Saliendo del miedo, llegando al dolor, mirando al futuro, por Carlos Barra


He sido uno de tantos españoles contagiado por el virus SARS-CoV-2, un enfermo del proceso llamado Covid-19. Como enfermo en proceso de recuperación, me gustaría efectuar unas reflexiones sobre lo que me aconteció en las distintas fases del proceso desde su inicio hasta la actualidad.

Por edad (71) y ser hipertenso entraba en el grupo de personas con factores de riesgo. Tras un pico febril, acudí a las Urgencias del hospital público de Móstoles el pasado 18 de marzo, donde tras la exploración y realización de las pruebas pertinentes se me envió a mi domicilio con tratamiento como si realmente fuese ya un contagiado, cuestión que se confirmó 24 horas más tarde. Era ya un paciente con la enfermedad Covid19, con fiebre y malestar general permanecí en mi domicilio unos días y viendo que no observaba ninguna mejoría, volví al hospital donde quedé ingresado permaneciendo allí 6 días. Esos días fueron tremendamente duros, intentaba pero no podía abstraerme a lo que sabía de la enfermedad, soy médico y aunque intentaba no escuchar demasiado el torrente de noticias ciertamente muy preocupantes que se producían en aquellas fechas de máxima explosión de contagios en la Comunidad de Madrid, ello era imposible; sabía que la segunda semana tras la aparición de los síntomas era crucial, en ese periodo se producía en bastantes casos un empeoramiento brusco con insuficiencia respiratoria que obligaba en muchos casos a llevar a numerosos pacientes a las Unidades de Cuidados Intensivos. La fiebre elevada, el intenso quebrantamiento que sentía, la absoluta pérdida de fuerza junto a un insomnio que hacía las noches interminables me hicieron sentir que estaba en un túnel sin salida; en esos momentos apareció el miedo.

El futuro de nuestra civilización dependerá de la capacidad de los pueblos y sus gobernantes de cambiar radicalmente el rumbo autodestructivo mantenido desde hace años

No soy una persona que tenga al miedo como compañero de viaje, pero tengo que reconocer que esos días lo sentí con mucha intensidad, su carácter represor me paralizaba, y sólo las llamadas de teléfono con mi familia y mis amigos conseguían movilizar mi pensamiento hacia el optimismo y la superación de la enfermedad. También tengo la certeza que junto a esas llamadas de familiares y amigos, la confianza en los profesionales y trabajadores sanitarios que me atendían con una sensibilidad y dedicación extraordinaria fue esencial para que paulatinamente el miedo fuera perdiendo su poder paralizante y la posibilidad de salir del túnel se hiciera más real. El alta hospitalaria y la vuelta a casa determinó el paso a otra fase donde la llegada del dolor se hizo patente.

Fue entonces cuando conocí la pérdida de amigos, de la situación crítica de personas muy queridas luchando en la UCI contra el virus, de situaciones dramáticas sufridas por compañeros de lucha que perdieron a sus padres con intervalo sólo de escasos días; el dolor que sentía era profundo, era una sensación que me acercaba afectivamente a todos aquellos que como yo, habían perdido seres queridos y no habían podido siquiera despedirse de ellos. Un dolor que me llevaba a empatizar intensamente con aquellos compatriotas que luchaban contra el virus desde situaciones difíciles en las Unidades de Cuidados Intensivos. Era y sigue siendo un dolor compartido, solidario con mis compatriotas y que persistirá mucho tiempo.

Hoy, en fase de recuperación siento la necesidad de mirar al futuro e imaginar cómo será o querría que fuese, y para ello necesito efectuar una serie de reflexiones.

Se ha demostrado de manera nítida desde el inicio de la pandemia que sólo desde las Instituciones y servicios públicos era posible enfrentarse a ella y derrotarla, esa evidencia ha sido incluso aceptada por aquellos que siempre han propugnado un Estado débil y unos servicios públicos muy adelgazados. Neoliberales que ante situaciones de crisis apelan a las Instituciones del Estado para afrontar la situación y se convierten de manera espontánea en defensores de lo público en un ejercicio de funambulismo obsceno.

