Días reivindicativos. Siempre es 8M, por Enriqueta de la Cruz*


La pasada conmemoración del día internacional de la mujer trabajadora, (se dice ahora solo «de la mujer» pero implica «trabajadora», aparte de lo histórico de la fecha, pues ¿cuándo no es una mujer trabajadora en sus diferentes campos de batalla de cada día?), nos ha dejado claro que la lucha legítima por la igualdad y derechos de la mitad o más de la poblacion mundial se abre camino. No es de ahora, no es de anteayer. Es una lucha infatigable marcada por la muerte de cientos de mujeres y sus hijos.

Debemos recordar los comienzos. Lucha histórica por la igualdad. Huelgas, manifestaciones y 129 víctimas mujeres en un incendio de una fábrica textil provocado por los dueños. EE.UU. Finales de XIX principios del XX. Principio de los derechos arrancados, nunca cedidos, nunca el poder regala nada. Varios acontecimientos documentados con un claro carácter combativo, sindical y anticapitalista que nunca se debe perder.

«Pan y rosas», lema de aquellos momentos, es una reivindicación revolucionaria todavía hoy y se nos cambia por el grito del poder-patriarcado: «hambre, cadenas y sangre».

Primer punto: violencia de género

Según CGT que habla claramente de lo que realmente es: «terrorismo», pero no tiene aún este tratamiento necesario en sociedad, «en pocas semanas han sido asesinadas 12 mujeres. En lo que va de año son ya 16 mujeres asesinadas. Desde 2003, suman 2.141 asesinatos machistas en el Estado español. No estamos ante hechos aislados, sino ante una violencia estructural que continúa cobrándose vidas mientras las medidas existentes no están logrando frenarla». 

Las cifras oficiales hablan de 10 hasta el 23 de febrero y 1.353 desde 2023. Pero no son cifras, son vidas con todo lo que arrastra y es violencia vicaria, asesinatos de hijos… Son nombres de verdugos, de supuestos hombres peores que bichos venenosos.  

Y la revolución feminista en marcha de todos los días lleva arrastrando otras formas de venganza de esos terroristas sin castigo, de violencia psicológica y asesinatos de otra manera, intentos de silenciar a las víctimas…

Sin respeto al derecho a la vida y al ser completo que somos, no hay más que avanzar y por eso empiezo por aquí. La sociedad se está dando cuenta, aunque nuestros políticos (y menos la oposición de la nada y herederos del dictador), no estén a la altura.

Se apreció en toda España, que va siendo más y más completa cada manifestación y que van siendo ya realmente manifestaciones feministas, alejándose del postulado norteamericano imperial de hacer un caldo de cultivo a otras cosas que desdibujan las verdaderas claves de la cuestión.

«No a la guerra»

Las mujeres nos hemos pronunciado alto y claro este año por el «no» rotundo a la guerra. Somos construcción y vida, dadoras de vida y nuestros hijos y nietos no irán a la guerra de otros, de sus intereses, «no pariremos más hijos para ninguna guerra«, fue un grito histórico. Ni vamos a ir nosotras ni vamos a coser los uniformes de muerte y sangre porque lo diga Trump ni trompeta de Apocalipsis alguna. ¡No! 

También identificamos claramente que los derechos al trabajo, a la sanidad digna, a una educación y cultura igualitaria y de calidad públicas, son irrenunciables. Que el derecho a la vivienda y a todo lo que se cansaron de escribir en la tan sacrosanta Constitución y no se cumple, son consustanciales a la reivindicación del 8 de Mayo. 

Es una única reivindicación, un bloque, porque la propia emancipación y libertad de las mujeres no nos alcanzará sin llevarlos a la práctica y sin salarios decentes e iguales. Junto a ello, otras consignas que años atrás imperaron en solitario, desdibujadas las banderas rojas a un violeta pálido con las siglas tímidas de algunos sindicatos y partidos. Esto que interesaba torcer al imperio predador macho patriarcal, chulesco y corruptor, se ha acabado… Nuestras jóvenes despiertan.

