La Rioja: Trabajar la III República desde ya


Nos acercamos, un año más, al 14 de abril y a la conmemoración de la Constitución de la II República en nuestro país. Más de ochenta años después, las reflexiones en torno al proyecto republicano, requieren de una presentación y una articulación del contenido acorde con la realidad que nos rodea.

Esto no quiere decir que debemos construir un proyecto partiendo desde cero, sino de desplazar el debate sobre qué es en realidad el republicanismo y cuáles son las líneas maestras que nos permitan elaborar una propuesta fuerte a través de las herramientas que ya poseemos, las cuales muchas veces quedan invisibilizadas por la continuidad en asociar Memoria Histórica y republicanismo. Es obvio que somos deudores de las experiencias republicanas anteriores y de todas sus aportaciones, pero la idea de República que debemos conformar es para el siglo XXI, con todo lo que la coyuntura actual implica. La memoria de la I y II República nos sirve para educar y concienciar, pero de lo que debemos hablar a partir de ahora es de iniciar una etapa de elaboración, movilización y capacidad propositiva. Apoyémonos en todo lo bueno que trajeron las experiencias republicanas (educación, cultura municipalista, reducción de las desigualdades sociales, apuesta por la paz…) y conformemos una perspectiva pragmática de intervención que no consista solamente en salir el 14 de abril agitando banderas y volvernos a casa. De lo contrario, corremos el riesgo de convertir la República en un anacronismo como es la monarquía.

La República es mucho más que la elección de una forma de Estado, es una concepción que alberga una serie de principios, valores, un funcionamiento institucional y el establecimiento de una serie de vínculos con la realidad social de la cual surge como representación libremente consentida. A menudo, una buena parte de los que se consideran republicanos creen que el propio agotamiento de la Monarquía va a generar de por sí el surgimiento de la República y que su desmoronamiento crea de suyo mecanismos republicanos. Considero que esto es muy peligroso y tiene un componente elitista muy fuerte. Creo, en cambio, que existen ya herramientas culturales y sociales conformadas en distintos lugares del mundo en torno a democracia, participación, lucha contra la desigualdad…, de las que disponemos y que debemos aprovechar para hacernos cargo de algunos problemas que instituciones como la Monarquía, el régimen de la Transición y el orden económico no han sido capaces de solucionar ni desarrollar.

El surgimiento de la III República debe partir necesariamente de un proceso constituyente que emane de la ciudadanía y que genere un apoyo suficiente para iniciarse. En este sentido, la ciudadanía debe ser el elemento base de esta tarea, y tanto partidos políticos como movimientos sociales y organizaciones deben de funcionar como sostén de la misma a través de sus militantes, de las propuestas y aportaciones tanto teóricas como institucionales que sean capaces de producir. Se trata, de ir articulando una alternativa factible de Estado que apueste por la defensa de los Derechos Humanos, por la radicalidad democrática entendida como la accesibilidad a la toma de decisiones por parte de la ciudadanía, de la laicidad del Estado y el papel central de la Educación y la Investigación como garantes de la conciencia cívica y primacía de lo público.

Obviamente, todo lo anterior es un proyecto que conlleva un cierto tiempo en conformarse, y no se basa solo de encontrar las formas de organización, sino de articular, a través del proyecto republicano, un modo de contraposición a la fragilidad de los vínculos sociales, al brutal individualismo, a la criminalización de las tradiciones asociativas y organizativas. Se trata, en definitiva, de ir forjando un proceso de construcción social en un espacio político basado en las propuestas republicanas que permita hacer partícipe a aquellos ciudadanos que han visto desaparecer sus derechos.

Muchas veces, hemos concedido demasiada importancia a los momentos épicos del cambio social y muy poca a las complejas transformaciones políticas y sociales. La configuración de la III República requerirá pensar con detalle de qué tipo de instituciones nos vamos a dotar, cómo vamos a construir, como sociedad emancipada el día después.

Recogiendo todo lo anterior, las experiencias municipalistas deben de ser el escenario desde donde debe partir ese proceso constituyente a través de una realidad alternativa a la situación actual. Es en los municipios, y a través de la unidad de las fuerzas transformadoras, organizaciones sociales y clases populares, incluso si no gobiernan y hacen oposición, donde existen más posibilidades para construir un espacio de preservación y transformación de la vida de la ciudadanía y de conexión con todos esos principios que defiende el republicanismo.

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