El sucio papel de España en la Guerra de Yemen, por Móstoles informa


Nuestro país se ha convertido en un importante proveedor de armas para la dictadura islamista de Arabia Saudí, embarcada desde hace seis años en una guerra salvaje en Yemen.

El cumplimiento de las leyes, en España, siempre ha sido una cuestión relativa; tanto es así, que el refranero popular dice que “quien hace la ley hace la trampa” y en nuestro caso, el viejo refrán se sigue cumpliendo a rajatabla.

Una de estas leyes trampeadas es la 54/2007 de 28 de diciembre, sobre el control del comercio exterior de material de defensa y de doble uso, que regula la venta de armas a terceros países. Concretamente su artículo octavo señala que la venta de armas quedará suspendida en caso de que existan “indicios racionales” de que el país comprador vulnera los derechos humanos, o sean usadas “en acciones que perturben la paz, la estabilidad o la seguridad en un ámbito mundial o regional”. Y es que España se ha convertido en los últimos años en uno de los principales proveedores de armas (el cuarto) de la dictadura islámica que gobierna Arabia Saudí, un régimen de monarquía absoluta que mantiene estrechos lazos de amistad con España, a través de la casa real española.

La amistad entre monarcas se remonta muchas décadas atrás e, incluso, es el origen de la fortuna de la casa de Borbón, que volvió a España llamada por el dictador Franco y prácticamente arruinada tras los años de exilio. Esta fortuna comenzó a gestarse durante los últimos años del franquismo, cuando Juan Carlos desempeñó tareas de representación de la dictadura española ante la dictadura islámica, para negociar el suministro de petróleo a nuestro país a pesar de las restricciones impuestas por Arabia Saudí durante la “crisis del petróleo” de 1973. Franco autorizó a Juan Carlos a apropiarse de 2 céntimos de peseta por cada barril de petróleo que España pagase al país árabe. Este negocio se mantuvo incluso después de la muerte de Franco y los primeros gobiernos democráticos habrían estado al tanto de todo, según señaló el monárquico Jaime Peñafiel hace unos años. Pero aquella “bonita amistad” no es cosa del pasado. Las buenas relaciones entre las casa Borbón y Saud, se mantienen hasta hoy; el año pasado supimos que en el año 2008 la monarquía española recibió 100 millones de dólares de manos del rey Abdulá de Arabia Saudí, que se vinculan a la adjudicación de las obras del tren de alta velocidad hasta la ciudad de La Meca. Por su parte, Felipe VI ha decidido seguir cultivando esta amistad, como acreditan los acuerdos firmados entre España y el régimen saudí durante la visita de estado del príncipe Mohammed Ben Salmán en abril de 2018, poco antes de que el príncipe se viera implicado en el presunto descuartizamiento de un periodista crítico con su monarquía absoluta. Esta visita se produjo en respuesta a la del propio Felipe a Arabia Saudí, realizada en enero de 2017, estando ya el país implicado en la agresión a Yemen.

Toda esta enrarecida atmósfera política en las más altas esferas tiene su traducción en la colaboración entre los distintos gobiernos del Reino de España en relación a las acciones del país árabe, embarcado desde hace décadas en una “guerra fría” contra Irán, que desde 2015 interviene en la guerra civil de Yemen apoyando a la facción del gobierno suní (la rama mayoritaria del islam) frente a los rebeldes chiíes, apoyados por Irán, intervención a la que Felipe VI dio su apoyo en una llamada telefónica expresa en el momento de comenzar las hostilidades.

Y es que esta guerra es la que propició el lucrativo negocio armamentístico para España que, desde aquel año hasta 2020, ha recibido más de 2.000 millones de euros de manos del régimen saudí (vulnerando la citada ley de 2007), al tiempo que pone de relieve la escandalosa parcialidad del régimen español al comparar esos beneficios con la aportación de ayuda humanitaria enviada a Yemen, que apenas llega a 2 millones y medio de euros.

El telón de fondo de las complejas relaciones internacionales en la zona de Oriente Medio, que implican a nuestro “guía espiritual”, los EE.UU de América, por un lado, y a Rusia y China por otro, a través de Irán, hacen que España mantenga una posición secundaria, como peón en manos de la competencia entre potencias, tal y como quedó fijada ya en los años 50, a cambio del espaldarazo de USA al régimen franquista.

Seguiremos informando.

Móstoles Informa