Al ser una emergencia sanitaria, el servicio nacional de salud, sus instituciones y centros han sido sometidos desde el principio a una enorme presión y en mi condición de defensor de una sanidad pública, no he podido olvidar el desmantelamiento que ésta ha sufrido por las políticas neoliberales llevadas a cabo por los gobiernos del Partido Popular, de manera especial en la Comunidad de Madrid y que ha significado que los profesionales de la sanidad han tenido que hacer frente a la pandemia con medios escasos, con una atención primaria con escasez de medios y personal, con hospitales precarizados en recursos humanos y materiales, con plantas cerradas y no dotadas; todo ello ha significado un esfuerzo aún mayor para los profesionales y trabajadores sanitarios que han tenido que asumir riesgos que hubieran podido evitarse con un servicio sanitario público mejor dotado.

No podemos seguir destruyendo el planeta ni someter a la miseria a una gran parte de sus habitantes

Cuanto he añorado estos días a dos amigos del alma Luis Montes y Fernando Gimeno, con quienes compartí tantas mareas blancas denunciando la privatización salvaje y el desmantelamiento de la sanidad pública madrileña. Luis y Fernando estarían hoy defendiendo a ultranza la labor de los profesionales y denunciando el descontrol y desgobierno que se está evidenciando en la gestión sanitaria de la pandemia por parte del gobierno de la Sra. Ayuso. Me reconforta que por fin muchos ciudadanos hayan descubierto la enorme importancia del sistema sanitario público y sus profesionales y les aplauda en los balcones todas las tardes, pero a esos compatriotas me gustaría decirles que en el futuro próximo tendrán ocasión de apoyar de manera activa a recuperar todo lo que la sanidad pública perdió a consecuencia de las privatizaciones, cuando salgamos de la pandemia se hace necesaria una marea blanca masiva para exigir y conseguir una inversión importante que vuelva a fortalecer a nuestra sanidad pública particularmente en la Comunidad de Madrid.

Hoy tenemos que sentirnos orgullosos de nuestro sistema sanitario público y de sus profesionales y trabajadores, han sido ellos quienes están consiguiendo doblegar la pandemia a pesar de las carencias existentes. No son héroes, son profesionales imprescindibles para conseguir combatir cualquier emergencia sanitaria y lo que necesitan es poseer los medios necesarios y ser tratados con respeto por parte de los responsables políticos sanitarios que por el contrario los han maltratado sistemáticamente primordialmente en los territorios donde las privatizaciones fueron más salvajes.

Desde el comienzo de la pandemia, hemos podido comprobar el compromiso y esfuerzo de todos los empleados públicos, de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, del conjunto de las fuerzas armadas, para conseguir doblegar la pandemia y minimizar en la medida de lo posible los daños que ésta causaba. Debemos sentirnos orgullosos de su labor en aras del interés general que están desarrollando ante esta pandemia, compromiso que también han demostrado en catástrofes naturales sufridas por nuestro país. Es en tareas de esta naturaleza donde personalmente yo me siento más cercano a estos servidores públicos

No sería justo olvidar la importante labor que como consecuencia de las medidas de confinamiento están llevando a cabo los colectivos que han garantizado el abastecimiento de los productos básicos e imprescindibles para garantizar alimentos a todos los hogares; su labor ha sido y sigue siendo muy importante y quienes lo han hecho posible merecen nuestro reconocimiento.

Los ciudadanos están dando un ejemplo de responsabilidad y compromiso con nuestro país digno de reconocimiento, asumen con disciplina las duras medidas de confinamiento pues han comprendido que ello es imprescindible para frenar los contagios; estoy convencido que esa responsabilidad seguirá imperando aunque haya que prolongar esas duras medidas.

Por desgracia, la pandemia y sus consecuencias han puesto de relieve una vez más la falta de altura política de la derecha política española, ello era esperable en el caso de Vox que representa al fascismo de nuevo cuño y cuyo objetivo, con o sin pandemia, no es otro que la desestabilización mediante mensajes falsos que sólo pretenden transmitir miedo e inquietud; mucho más grave es el posicionamiento adoptado por el Partido Popular, actualmente en la oposición pero que ha tenido responsabilidades de gobierno en España y actualmente las tiene en varias comunidades autónomas.