Aún queda camino y mucho. Los crímenes machistas que salen tan baratos a los asesinos, las palizas, el maltrato psicológico multiforme, el que aún se silencia, el horror en cada casa, la pedofilia también familiar en algunos y no pocos «hogares», el abandono, la «luz de gas», el señalamiento por pensar libre, el estigma que aún cuelgan por destacar de entre ellos, el gashtlig, esos machirulos insoportables en cada trabajo, en los hogares, en la vida social, esas violaciones, esos acosos en también partidos que se denominan de izquierdas dejando fatal a la izquierda…    

Todo ello ha de concluir, diluirse en la verdadera y no aparente normalidad, terminar de una vez.

Tal como éramos

Han cambiado muchas cosas desde que hace incluso unos años yo preparaba una conferencia para Córdoba donde daba un cuadro completo con solo referir los «piropos» que la sociedad nos dedicaba a las mujeres: válidas, valientes, hermosas y currantes, que incluso nos dedicaban suegras ancestrales del matriarcado que así creían proteger a sus retoños maltratadores y nefastos, incultos y zafios, sí, que dedicaban como toda la sociedad y ellos mismos, por supuesto:  «¿Por qué no te callas?», «Mujer tenías que ser» «Eso no lo merece tu marido, mi hijo, esas pintas que llevas, ese pantalón, esa minifalda, esa comida que le haces», «Es de maricones (o sea de mujeres) ir a la cocina, ¿es que no te vas a levantar tú, es que se tiene que levantar él?», «Ay los estudios, son muy malos, porque hacen muy listillas» «Mari marisabidilla»,  «Bruja», «puta», «mosquita muerta». «¿Por qué le habrá denunciado?»…

Nuestras propias suegras, que duraban hasta cien años y vieron de todo, creyéndose también de la izquierda, víctimas del franquismo, sometidas finalmente algunas por él… Sobreviviendo y extendiendo sin querer lo que rechazaron y resistieron… Otras, por contraste, enormes luchadoras y transmisoras de lo que debía hacerse. Nunca rendidas, siempre poniendo en su sitio al abuso, como la encantadora madre de mi amiga querida y combativa Elsa Osaba. O la filósofa abogada Ana Messuti, defensora de las víctimas del franquismo.

Fue el franquismo, fue una plaga, fueron miedos y los polvos que aún hoy respiramos y no se pueden disculpar porque destrozaron vidas… Y hay que salir, todas, de todos los armarios. Tirar la ropa sucia en el espacio público. No ceder al chantaje de la omertá, no callar ningún abuso, no tragar con nada más. Avisar a otras mujeres. Aclarar. Ni cuernos, ni estocadas ni ninguna pasada.

De alguna y muchas maneras, los que nos hicieron este lodazal y sus semillas, hijos y nietos, siguen mandando, y la nada infinita de la derecha (esta de hoy) es un ejemplo, come y campa por sus respetos, que no merece. Estamos aún en este país donde los vox boys y girls aplauden machirulos y hay ayusas de la Jons Sección Femenina pero con derecho a polvo prematrimonial y minifalda conquistados con amor por las rojas fusiladas, logrados para todas…. y donde hay bodas rancias nostálgicas como la del hombre ese de Madrid, su alcalde… Y madres supuestamente progres y libre pensantes que recomiendan a sus nueras aún que aguanten a su marido y sus malos modos, porque es su hijo y «porque hay que aguantar… Y todas lo hemos hecho».

No leas, no pienses, no hables

¡Pobres!… Y hace algunos pocos años que en una multinacional «número uno» mis compañeras se preguntaban si me sentía sola y se ofrecían a darme su compañía para hablar de zapatos Louboutin y modas varias y poner verde a jefas y otras compas, al verme leyendo un libro en los ratos de descanso en un jardín cercano. 

