Gómez de Salazar, un trastornado al frente de la Fuerza Terrestre, por Luis Gonzalo*


El teniente general Federico Gómez de Salazar, en 1975, en el Sáhara.

He sentido una enorme tristeza cuando he leído la entrevista del teniente general Gómez de Salazar. Si hace unos meses consideró a las asociaciones militares tan peligrosas como el yihadismo, ahora ha vomitado que “el deber militar excede a cualquier garantía, a cualquier derecho, hasta a los derechos humanos”. Ahondando en la indigencia moral del teniente general, también se ha referido a Israel con la admiración que le debería producir Alemania, Bélgica, Holanda o Noruega.

Gómez de Salazar evoca la guerra y el sometimiento de los derechos humanos al deber militar sin querer recordar que la cúpula militar solo ha conseguido con ello desangrarnos desde hace siglos. Y lo hace con el analfabeto brillo en los ojos del que ignora Cuba, Filipinas, Annual o el asesinato de la democracia. Esa inopia del que desearía que fuéramos nosotros los que cometiéramos las violaciones de derechos humanos y los atroces crímenes que cometen los hebreos y, también, que nos encontrásemos en el mismo contexto bélico que ellos. Ese entorno en el que psicópatas de su categoría pudieran hacerse valer y los españoles comprender lo mucho que valen. Sin embargo, la excelentísima persona, o lo que sea, debería recordar que la última vez que los militares se encomendaron a tan patriótico deber militar de apuñalar los derechos humanos terminaron enterrando a la democracia en cal viva y levantando en Intxaurrondo un monumento a la Transición. No cabe duda que tan tétricos personajes son de los que desean veranear en El Tarajal con pelotas de goma o descansar en alguna de las muchas cunetas siniestras de nuestra geografía. Porque ahí, en todos esos escenarios, se forjaron nuestras fuerzas armadas mientras el deber militar fusilaba a la democracia, a los derechos humanos y a los que se cruzaron en su camino.

Los derechos humanos, debería saber el perturbado general, están por encima de todo. No solo eso, sino que tendrían que ser la referencia de cualquier militar , la estructura en la que asentar cualquier ejercicio, el mapa en el que guiarse en cualquier situación o la herramienta con la que solventar cualquier problema. Si nuestros militares conocieran y amasen los derechos humanos no se habrían producido las terribles torturas que acaecieron en Irak, ni se producirían las violaciones sistemáticas de derechos y libertades que sufren nuestros soldados y que tanto regocijo generan a la cúpula militar. Por tanto, no cabe duda que Gómez de Salazar, los que son como él, que de momento son mayoría en la cúpula militar, y los que consienten que esté en el lugar en el que está (PP y PSOE) son los que impiden que nuestro ejército se subordine a los derechos humanos y a la ciudadanía.

Indudablemente, la situación es mucho más grave de lo que se pudiera pensar, ya que solo un militar modélico que destacase por su excelencia y contase con el respeto y la admiración de sus jefes y compañeros habría sido capaz de ostentar el mando de tan transcendental unidad militar como es la FUTER o Fuerza Terrestre. Por si alguno lo desconociera, sería conveniente señalar que esta unidad cuenta con 41.000 militares y la mayoría de las unidades de combate. Por tanto, comprobar que la excelencia es Gómez de Salazar produce escalofríos y, a la vez, explica y revela lo que acontece en los cuarteles, máxime cuando no es el primer desquiciado que ostenta el mando de la Fuerza Terrestre, pues entre sus antecesores se encuentra el teniente general Mena, ese ilustrado que amenazó con un golpe militar en el año 2006 por las negociaciones del ‘Estatut’.

Gómez de Salazar no es un cualquiera, aunque lo cierto es que debería serlo. Es hijo de franquista, como Dios manda y a La Cospe le gusta, y es uno de esos militares que forman parte de la ‘Quinta del 23-F’. Uno de los muchos cachorros fascistas que fue condecorado y ascendido hasta convertirse en un majadero a tiempo completo capaz de espetar la mayor sandez que uno pudiera imaginar mientras trabaja a tiempo parcial como jefe de la FUTER o Fuerza Terrestre.

Ojalá, algún día, nuestros generales comprendan que los derechos humanos no son enemigos del deber militar, sino que son el deber militar en sí mismo, y que de ser enemigos de algo, lo son de su propia y tradicional negligencia. Desgraciadamente, me temo que eso no ocurrirá y que solo nuestra sociedad podrá impedir que el deber militar siga asfixiando a los derechos humanos.

*Luis Gonzalo Segura es exteniente del Ejército de Tierra, portavoz de OATM, miembro del colectivo Anemoi y autor de dos novelas ( Un paso al frente en 2014 y Código rojo en 2015). Su principal fuente de ingresos en la actualidad es la venta de ejemplares de la novela Código rojo y las presentaciones que realiza con ella. ¡CONSÍGUELA AQUÍ FIRMADA Y DEDICADA! “Código rojo no deja títere con cabeza. Se arriesga, proclamando la verdad a los cuatro vientos, haciendo que prevalezca, por una vez, algo tan denostado hoy en día como la libertad de expresión” (“A golpe de letra” por Sergio Sancor).

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