Las declaraciones del Sr. Casado en diferentes medios así como sus intervenciones en el Congreso de los Diputados muestran a un líder de la oposición incapaz de entender que ante esta pandemia y las graves consecuencias que se derivan de ella lo responsable es apoyar al gobierno de la nación con lealtad y con propuestas constructivas. No se demuestra más cercanía con quienes han perdido seres queridos o están luchando contra la enfermedad por aparecer con corbata negra ante los medios de comunicación, recuerdo ahora la comparecencia del entonces ministro Sr. Acebes tras el 11M con corbata negra, a la vez que intentaba engañar a los españoles adjudicando la autoría del atentado a ETA con el único objetivo de conseguir algún rédito electoral. Se demuestra cercanía y empatía con el país arrimando el hombro luchando contra la pandemia con el objetivo de derrotarla y no actuar con el objetivo larvado de intentar derribar al gobierno. Los profesionales y los trabajadores de la sanidad pública española creerían más en la veracidad de sus elogios y reconocimientos hacia ellos, si hubiera sido capaz de responder con nitidez y sin ambigüedad cuando el periodista Pedro Piqueras le preguntó si se comprometía a incrementar las partidas presupuestarias para la sanidad pública en el caso de que llegase al gobierno; su respuesta fue coherente con la acción política de su partido que ha sido y sigue siendo desmantelar la sanidad pública efectuando privatizaciones salvajes y realizando una gestión sanitaria llena de irregularidades e incluso prácticas corruptas.

El Sr. Casado es un experto en cargar a otros los fracasos y errores de su partido en las comunidades donde gobierna; estoy convencido de los conocimientos jurídicos que posee y por tanto no creo necesario recordarle que durante el estado de alarma no desaparece la capacidad de cada comunidad en la gestión de sus servicios sanitarios y en consecuencia el descontrol y desastre de la gestión sanitaria por parte del gobierno de la Sra. Ayuso durante la pandemia tal como han denunciado numerosos profesionales no será achacable en ningún caso al Gobierno de España sino que es la consecuencia del desmantelamiento de la sanidad pública madrileña, de su privatización llena de despilfarro irregularidades y prácticas corruptas.

Para ir concluyendo no parecería razonable no expresar mi opinión en relación a la actuación del gobierno para afrontar la pandemia; estoy convencido que el gobierno ha cometido errores y posiblemente cometerá algunos más aunque sea deseable sean los menos posibles, ante una crisis de esta magnitud enfrentándonos a un virus cuyo comportamiento y virulencia eran desconocidos para los expertos, ante el enorme número de personas contagiadas era obligado tomar decisiones que muchas veces tenían mucho de improvisación, pero ocurre que en situaciones como las actuales, la improvisación se convierte en virtud pues se exige a un gobierno que actúe con total prontitud. El Gobierno de España adoptó desde el principio de la pandemia una posición clara, atender a las recomendaciones de los expertos y tomar decisiones acordes con ellas, es difícilmente entendible que esa posición pueda criticarse pues cabe preguntar ¿quién mejor que los expertos podía orientar las medidas a adoptar ante la pandemia?, no se trata de escudarse en ellos sino confiar en quienes más saben y conocen; ello era lo razonable y creo que el Gobierno de España ha acertado adoptando esa posición. Tiempo habrá para analizar con más perspectiva la pandemia y las medidas llevadas a cabo para derrotarla, pero creo que una gran mayoría de los ciudadanos han visto a un gobierno que ha comparecido regularmente ante la ciudadanía, que ha dado los datos de evolución de la pandemia , que ha dado la cara y que con mucha elegancia no ha respondido a las provocaciones y mentiras que la derecha y sus medios afines han llevado a cabo. Si los españoles han sentido alguna ausencia de las máximas autoridades del Estado estoy convencido que no habrá sido la del Gobierno de España.

Me genera confianza un gobierno que plantea medidas que tratan de evitar que a la salida de la pandemia ningún ciudadano quede atrás, un gobierno que proponga una salida solidaria que impida el incremento de las desigualdades y evite la exclusión social de los más vulnerables.

Venceremos a la pandemia, volveremos paulatinamente a la normalidad pero nada será igual tras esta horrible pandemia. El futuro de nuestra civilización dependerá de la capacidad de los pueblos y sus gobernantes de cambiar radicalmente el rumbo autodestructivo mantenido desde hace años. No podemos seguir destruyendo el planeta ni someter a la miseria a una gran parte de sus habitantes. Eso espero y deseo

Nueva Tribuna