Sí, en empresas ejemplo nacional, semi o públicas, muchas jefas siguen adoptando roles machos para ascender; se dice «revolucionario» reír o acompañar a tomar café a una compañera» (mal ejemplo de brujas que crean el buen ambiente que a los y las explotadoras no gustan). Y se toleran todo tipo de abusos de trato… 

Leer era y es para las paletas costumbres nacionales, tan arraigadas desde la dictadura…, un comportamiento de rareza peligroso.  «No os preocupéis -les respondía yo- que estoy acompañada con Spinoza, Rilke, Mann, y por la Beauvoir y Woolf, sobre todos; por los libros de Américo Castro, y estoy bien pues con un libro nunca se está sola». Y hacía un esfuerzo por explicarles que no eran libros difíciles ni aburridos, como tenían que ser el bostezo del cotilleo, el hastío de esas costumbres de ver pasar el tiempo valioso de la vida en nimiedades, en desagradecimiento al gran Dios en que muchas decían creer; ese crimen para sí mismas que practicaban y que conducía a un tenerlas que aguantar toda la sociedad con sus maldades torcidas a cuestas… ¡Cuánto desperdicio! Por eso mismo: el aburrido padecer de una nada… ¡Ay!

Quienes nos precedieron

Aunque hemos avanzado mucho, en «Podemos» ha habido abusos, acosos, denuncias, y «yo sí te creo, hermana…». «Sí, te creo». Todas hemos o tendremos desgraciadamente que oír algún día eso. Y el «No estás sola». Mientras la sociedad de putero patriarcado no cambie radicalmente. 

En cualquier partido que se diga avanzado hay que profundizar la lucha de clases y por las mujeres, y con las ideas claras, sin entorpecimientos sistémicos del woke de ingeniería social patriarcal. Y no olvidar. Memoria. Porque recorren un camino que ya trazaron otras e inventaron, equivocándose, pero lo hicieron.

Recuerdo hoy a las verdaderas mujeres de izquierda, avanzadas, progresistas de entonces. Carlota O’ Neill. El trato de su suegro que «se encargó», «cuidó» a sus nietas encomendándolas al Tribunal Tutelar de Menores para arrebatárselas, internándolas en un orfanato de la Dictadura facha y vejatoria mientras ella estaba en la cárcel, esa mujer librepensadora avanzada, culta, a la que no pudieron… (ya habían fusilado a su marido que como militar se negó a seguir el golpe de Estado del enanito matón y psicópata, ese tal Franco de asqueroso recuerdo que aún es necesario nombrar… Ojalá ya se diluya en acontecimientos gratos, en superación del trauma de ordinariez, intolerancia, maldad e histrionismo neurótico y cobarde).

Recuerdo hoy los buenos ejemplos, la lucha infatigable de las valientes que nos precedieron, por el divorcio, el aborto libre y gratuito (que antes solo era derecho de las ricachonas), por la cultura, y la independencia real de la mujer, independencia monetaria, por tanto. 

La lucha de mi madre trabajadora y de mis tías en el Madrid de la emigración, de muchas de nosotras a día de hoy, con empuje para, a cualquier edad, dejar de callar y abandonar el estado pútrido, dejar al maltratador, atrás la pesadilla y los errores. Y seguir denunciando cada injusticia de desigualdad. Y por supuesto, la precariedad laboral. Y cualquier violación de derechos.

Ya nada será igual

El nazi católico abandono al que nos sometieron en este país, no ha podido, no ha vencido. La lucha de muchas, hoy ha echado otras raíces no infectas en nuestras hijas independientes y cultivadas, trabajadores incansables y listas para alertarse ante cualquier señal de no buenos aires, de no buena convivencia equilibrada, ante cualquier machista con piel de cordero feminista que se tropiecen. 

Bravo por ellas que no se atemorizan ante el precio que esto está costándoles, bravo por mi hija que crece en otro mundo, que es ejemplo, que cuida el planeta que habitamos y respeta porque se respeta. Bravo por cuantas la rodean y nos rodean, por las hijas de mis amigas y ellas y sus nietas que han cubierto las calles de esperanza este pasado 8 de marzo.

