El “Emérito” se marcha. Lavando la cara a Felipe VI y apuntalando la Monarquía


Siete generaciones seguidas de los Borbones han tenido que irse del  país por sus corruptelas, latrocinios, golpes de estado, escándalos palaciegos. Juan Carlos, “el Emérito”, hoy acaba de comunicarle a su hijo que se va de España, no iba a ser una excepción a la tradición dinástica.

Todos sabemos quién es el “Emérito”: sucesor de Franco, colaborador de la dictadura, “comisionista” habitual durante 40 años haciendo negocios turbios con estados criminales y evadiendo dinero a paraísos fiscales, protegido por los distintos gobiernos, partidos del régimen y medios de comunicación y, finalmente, lastre que arrastra a la monarquía y pone a la vista las miserias del régimen del 78. Es en estos momentos un auténtico jarrón chino que estorba en todos los sitios por lo que que hay que quitarselo de en medio, no sin mantener el título de “Emérito” con las consiguientes prebendas que todos pagamos.

El comunicado de la Casa Real y marcha de Juan Carlos es una maniobra más para evitar la creciente presión popular y política en que la monarquía está envuelta. Es una campaña estudiada desde la Casa Real y la Moncloa  para dar una salida “honrosa” a Felipe VI y la decrépita monarquía y desligarlo de las actuaciones de su padre. De ahí las visitas organizadas a diferentes comunidades autónomas que, con efecto boomerang, lejos de “acercar” la monarquía al pueblo se han encontrado en todos los lugares que han ido ciudadanos y se han dado manifestaciones republicanas que piden que se vayan por corruptos y ladrones.

Los grandes mass media llevan vomitando, desde que salió la noticia, excelencias del Emérito como gestor del régimen del 78 porque saben que es la monarquía la que está tocada y deben perpetuarla para mantener los privilegios de la oligarquía. A la ruina sistémica de la monarquía se suma la crisis ecónomica global que se ha visto acelerada por la pandemia sanitaria del covid-19 y que, una vez más, quieren que la paguemos la clase obrera y capas populares. El reciente acuerdo de la UE va en esa dirección.

Juan Carlos se va a ir de rositas. Si la justicia es igual para todos, como él mismo decía repetida y retóricamente, el Estado monárquico, con Felipe VI y el Gobierno a la cabeza, tiene la obligación de perseguir a este supuesto delincuente y ponerle a disposición de la justicia.

Se va Juan Carlos pero, lejos de lo que algunos dicen para desmovilizar y distraer a los ciudadanos, el Estado monárquico continúa. Y lo hace como un régimen, con todas sus instituciones, al servicio de los ricos, de la oligarquía, del ibex-35, de banqueros y magnates; donde la corrupción no es excepción sino norma. Un régimen, que con toda una serie de políticas, medidas y leyes descargó la crisis de 2008 sobre las espaldas de las clases populares y que hará lo propio, si no se lo impedimos, con la actual. La monarquía está tocada, pero en modo alguna hundida. Solo la derrocaremos si la empujamos con la fuerza de la lucha popular organizada.

Es el momento de aunar fuerzas en base a unos principios mínimos para derribar la monarquía. Es la importante responsabilidad que deben asumir todos los demócratas y republicanos consecuentes. Solo así, echaremos a los Borbones.

La república no se vota, se la trae mediante la lucha popular que eche abajo la Monarquía; la República se proclama.

Madrid, 3 de agosto de 2020

Comisión Permanente de Federación de Republicanos (RPS)