CETA, llámalo equis, por Manuel Pascua Mejía


El acuerdo con Canadá es el primero de la segunda generación de acuerdos comerciales de Europa. En realidad, el primero era el TTIP pero ya se encargó Trump de dinamitarlo, afortunadamente.

Este nuevo acuerdo tiene ventajas macroeconómicas, al menos sobre el papel. Pero supone arrostrar un montón de agujeros sobre las legislaciones europeas y una pérdida de soberanía de los parlamentos y tribunales de nuestros países frente a sus empresas.

El Ceta permitirá generar unos 140.000 contratos anuales de trabajo en Europa (no caer en la trampa pepera de llamar puesto de trabajo a cada contrato); esto es bueno aunque precariza los contratos porque los establece en horizontes temporales de 4, 6 y 12 meses, pero sujetos a la legislación canadiense y esto es malo, o a un nuevo tribunal europeo que todavía no existe y como ambas cosas generan inseguridad jurídica, se han añadido prácticamente de tapadillo varias cláusulas de protección a las empresas.

Estas cláusulas vienen a garantizar indemnizaciones supermillonarias para cada corporación que no consiga sus objetivos por causa legislativa o jurídica (esto es una estafa a los ciudadanos básicamente porque es un agujero negro en el que cabe casi todo, vamos un caso Castor pero a lo bestia), pero también permiten que los “nuevos” trabajos creados se amparen bajo las leyes canadienses lo que abaratará el despido, eliminará las protecciones socio-laborales europeas y generará un efecto dominó que recortará los derechos laborales en toda Europa porque todas las empresas querrán igual trato laboral. Las empresas canadienses podrán contratar trabajadores europeos que trabajarán en Europa pero con la legislación canadiense (un disparate para la más boba de las mentes) y las europeas podrán contratar trabajadores en Canadá pero con la legislación canadiense. Vamos, lo que se viene siendo un No eres más tonto porque no entrenas.

Lo que más me preocupa son los aspectos medioambientales ya que el Ceta dejaría sin efecto para las empresas canadienses la legislación medioambiental europea y se aplicaría la canadiense, una copia de la estadounidense -la misma que dice que hay que eliminar las protecciones a Alaska y a los National Parks para poder extraer petróleo y gas-, y volverá a imperar la bobada del primo de Rajoy y sus extravagancias acerca de la inexistencia del cambio climático.

Los sindicalistas, ecologistas y “empresarios sociales” europeos están en contra del Ceta que, además, deja una gatera abierta para las empresas estadounidenses que tengan implantación en Canadá ya que podrán acceder a estos “beneficios” (o sea, el TTIP por la puerta de atrás y descontrolado) desde sus sedes en ¿Delaware?

Ahora Sánchez dice que el PSOE se abstendrá. Debería explicar bien esta medida de la Srta. Pepis que más parece buscar titulares y sonrisas de los propios hooligans que mejorar una realidad muy mala: si el Ceta es malo, el PSOE debería estar en contra (No es no) en vez de sacar pecho con una abstención inútil que ni cambia la decisión ni mejora la posición de los que estamos en contra, máxime cuando el parlamento españistaní ya aprobó nuestra aquiescencia al tratado el pasado 18 de mayo si no estoy mal. Si esto fuera el Marca, le diría a Rajoy que el ridículo del PSOE va a ocurrir sí o sí tanto si vota a favor como si se abstiene porque lo único que tendría una mínima consecuencia (no pararía nada, pero podría ralentizar las cosas) es un No como una catedral. Claro que ni esto es el Marca ni Rajoy es capaz de de entender nada que pase por ayudar a los menos afortunados, al medioambiente o a los trabajadores ni yo tengo pajolera idea de furgo, fúmbor o como se llame.

Diario Crítico