Y bravo por esos hombres que nos felicitan y acompañan y alertan de otros comportamientos que a veces normalizamos… Porque los conocen de sobra y no los practican. Yo he sido afortunada. Tengo amigos hombres perfectamente conscientes y consecuentes. Pero hoy no son los protagonistas. Porque las desigualdades permanecen y hay mucho que recorrer en la travesía sin retorno que se ha emprendido hace siglos pero que ya se arraiga y bien.

«Cómo ser mujer y no morir en el intento». 

Vamos a poder. Vamos para adelante. Recuerdo la solidaridad de Ana Belén, que dirigió está película, única persona de aquella generación de artistas que no me ha defraudado, que ha crecido en mi valoración por sus hechos.

Bravo por mujeres feministas y luchadoras como Lidia Falcón, indoblegable, antifascista con el único carnet que vale: el de la acción probada de cada día que no se rinde al chantaje inaceptable de las bien pagadas para decir lo conveniente, al Sistema, ni es precisamente de apuntarse a las modas; resistente a la cancelación y aberraciones de las que lideran el delito de hormonación de menores, y de estigmatizar a quienes dicen verdades como templos. Lidia, resistente a las que se llenan la boca con falsos delitos de odio pero no legislan a tope contra el único odio terrorista, el aquí machista asesino, que no está suficientemente penado, ni corregido ni gobernado.

«Yo educo a mi hijo»

Una consigna de este marzo. Pero no es solo eso. La educación en igualdad es tarea, y prioritaria, del Estado. Es urgente un plan estatal que acabe con este estado de cosas, que no cometa más errores y revierta a la esfera pública la privatización de todo el sistema de protección a las víctimas, privatización que mata y viene denunciando seriamente la asociación granadina de víctimas de violencia de género, La Volaera, con gran mérito. Su presidenta, María Martín, plantó cara, honesta y claramente, a la ministra de Igualdad, Ana Redondo, recordándole públicamente que no estar a la altura, que cerrar los ojos en fallos como en el sistema de pulseras de seguimiento a las víctimas, Cometa, es complicidad con los maltratadores. 

Esta asociación presentó denuncia a la Agencia de Protección de Datos por estos fallos, graves fallos de seguridad y funcionamiento y ahora denuncia también que la licitación para el servicio de las pulseras tiene «graves carencias que vuelven a poner en peligro a las víctimas».

Todo ello está en todos los medios y ha sido vital en redes sociales. Sin embargo, la ministra aún no ha recibido a la asociación ni ha enviado una disculpa a la presidenta María Martín por incluso el trato en el cara a cara, a una mujer que debía escuchar pues lleva décadas acompañando a las víctimas, denunciando el horror de estas privatizaciones, el horror de las casas de acogida, el horror de la injusticia… Y siendo refugio y operativamente generando soluciones reales dicha asociación, contando con datos ciertos, pasa como con la Memoria Histórica y sus víctimas, se evita preguntarles, «¿a quiénes, a las propias víctimas, para qué?». 

Las ministras se tienen que enterar de que son servidoras públicas y no mojigatas altaneras, de que si no cumplen, deben dimitir, y se tienen que creer que gobiernan… O no hay ministerio que valga ese título «de igualdad».

Y cualquier mujer, por cierto, es susceptible de ser víctima en este mundo machista que habitamos. Y lo es, laboralmente, en trato, cada día en cada lugar. Lo es de algún modo… O sea… Aún no tenemos presidenta del Gobierno, ni generala, pero sí muchas de mérito que lo merecerían. Y seguimos teniendo mucho miedo, aun siendo ministras, a los hombres que mandan. Lo que no disculpa a Redondo en su comportamiento. 

Hoy, jóvenes luchadoras de mérito como Nuria Coronado autora del libro: «No contaban con las madres», están aclarando muchas cosas a la sociedad, aportando; están por la no confusión mental. Por el feminismo no sesgado ni corrupto. Son ejemplos, faros de luz, son más que un día o una consigna.        

