistadores, trabajan para grandes cadenas de medios de comunicación (televisivos, radiales y escritos, incluyendo grandes agencias informativas) que nunca explican, más que como publicidad, quiénes son sus dueños y la procedencia de sus guiones informativos, de sus imágenes, de sus vídeos y, sobre todo, de lo que dejan fuera de sus programas y de las razones y controles que lo justifican. Jamás explican cómo funcionan sus cadenas, cuáles son las matrices políticas que deben inculcar, cuáles los líderes políticos a los que deben ridiculizar o promocionar, como deben destacar el “papel mediador” de la Corona (aunque la evidencia demuestre todo lo contrario).

John Reed y Falsimedia

Vamos a empezar a dar un notable rodeo histórico para explicar, con la máxima modestia por mi parte (no soy periodista, aunque llevo 17 años de práctica trabajando como tal en los medios alternativos; no soy analista político, pero soy licenciado en ciencias políticas, económicas y sociales desde el año 1975; no soy militar, pero sí capitán de fragata de la Armada – literalmente empujado fuera de las FFAA por haber pertenecido a la Unión Militar Democrática). Fui literalmente empujado fuera de los profesionales de la información, lo que es un buen periodista y las condiciones que tiene que tener (como dicen ellos mismos) un buen relato.

En una de sus mejores obras “Diez días que conmovieron al mundo”iii John Reed, periodista norteamericano y comunista, que estaba presente en Petrogrado durante la Revolución de Octubre es minuciosamente objetivo, tras la observación directa de los sucesos que ocurrieron en diez días terribles y gloriosos.

Reed que ya había sido corresponsal de guerra en la Revolución mejicana y en la Primera Guerra Mundial incluía, además de los sucesos vividos en primera línea, todas las entrevistas, proclamas y documentos emitidos por los personajes que luchan, por los organismos revolucionarios y del Gobierno Provisional.

Lo característico –y lo ejemplar de Reed- es que además de relatar con fidelidad (reconocida por sus amigos y sus enemigos) todo lo que ve, no oculta su simpatía por los obreros, campesinos y soldados que se han constituido en soviets. Al fin y al cabo son los pobrísimos, los hambrientos de aquella guerra descomunal, contra los riquísimos, los que hacían ostentación continua de su riqueza, de su poder y de su desprecio.

Los periodistas de ahora –tanto los jóvenes y veteranos cronistas a “pie de calle”, como los “coordinadores de mesas informativas”, y los periodistas sacralizados por los medios, olvidan que ellos son intermediarios de la información, meros reguladores del proceso informativo y no los personajes de primera línea. Se sienten como dioses.

Sin embargo, algunos realizan su tarea olvidando los hechos fundamentales o enterrándolos bajo un caudal informativo saturado. Otros reproducen interpretaciones segadas de hechos verificables; los más se preguntan y se responden a sí mismos, es decir, actúan como “creadores de opinión” al servicio de las grandes empresas y agencias de información.

Los entrevistados, que nos cansan hasta el agotamiento (siempre son los mismos en circunstancias habituales y casi los mismos en momentos de aceleración informativa y de urgencia mediática), se presentan a sí mismos como independientes sin indicar sus simpatías políticas que tiene que adivinar el espectador o el radio escucha. En la mejor de las situaciones un pequeño letrero nos indica, por breves momentos, el medio o el partido al que pertenecen. Si se trata de organizaciones como PDeCAT, Esquerra, y sobre todo las CUT, han sido previamente demonizados por los tertulianos “independientes” y por los periodistas que siguen el guion establecido.

Los periodistas de hoy deberían tener el libro “Diez días que estremecieron al mundo” como “libro de estilo” y mantenerlo como lectura diaria debajo de la almohada.

Cataluña

En el caso de Cataluña todos los equipos informativos trabajan en cadena, con datos de audiencia e informaciones basadas en encuestas sobre el análisis del impacto sobre el público. Toda la maquinaria desinformativa -con distribución variable de papeles, salvo el invariable de los medios que siempre ejercen el papel de extrema derecha-funciona sobre unos modelos detallados y plenamente constituidos, que son como moldes a en los que los hechos y su significado se van adaptando, casi automáticamente, al resultado estratégicamente definido.

Es como una máquina de desinformación que utiliza componentes alternativos y que, al mismo tiempo, es muy minuciosa para convertir literalmente la información en una auténtica máquina de guerra.

La naturaleza de la guerra

El Gobierno y los partidos del “arco constitucional” mueven los primeros hilos y los grandes poderes del estado tratan de mantener la revuelta catalana bajo control.

Los medios organizan una verdadera guerra, que se va a realizar en varios escenarios y con distintos instrumentos, incluidos los emocionalesiv y psicológicos, para alistar los poderes legales, los judiciales, los eminentemente represivos, incluida la apertura de puertas a los grupos fascistas.

Notas:

i https://es.wikipedia.org/wiki/Reforma_de_la_Constituci%C3%B3n_espa%C3%B1ola

ii https://www.elconfidencial.com/espana/2017-12-13/independencia-cataluna-civiles-tanque-amenaza-puigdemont_1491804/

iii http://www.cronicon.net/paginas/Documentos/paq2/No.22.pdf

iv http://www.rebelion.org/noticia.php?id=234288

Antonio Maira, capitán de fragata de la Armada (R), antiguo miembro de la Unión Militar Democrática UMD, cofundador del Colectivo Anemoi.