El coronavirus y el final de la Monarquía en España, por José Antonio Gómez


La desaparición del Jefe del Estado durante la crisis del Covid19 y los escándalos de presunta corrupción de Juan Carlos de Borbón han provocado una reacción definitiva y contundente por parte de la ciudadanía de oposición a la Monarquía

Felipe de Anjou fue el primer Borbón en ser proclamado Rey de España tras la guerra de sucesión generada por la muerte sin heredero de Carlos II, el Hechizado. Reinó bajo el nombre de Felipe V y fue un hombre infeliz por la añoranza que tenía de los jardines de Versalles que le llevó a construir una copia en La Granja de San Ildefonso. Los siglos fueron pasando y, tras algunos paréntesis —guerras napoleónicas, I y II República, el franquismo o el reinado de Amadeo de Saboya— la dinastía Borbón ha ostentado durante tres siglos la máxima representación de España. En los últimos años el movimiento republicano ha ido creciendo en silencio por culpa de la poca visibilidad que se le da a nivel mediático e, incluso, con la complicidad de aparatos estatales como el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que lleva ya 5 años sin preguntar por la percepción de la ciudadanía sobre la Casa Real. Sin embargo, esta percepción de rechazo de la ciudadanía hacia la Monarquía se ha acrecentado a niveles muy cercanos a los que vivió Alfonso XIII en 1931. Todo ello causado por las investigaciones judiciales por presunta corrupción en los movimientos empresariales de Juan Carlos de Borbón y por la ausencia de su hijo, Felipe VI, en la crisis del coronavirus. Un Jefe del Estado no puede abandonar a su pueblo, es su perdición.

La ciudadanía está despertando y reclama, cada día con más persistencia, que se le permita votar y decidir lo que se les hurtó en el referéndum de la Constitución hace 40 años. La ciudadanía se está movilizando y, una vez que pase el estado de alarma, hay muchas iniciativas en las que se reclama un cambio en el modelo de Estado. El sonido de las cacerolas retumba hasta Zarzuela y Felipe VI las escucha…, con mucha preocupación.

Lo que antes era tratado como anecdótico ahora se ha convertido en un movimiento imparable que reclama que se abran las urnas a los y las ciudadanas de este país para que sean éstos y éstas las que ejerzan la soberanía que tienen reconocida en la Carta Magna.

Ya no se trata de un movimiento residual, sino que hay algo más. No hay más que recordar a los Ayuntamientos de importantes ciudades españolas que aprobaron mociones en favor de la República y en contra de la Monarquía, además de crecimiento exponencial de la Red de Municipios por la Tercera República.

El pueblo, la gente que levanta el país cada mañana, se ha dado cuenta de que la Monarquía es un lastre democrático para nuestro país. Los hechos de los últimos años están ahí. La Monarquía ha demostrado que es una institución incompatible con la democracia. Mientras la ciudadanía sufría las consecuencias de la crisis, el anterior Jefe del Estado viajaba a Botsuana para una cacería junto con su amante o, a través de ésta, cobraba presuntamente comisiones de grandes proyectos en los que había servido de intermediario con regímenes dictatoriales como Arabia Saudí.

El New York Times calculó la fortuna del ciudadano Juan Carlos de Borbón en una cifra cercana a los 2.000 millones de euros, un dinero que no está obligado a desvelar, a diferencia del resto de representantes públicos españoles. Según la información del diario estadounidense «ha trabajado duro para generar su propia fortuna personal», más allá del presupuesto que tiene asignada la Casa Real. A todo lo anterior hay que unir las sospechas sobre el patrimonio personal de Sofía de Grecia porque tampoco se explica el origen de la fortuna quepodría haber amasado con negocios iniciados junto con su hermano Constantino. ¿Por qué renunció a la parte que le correspondía tras la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en la que el Estado griego debía indemnizar a la familia real helena con 12 millones de euros?

A esto hay que sumar los salarios desorbitados que cobran Elena y Cristina de Borbón en sus trabajos, empleos que, de no ser hijas de quienes son, no habrían alcanzado. Además, no podemos olvidar los casos de corrupción en los que se ha visto envuelta la familia Borbón, el más reciente las investigaciones de la Fiscalía Suiza sobre las actividades empresariales de Juan Carlos I.

Todo lo anterior, unido a la ausencia de Felipe VI durante la actual crisis sanitaria —sólo dedicó 7 minutos al pueblo español en un discurso en el que no dijo nada— ha hecho despertar a la ciudadanía y a darse cuenta que el país puede funcionar perfectamente sin Monarquía, que la democracia no la sostiene la Monarquía y que, al fin y al cabo, la Monarquía es un capricho demasiado caro.

Por tanto, Felipe de Anjou fue el primer Borbón en España. ¿Será Felipe VI el último? El pueblo tendrá la palabra, el pueblo debe tener la decisión.

Diario16