Con muchos años a la espalda, otras nobles mujeres, como la escritora Antonina Rodrigo, biografía de antecesoras como Mariana Pineda y mucha otra ilustre mujer que ha parido mujer, siguen dando la batalla. Como antes Colombine y las republicanas y pre republicanas, las más conocidas y las menos famosas que discretamente votaron por primera vez, hicieron huelga en casa y fuera por primera vez, se resistieron a la ferocidad del hombre estúpido por primera vez, cantaron  «Malo eres», como Bebe, por primera vez, y escribieron como reinas verdaderas o dieron la talla política y abrieron las celdas carcelarias, como Pasionaria. Todas las sin sombrero y las con harapos que explicaron a sus hijas que no solo tenían clítoris y derecho al placer, sino derecho a la igualdad en todos los frentes y ángulos y que debían no depender de nadie, ser independientes… 

Todas las que dieron y están dando el tipo, son las mujeres con mayúsculas que han salido a la calle nuevamente con un grito total y radical de: «¡Se acabó!»: está situación, está pasividad institucional, este abandono, estos asesinatos, este trato inhumano, está desigualdad. Se acabó que callemos…

Y mientras no se nos tome en serio todos los días del año son 8M.

En estos tiempos extraños y tambores de guerra, las mujeres estamos haciendo una revolución, las más jóvenes con seguridad, ya no se pueden aguantar ciertas y tantas cosas, ya se valora la vida y esta es la política que hay que votar, la pegada a la realidad y a lo necesario, a la prioridad.

El hecho de torcer realidad y dar gato por liebre o blanco por negro, es también delito y complicidad y burla a la larga lucha que ha ayudado tanto a los y las perseguidos-as. Y lo sigue haciendo.

Los falsos feminismos o los tan subvencionados que hacen el juego al status quo y confunden y se disparatan, las falsas políticas, ellas y sus medidas, no nos sirven más, son deshechos. No nos confundirán. No hay distracción que valga. Sin las mujeres no irán a ningún lado en adelante. No vamos a callar ni a desaparecer. Ni las asesinadas…

Eduquemos a nuestros hijos, pero a todos y entre todos y no toleremos más abuso y distracción. Si yo no tuve éxito en este envite, si pese a mi buena voluntad, dejé normalizar muchas conductas, no enfrenté otras, elegí mal, dejé en depredadoras manos machistas y malintencionadas o inútiles de hombre y de mujeres que engañosamente se decían víctimas del sistema machista, que se presentaron como vanguardia; si dejé en manos de lobos disfrazados a mis corderos sin saberlos, si ha habido tanto condicionante, manipulación, cero educación emocional, cero educación de avance en educación ciudadana más allá de cursiladas de nivel uno de Epi y Blas… Como esos carteles de Metro Madrid de «no se hace ruido, no moleste»… Si todo eso…  Eso es ya urgente tarea social y no culpa ni solo responsabilidad individual. Inabordable un reto tan profundo, solas…

Juntos y juntas debemos revertir al Estado lo que es tarea de todos, dotar recursos y no dejar en días y en palabras o intenciones los asuntos… Completamente y con el esfuerzo colectivo, sí, de todas las personas ciudadanas, eduquemos a nuestros hijos con herramientas potentes para la igualdad. ¡No pasarán ni pasaremos una!

Saquemos con valentía a los niños del porno infantil y del peligro de drogas y ludopatías que por doquier crecen y se multiplican y se anuncian y se dejan a la puerta de colegios y en falta de políticas duras sobre mal uso de redes y en apoyos a las familias y en ayudas a las enfermedades mentales que crecen como setas, y contra los equívocos. Y dejemos de aplaudir la apología de la violación.  Hace falta más que un día y más que una búsqueda de votos o titulares. Esto va en serio. No trabajemos más para beneficio del poder patriarcal. Exijamos hechos. Medidas. Siempre es 8M.

*Enriqueta de la Cruz es escritora y periodista

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